Miércoles, 16 Agosto 2017 00:00

En busca de la verdad

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 “Un punto importante para la sabiduría y el conocimiento de la verdad en la vida, es la proporción en la cual consagramos una parte de nuestra atención al presente y otra al porvenir, a fin de que uno no nos eche a perder el otro” –Arthur Schopenhauer

 

Nuestra sociedad se ha debatido tradicionalmente en materia política entre el espanto y la claridad, apoyada en apotegmas confusos que nos han llevado a vivir en un escenario de tiniebla permanente, donde la verdad se ha debatido en relación con un tiempo sin medida ni razón alguna.

En los meses precedentes, hemos visto a mucha gente aferrada una vez más a los pronósticos y las presiones peronistas de todo tipo para que todos siguiéramos creyendo que debíamos resignarnos a su verdad tradicional: la que nos dice queúnicamente ellos son los garantes de la “gobernabilidad” en la Argentina.

El domingo esta teoría ha quedado “ametrallada” por la VERDAD VERDADERA, continuando la saga que comenzó en diciembre de 2015, dando pábulo a la sentencia de Manlio Sgalambro: “Ho definito qualche volta la veritá come il mondo senza l´uomo” (he definido alguna vez la verdad como el mundo sin el hombre).

El fanatismo y la ideología del prepotente kirchnerismo, trató –sin éxito-, de apoderarse una vez más de la conciencia de una parte de la sociedad que aún permanece ansiosa por oír promesas que le aseguren una salida mágica de sus postraciones, rindiendo culto a un mundo inexistente donde, según sostienen, triunfan quienes realizan menores sacrificios personales, “porque ese es el objetivo de la verdadera justicia social”.

Sencillamente increíble.

Al mismo tiempo, nos fuimos olvidando también poco a poco y durante muchos años, que no hay posibilidad de reconocer cuál es la verdad por haber abandonado a la deriva la educación, BASE FUNDAMENTAL QUE CONTRIBUYE A SU RECONOCIMIENTO.

“Cuando conocemos perfectamente la verdad” dice Jaime Balmes, “nuestro entendimiento se parece a un espejo en el cual vemos retratados con toda fidelidad los objetos como son en sí; cuando caemos en error, se asemeja a uno de aquellos vidrios de ilusión que nos presentan lo que realmente no existe; y cuando conocemos la verdad a medias, podría compararse a un espejo mal azogado, o colocado en tal disposición, que si bien nos muestra objetos reales, nos los ofrece alterando tamaños y figuras”.

Magnífica definición.

Por otro lado, vivir en un escenario donde las promesas ponen siempre la realidad apetecida en tiempo futuro, quita todo interés por afirmar los valores del presente, porque las eventuales imperfecciones de dicho futuro no son aún seguros sino solo simplemente posibles, lo que prolonga la verosimilitud de promesas cuya llegada pasa a ser simplemente dudosa.

El desprecio por la verdad -que está siempre ante nosotros aunque procuremos ignorarla-, está destinado “a crear una inevitable ilusión óptica de los ojos del espíritu”, como sostiene Schopenhauer. “A medida que se avanza”, sigue diciendo, “los objetos toman formas distintas de las que ostentaban de lejos, y se modifican, por decirlo así, a medida que uno se aproxima a ellos, y lo que buscamos lo encontramos por un camino completamente distinto del que inútilmente hemos seguido hasta ese momento”.

Estamos convencidos que la respuesta que nos diésemos sobre estas reflexiones nos permitirían conseguir una vida más acorde con una realidad que, lamentamos asegurar, HA ESTADO SIEMPRE ANTE NUESTRA VISTA.

“Todo placer y toda felicidad son de naturaleza negativa”, sigue diciendo Schopenhauer, “mientras el dolor, parte esencial en la búsqueda de la verdad, es, por el contrario, de naturaleza positiva, porque todo placer consiste en suprimir la obstrucción de la voluntad, despojarse de ella y, por consiguiente, NO PUEDE SINO

SER DE CORTA DURACIÓN”.

Quizá si nos acostumbráramos a discurrir sobre estas cuestiones elevando el nivel de nuestra educación y la de la sociedad toda, quedaríamos mejor “vacunados” contra las tentaciones de quienes nos ofrecen una vida feliz y sin esfuerzo, “porque es lo que nos merecemos” (¿).

Las recientes PASO han evidenciado el modo en que muchos impacientes ignoraron la verdad del momento actual: el hombre del común decidió en 2015 que no quería “más de lo mismo”. Su resultado no ha reflejado más que el hartazgo de quienes ven volver de la calle a sus hijos drogados y balbuceando incoherencias, mientras los políticos se pasean muy orondos en automóviles de “alta gama” vestidos con trajes de buen corte y comprando propiedades multimillonarias a destajo.

Finalmente y refiriéndonos una vez más al peronismo kirchnerista, nos viene a la mente una dura frase de Petrarca que les cuadra: “la tierra está cubierta de personas que no merecen que se les hable”.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero  
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