Miércoles, 23 Agosto 2017 00:00

Los que no entendieron nada, siguen firmes “en sus trece”

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 “Si Ud. está decidido a dirigirse al infierno, siga marchando con firmeza por dónde camina: en algún momento llegará” -Winston Churchill

 

No hay duda alguna que en materia política y social hay principios más seguros que otros y si la voz de la razón no nos sirve de guía, la firme creencia de que existen  pruebas y posibilidades bastará para establecer dentro nuestro conceptos claros para  encontrarlos.

Eso es lo persisten en omitir los kirchneristas, quienes, superadas las exigencias de las PASO, se han dedicado a recomenzar sus habituales análisis del escenario político plagados de dogmatismos de baja calidad, para favorecer ciertos intereses bastardos: confundir, enredar y tergiversar todo.

En medio de las ardorosas disputas que han ido ganando terreno entre ellos, no es el razonamiento el que se lleva el primer supuesto, sino su insistencia inexplicable para establecer algunas hipótesis extravagantes presentadas con maña para que aparezcan con colores favorables a sus intereses, acerca de unas elecciones que, al fin y al cabo, no han significado más que la selección interna de cada partido político para competir “en serio” en octubre. Punto.

Mientras tanto, puede asegurarse que los datos estadísticos que hemos tenido a la vista el domingo 13 del corriente, han demostrado algunas cuestiones que están fuera de discusión:

  • a) El Gobierno de Cambiemos recibió un gran respaldo de la ciudadanía en diversos lugares del país, constituyéndose en una holgada primera minoría.
  • b) Sus opositores, mayormente peronistas, aparecieron atomizados detrás de amalgamas variopintas, que se presentaron a sí mismas como antagónicas e imposibles de conciliar a primera vista.
  • c) La conjunción de expresiones del voto popular solo difirió en la distinta vivacidad de un pueblo que votó evidenciando que no quiere volver atrás.
  • d) Se notó la preeminencia de un voto reflexivo que indica claramente que la sociedad ha reflejado sus preferencias en orden a una esperanza acerca del futuro.

A quienes insisten en no entender estas claras señales, habría que preguntarles con las palabras de Balmes: “¿tienes el ánimo bastante tranquilo? ¿no estás agitado por alguna pasión que te presenta las cosas diferentes de lo que son en sí? ¿estás poseído de algún afecto secreto que te domina por medio de una fascinación que no adviertes? En lo que ahora dices, juzgas, conjeturas, ¿obras  quizá bajo el imperio de alguna impresión reciente que, trastornando tus ideas, te muestra trastornados los objetos? ¿te has ilustrado más sobre la materia adquiriendo nuevos datos, o tienes tan sólo nuevos intereses?”

Muchos no sabrían qué contestar a este cuestionario, porque pertenecen a una Argentina vieja con olor a naftalina, que tradicionalmente organizó su entendimiento para “arreglarlo” de acuerdo con sus deseos personales.

Mientras tanto, “hay un tiempo que no vuelve, ni tropieza”, como decía Góngora, en el transcurso del cual los votantes se han expresado de una manera que debería evitar las especulaciones cegadas por el apasionamiento de quienes, ante el fracaso de sus pronósticos, creyeron que podrían torcer con la fuerza de su imaginación la avalancha de una sentencia popular inapelable: basta de charlatanería; basta de relatos; basta de antinomias.

La gente le está pidiendo a gritos a los políticos: hagamos cosas. Dejemos de convertir a la función pública en un bar al paso, donde mientras se juega al chinchón, se establecen conversaciones sobre supuestas verdades eternas de las que nadie está convencido, promovidas mediante diálogos morosos donde lo único que se destaca es la habilidad de los contertulios para seguir buscándole la quinta pata a un gato.

Recorriendo los barrios se percibe que los desengaños y escarmientos han “amaestrado” de algún modo a quienes no desean que se repitan los daños que se les infligieron por años con políticas públicas celebradas a espaldas de sus verdaderas necesidades.

“Al lado del veneno, la Providencia ha colocado siempre el antídoto”, solía decir Balmes. Ese antídoto parece estar encarnado hoy por un gobierno que se equivoca como cualquiera, pero no roba; rectifica sus errores y HACE.

¿Qué más podemos pedir por el momento habida cuenta de la destrucción y la rapiña dejada atrás por un kirchnerismo que mintió con sus deshilachadas “máximas de eterna verdad”?

Octubre está muy cerca, pero no creemos que cambie radicalmente nada sustancial. Porque lo que ha sucedido, ocurrió como consecuencia de los sentimientos de quienes seguramente retomarán más fuerza aún al ver la unidad de demandas expresadas en todo el país en forma simultánea.

¿El kirchnerismo quería una buena encuesta? Pues YA LA TIENE.

Carlos Berro Madero  
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