Viernes, 18 Agosto 2017 00:00

El desafío frente a Cambiemos

Escrito por 
Valora este artículo
(3 votos)

Para sorpresa no sólo de los que vaticinaban que los votantes, hartos de sufrir un ajuste que los candidatos opositores decían era insoportable, darían una cachetada muy fuerte al gobierno de Mauricio Macri, sino también de sus propios integrantes y quienes lo apoyan, las PASO sirvieron para despejar un horizonte que, hasta caer la noche del domingo pasado, le parecía ominosamente nublado.

 

Por lo menos, es lo que piensan “los mercados”; aquellos entes nebulosos cuyos caprichos inciden en la vida de todos los mortales festejaron lo que tomaron por un gran triunfo oficialista haciendo subir los papeles nacionales en el exterior y bajar el precio del dólar en las casas de cambio locales.

¿Fue para tanto? Parecería que sí, ya que merced a los resultados se ha instalado la idea de que Cambiemos está por desplazar al PJ como el partido de gobierno natural, de ahí las alusiones de Macri y María Eugenia Vidal al hipotético inicio de una etapa que dure veinte o treinta años. Aunque la coalición, en la que Pro está flanqueada por la UCR y Coalición Cívica, sigue siendo minoritaria en el país, hasta nuevo aviso ningún partido opositor sería capaz de hacerle sombra, razón por la que sus líderes creen que, una vez superadas las elecciones auténticas del 22 de octubre, podrán llevar a cabo algunas de las reformas estructurales que tienen en mente para que, por fin, Argentina logre salir de la espiral decadente en que entró a mediados del siglo pasado.

No les será fácil. Casi todos los políticos opositores que, en su conjunto, representan a la mayoría de los habitantes del país son presas del facilismo. Hablan como si se creyeran capaces de reordenar la economía sin verse constreñidos a “ajustar” nada, lo que sería comprensible si, de acuerdo común, la Argentina fuera un paraíso terrenal sin problemas graves. En algunas partes del mundo, las afirmaciones en tal sentido de personajes como Sergio Massa motivarían risas, pero pocos aquí encuentran contradictoria tal actitud. Parecería que la cultura populista ha echado raíces tan profundas que a muchos les parece razonable exigirle a un gobierno relativamente nuevo solucionar de golpe todos los problemas dejados por el anterior.

Felizmente para Cambiemos, también hay una minoría sustancial que entiende que una eventual recuperación requeriría mucho esfuerzo y que, de todos modos, es injusto acusar a Macri y sus colaboradores de “gobernar para los ricos”, ya que, lejos de reducir el gasto social, lo han aumentado. Fue una decisión riesgosa que alarmó a los preocupados por los números. Aunque por razones políticas y humanitarias evidentes los macristas tuvieron que continuar repartiendo subsidios, a menos que el rebote previsto resulte ser muy vigoroso, pronto podría estallar una crisis parecida a la que truncó la gestión de Raúl Alfonsín, si bien, a diferencia del radical, Macri sabe que, cuando de la economía se trata, “no hay tal cosa como un almuerzo gratis”.

Lo mismo que todos los demás gobiernos del mundo, el de Cambiemos se ve frente a un dilema desagradable, uno que, para colmo, se hará más agudo en los años próximos. Para que la economía crezca, le es necesario estimular a los sectores más dinámicos, es decir, más competitivos, como el campo y la minería; pero para conservar la paz social de la que depende no puede hacerlo a costa de aquellos que no son competitivos en absoluto.

En tal caso, además de provocar protestas callejeras violentas y brindar a los sindicalistas pretextos para declarar una serie de huelgas generales, fortalecería al populismo que se alimenta del temor nada arbitrario de los rezagados a verse privados de lo poco que tienen. Por desgracia, aquí la lógica económica se ha distanciado aún más de la política de lo que ha hecho en países desarrollados como Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, donde la virtual imposibilidad de reconciliarlas ha provocado trastornos de consecuencias imprevisibles.

Desde los días de la primera gestión de Juan Domingo Perón, el poder del movimiento que fundó se ha basado en el respaldo de empresarios y trabajadores que tienen buenos motivos para mantener a raya lo que llamarían “neoliberalismo” o “capitalismo salvaje”. No extraña, pues, que luego de algunos éxitos aparentes iniciales el modelo corporativista ensamblado por Perón con pedazos sacados del fascismo italiano y el laborismo británico comenzara a generar inflación, atraso tecnológico y, claro está, cada vez más pobreza. Para progresar en términos económicos, los distintos países tienen que combinar el dinamismo propio de minorías determinadas con las necesidades de la mayoría, aprovechando lo producido por aquellas para permitirle a ésta disfrutar de un nivel de vida satisfactorio.

Hasta ahora, ningún gobierno argentino ha conseguido equilibrar la eficiencia económica imprescindible con un grado aceptable de justicia social. Algunos han caído luego de aplicar medidas encaminadas a reordenar la economía que resultaron ser demasiado antipáticas, otros han sobrevivido por un rato aferrándose a un statu quo insostenible para entonces apostar a que el fracaso inevitable de sus sucesores les permitiera repetir el experimento.

¿Podrá cuadrar este círculo nefasto el gobierno de Cambiemos? Si no fuera por la existencia de recursos naturales abundantes, la respuesta a este interrogante fundamental sería claramente negativa, pero por fortuna el país cuenta con ventajas que hacen factible la estrategia oficial de usar los ingresos aportados por el campo, Vaca Muerta y otros sectores rentables para impulsar la modernización del Estado y una multitud de empresas pequeñas y medianas privadas con la esperanza de que, andando el tiempo, terminen integrándose a la parte competitiva de la economía nacional. Tendrán que hacerlo. Para amortiguar el impacto de los ajustes poco severos que puso en marcha cuando la economía corría peligro de compartir el mismo destino que la venezolana, el gobierno de Macri optó por acumular deudas que sólo un país muchísimo más productivo que el actual estaría en condiciones de pagar.

Hay una minoría sustancial que entiende que la recuperación requiere esfuerzo y que es injusto acusar a Macri de “gobernar para los ricos”, ya que aumentó el gasto social.

Hasta ahora, ningún gobierno argentino pudo equilibrar la eficiencia económica con un grado aceptable de justicia social. ¿Podrá cuadrar este círculo nefasto el gobierno? 

James Neilson

Visto 153 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…