Martes, 11 Julio 2017 00:00

Algo más sobre los agoreros de la política

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“En un mundo erizado de trampas y emboscadas, hay atajos que recompensan ciertos pronósticos que desalientan la reflexión y las preocupaciones del tipo: ¿A QUÉ CORRESPONDE TODO ESO?”  -Zygmunt Bauman

 

Esto favorece la credibilidad de ciertos individuos como Allan Lichtman, un profesor  de historia de la American University of Washington, nacido hace 69 años en la periferia de Brooklin, New York, que suele ser considerado en algunos ambientes universitarios estadounidenses como un profeta contemporáneo de la política.

Cultor de predicciones “iluminadas” y usando datos de investigación sin ninguna precisión académica reconocida, suele hacer pronósticos políticos como “intuitivo de la realidad” (sic), fundando sus teorías en fórmulas matemáticas que, dice, son de su propia creación.

Con esos antecedentes, predijo el triunfo de Trump en las últimas elecciones estadounidenses, algo que muchos de nosotros “intuimos” que ocurriría sin poseer aptitudes psíquicas paranormales, habida cuenta del visible hartazgo social respecto del establishment liderado por un partido demócrata volcado casi totalmente a un socialismo “champagne”.

Ahora ha redoblado la apuesta, e insiste con que Trump será destituido, lo que nos mueve a preguntamos con curiosidad si sus profecías no responderán a los intereses de quienes pretenden “anclar” algún propósito inconfesado. ¿Acaso el húngaro nacionalizado estadounidense George Soros, cuyos aportes al gobierno de Obama llegaron a 100 millones de dólares durante la campaña según fuentes inobjetables?

¿Algo semejante a lo que ocurre entre nosotros respecto de Macri, jaqueado por Cristóbal López y algunas mafias multimillonarias que buscan empujarlo al vacío?

No tenemos la intención de escribir una monografía sobre Lichtman, quien decidió presentarse a la senaduría por Maryland en 2006 y sacó un magro 1,2% de los votos emitidos. Supuso entonces que su fama de profeta aumentaría el interés de votarlo por parte de mucha gente inclinada a rendirse ante cualquier vaticinio esotérico sobre el futuro. Resultó un fracaso.

Siempre han existido “prestigiosos” gurúes como Lichtman y quienes les dan prensa, que son quizá los verdaderos interesados en que se cumplan sus pronósticos, utilizando su dinero para “motivar” a algunos revoltosos contratados “ad hoc”.

Son muchas veces los “embarrados” por su historia personal, que tratan de enlodar a sus eventuales adversarios siguiendo el consejo de quienes dicen, metafóricamente, que para ocultar a un elefante, lo mejor es ponerlo en medio de una manada de…otros elefantes.

¿No estamos prestando una atención exagerada a estos agoreros que intentan desarrollar una ciencia política “paralela”?

Descartes advertía con preocupación -no exenta de ironía-, que “el buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada uno piensa estar tan bien provisto de él que aún aquellos que son más difíciles de contentar en todo lo demás, no acostumbran a desear más del que tienen, ignorando el hecho que no basta con tener la mente bien dispuesta, sino que lo más importante es aplicarla bien”.

A quienes intentan seducirnos de tal manera, lanzando dudosos pronósticos sobre la marcha del mundo y sus circunstancias, habría que aconsejarles que no presuman de sus facultades como las más perfectas, suponiendo que su capacidad intelectual es tan nítida y precisa como para autorizarlos a “ilustrar” nuestra mente respecto de una realidad pergeñada por ellos entre gallos y medianoche.

Para que se comprenda mejor lo que queremos decir, agregamos además otras sabias reflexiones del filósofo francés: “deberíamos no aceptar cosa alguna como verdadera que no se conociese evidentemente como tal, es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no admitir en los juicios nada más que lo que se presentase al espíritu tan clara y distintamente que no tuviésemos  ocasión alguna de ponerlo en duda. Solo con abstenerse de recibir como verdadera ninguna que no lo sea, guardando siempre el orden que es menester para deducirlas unas de otras, NO PUEDE HABER NINGUNA TAN ALEJADA QUE FINALMENTE NO SE ALCANCE, NI TAN OCULTA QUE NO SE DESCUBRA”.

De lo que se deduce que todo lo que percibimos claramente ES verdadero y solo ocurre que tenemos alguna dificultad para concebir LO QUE ES DISTINTO.

En eso estriba la cuestión: aprender a tener criterio propio para conocer la verdad. “La verdad en las cosas, que es la realidad. La verdad en el entendimiento que es conocer las cosas tales como son. La verdad en la voluntad que es quererlas como es debido, conforme a las reglas de la sana moral” (Jaime Balmes).

Sería interesante que los dirigentes de Cambiemos, tan diligentes a la hora de presentarse como la “nueva política”, no se dejen influir por quienes pretenden retornar al mundo de prebendas y corruptelas de todo tipo que caracterizó a la política del kirchnerismo y no se enfrasquen en inútiles rebatimientos: mucha gente percibe que hemos comenzado un nuevo ciclo, A PESAR DE LAS DIFICULTADES QUE DEBEMOS AFRONTAR AÚN DIARIAMENTE.

Carlos Berro Madero 
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