Lunes, 04 Septiembre 2017 00:00

¿El fin de la impunidad K?

Escrito por 
Valora este artículo
(3 votos)

El pasado día viernes Cristina Fernández tomó conciencia -si acaso no lo había hecho antes, lo cual sería raro- de que los próximos meses no resultarán para ella miel sobre hojuelas.

 

Por el contrario, bien podrían parecerse a una de esas pesadillas sin solución de continuidad. No es de extrañar, pues, que los festejos en el Club Atenas de la ciudad de La Plata, a los que dio lugar su triunfo electoral, sean efímeros. El 9 de noviembre -apenas dos semanas más tarde de convertirse en senadora, si los comicios del 22 de octubre, como todo lo hace pensar, ratifican el resultado de las PASO- deberá prestar declaración como sospechosa de lavar dinero en la causa Hotesur. Con ella también comparecerán, a los efectos de ser indagados, sus dos hijos: Máximo y Florencia.

Pero el trago amargo no se circunscribió sólo al pedido del juez Julián Ercolini. Casi de manera simultánea, su colega, Sebastián Casanello, que durante años fue condescendiente respecto de los Kirchner, hasta traspasar límites indecorosos, ahora vinculó a la ex–presidente con los millones de dólares lavados en la financiera La Rosadita. Al mismo tiempo, impartió la orden de que Cristina Fernández fuese investigada por las obras públicas que beneficiaron a Lázaro Báez en los años en que ofició de dueña de Balcarce 50.

Las indagatorias de referencia habrán de comenzar el 5 de octubre y culminarán, salvo imponderables, cuatro días antes de las Navidades. El proceso quedará solapado, pues, con la campaña que la tendrá a la viuda de Kirchner como a una de las figuras estelares, y casi con seguridad será aprovechado por la señora para apuntalar el argumento de que es víctima de un complot maléfico, orquestado por el gobierno y secundado por jueces amigos del oficialismo. Nada que no se haya escuchado ya, sólo que en esta oportunidad -cuando ingrese en la segunda semana de noviembre al despacho de Ercolini- la Fernández tendrá una verdadera espada de Damocles pendiendo sobre su cabeza. Si el citado juez decidiese procesarla, y otro tanto decidiese Casanello, convengamos que no la pasaría bien.

No se requiere tener dotes de adivino para darse cuenta de que su estrategia será doble: consistirá, por un lado, en victimizarse y, por el otro, en ponerse bajo el amparo de los fueros que le corresponderán por ley en cuanto resulte electa y jure en la cámara alta del Congreso Nacional. Defensas no le faltarán, pero hay dos motivos por los cuales tendría que preocuparse: el carácter tornadizo de los jueces federales de Comodoro Py y el odio que han generado sus pujos despóticos en el seno del peronismo.

Que a la Justicia en la Argentina, la venda que debiera cubrir siempre sus ojos se le ha caído con demasiada y sospechosa frecuencia no es algo que vayamos a descubrir a esta altura de nuestra historia. El fenómeno se arrastra desde hace décadas y cobró una vigencia nunca antes vista precisamente durante los doce años en que el matrimonio santacruceño se aposentó en la Casa Rosada y, desde allí, impulsó su proyecto de carácter hegemónico. El dominio que sobre los magistrados federales tuvo el kirchnerismo resultó, por momentos, absoluto. La cuestión es que existe hoy otro gobierno y -en consonancia con los nuevos vientos que corren- en Comodoro Py nadie desea quedar atado a las viejas lealtades. Casanello podría -sin ponerse colorado- dar una clase magistral sobre el particular. Por lo tanto, Cristina se halla en problemas serios. Por espacio de años humilló a algunos y maltrató a otros magistrados, con raras excepciones. Ahora el mango de la sartén ha cambiado de dueños. No es casual que el Tribunal Oral Federal Nº 4 haya fijado para el 3 de octubre, tres semanas antes de los comicios legislativos, la iniciación del juicio en el cual Amado Boudou es el principal acusado de haber comprado la empresa Ciccone Calcográfica mediante testaferros.

Si la ex–presidente terminase procesada en cualquiera de las diversas causas que acumula por corrupción, los fueros le permitirán pertrecharse en el Senado. Pero ni siquiera en el Congreso se hallaría del todo segura. Los dos tercios necesarios para desaforar a un senador o a un diputado, eran inalcanzables hasta conocerse el resultado de las PASO. La victoria de Cambiemos modificó de tal forma la relación de fuerzas a su favor, que no sólo los jueces han puesto las barbas en remojo. Parte del peronismo ha hecho lo mismo, con base en un cálculo elemental: hay Macri para rato.

La liga de gobernadores -por llamarle así- es consciente de que la presidencia está lejos, pero que muchos de sus respectivas administraciones pueden prolongarse más allá de 2019, en caso de ser reelectos. Esto requiere, como condición necesaria, tejer acuerdos con el gobierno central. Urtubey, Uñac, Schiaretti, Bertone y tantos más, de tontos no tienen un pelo. Difícilmente, en medio del desierto, decidirían empacarse y obrar a la manera de una patota devaluada frente a un gobierno que se halla interesado en tenderles la mano.

No hay razones para imaginar un escenario en el cual el PJ ortodoxo fumase la pipa de la paz con Cristina Fernández y forjase, de aquí en más, un plan de lucha a semejanza del que sueñan instrumentar ciertos capitostes trasnochados de la CGT. La mayoría de los mandatarios provinciales de origen justicialista no dudarían un segundo si debiesen elegir entre el actual presidente y su antecesora. Pero, además del abismo que existe desde el punto de vista ideológico, está el unitarismo fiscal al que -tarde o temprano, si desean la reelección- deberán someterse. En este contexto, ¿quién está en condiciones de anticipar cómo votarían los senadores del PJ si estuviesen en juego los fueros de Cristina Fernández?

Vicente Massot

Visto 1450 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

<

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…