Jueves, 03 Agosto 2017 00:00

Réquiem para una sonrisa

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Hay una frase de Ortega y Gasset que describe a ciertos individuos cuya conducta personal supera nuestra capacidad de asombro. Los denomina: “SECRECIÓN ESPONTÁNEA DE LA SOCIEDAD”. Estamos convencidos que es bien aplicable al caso del sonriente Julio De Vido.

 

En efecto, las fechorías del ex Ministro de Planificación del kirchnerismo pasarán seguramente a la historia como una muestra del retraso escandaloso respecto de la moral que sufre una gran parte de nuestra sociedad.

Asistido por sus histriónicos pares K de la Cámara de Diputados ante el pedido de expulsión formulado por la Comisión respectiva, logró que hicieran una “tortilla” del fondo de las cuestiones en debate, quedando inmortalizado a pesar de ello como el típico impresentable incapaz de extraer a la vista de los demás ni una gota de dignidad del fondo de sí mismo, mientras se entregaba a una encendida defensa de la “persecución” que, según él, ha organizado el gobierno para ponerlo entre rejas.

Olvidó que “negar el pasado es absurdo e ilusorio”, como sostenía Ortega, “porque el pasado es lo natural del hombre que vuelve al galope. El pasado no está ahí y no se ha tomado el trabajo de pasar para que lo neguemos, sino para que lo integremos”.

En este caso una integración esencialmente purulenta, porque ¿qué puede integrar de utilidad social quien ha acumulado imputaciones y procesamientos judiciales como si fuese un coleccionista de material pornográfico?

La defensa que abroqueló al kirchnerismo, ha permitido cerrar, por ahora, el caso De Vido en el Congreso Nacional, merced a las artimañas de conmilitones con la cola tan sucia como la suya, contribuyendo a perjudicar severamente la salud moral de una sociedad que no entiende de tecnicismos jurídicos, pero sabe sumar, restar, multiplicar y juzgar el valor de algunos videos exhibiendo a un subalterno del hoy barbado ex ministro revoleando bolsos con millones de dólares injustificables sobre la cerca de un convento poblado por monjas “de la causa nacional y popular” -casi a la medianoche-, para escamotearlos de los organismos de control público.

El inolvidable actor John Wayne solía decir que “la vida es dura, pero es más dura aun cuando uno es un estúpido”. Una sentencia que queremos dedicar, de paso, al señor José López, subsecretario “amigo” del encausado De Vido, quien ríe nadie sabe bien de qué, creyendo acaso que ha “zafado” de la condena por sus fechorías para siempre.

Habría que espabilarlo y recordarle que se ha probado que, a la larga, la historia termina apagando sus luces para que individuos como él terminen sometidos al escarnio público por donde vayan, teniendo que abandonar las ruedas de prensa “ad hoc” convocadas en escenarios institucionales supuestamente “dignos” (a propósito, ¿lo seguirá siendo hoy el Congreso Nacional?), donde suelen contonearse sin ninguna vergüenza.

Deseamos añadir otras palabras del gran Ortega para situaciones de esta índole, que le dedicamos no solo a De Vido, sino a todo un kirchnerismo que peroró siempre sobre igualdad y redistribución. Dice el filósofo: “ante el feroz patetismo de esta cuestión que, queramos o no, ya está a la vista, el tema de la justicia social con ser tan respetable, empalidece y se degrada hasta parecer un retórico e insincero suspiro romántico”.

A pesar de todo ello, estamos convencidos que no se ha perdido la batalla; solamente se intentó, quizá, librarla fuera de tiempo.

Por momentos, la sonrisa del ex ministro se nos antojó parecida a la de Marcelo Tinelli cuando inicia sus programas semanales de “entretenimientos”, con los que pretende hacer reír a un público que no parece distinguir la falta de límites de los mismos con la inmoralidad más flagrante.

Quienes rechazamos estas impudicias seguimos chocando, por ahora, contra los valores inconmovibles del “rating”. El mismo que aprovecharon muchos diputados indecentes para cerrar filas junto al multiprocesado “arquitecto planificador”.

Todos ellos forman parte de esa “secreción espontánea” a la que aludía Ortega y hemos recordado al iniciar estas breves reflexiones, que jamás lograrán revestirse de señorío y dignidad, porque no son más que la fachada cuasi clandestina de una corrupción cultural que espanta, gracias a la cual estamos muy cerca de consolidar definitivamente una patética irrelevancia moral.

Habría que preguntarse por fin: ¿qué “devolución” esperan recibir los que, aún hoy y a pesar de todo, siguen firmes en su creencia de que el vandalismo K fue solo una “sensación”?

¿Seguirán dudando sobre si deben apoyar a quienes con un desparpajo sorprendente dejaron al país al borde de la extremaunción mientras se abrazaban a la Venezuela de Chávez, Diosdado Cabello y Maduro?

Las elecciones de agosto y octubre próximos develarán esta incógnita.

Abrigamos la esperanza de que prive la sensatez, como ha venido ocurriendo a través de la historia cuando comenzó a cerrarse un ciclo político oscuro y decadente.

Carlos Berro Madero
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