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Martes, 05 Septiembre 2017 00:00

A falta de votos, palos y conspiraciones

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 “Vemos diariamente que los que recogen la información parecen tener como preocupación dominante el falsificarla; y los que la reciben, de eludirla. Algunos “profesionales” se muestran solícitos en traicionar ese deber, en la misma medida en que sus “clientes” lucen desinteresados en gozar de ese derecho”  -Jean Revel

 

En tiempos en que la supervivencia se ha transformado en algo incierto, algunas tiranías de la información “se encuentran reducidas a justificarse en nombre de la misma moral que violan, reducidas a meras acrobacias verbales que, a fuerza de una MONOTONÍA EN LO INVEROSÍMIL, engañan cada día a menos gente”, continúa diciendo Revel.

Ese lenguaje engañoso no soslaya el verdadero problema: la falta de eficacia de la mala información a largo plazo. El mundo está hoy conectado al instante por millones de testimonios “tecnológicos” que terminan dando un rotundo mentís – tarde o temprano-, a cualquier mentira propalada para ocultar la verdad.

La impotencia del kirchnerismo –hoy aliado a una izquierda revoltosa y cualitativamente mínima en materia electoral-, patentiza su falta de capacidad para “iluminar” sobre “lo que sucede”. Mucho más claramente aún desde que perdió las elecciones y el poder en diciembre de 2015. Esto lo lleva a incurrir en toda suerte de hipocresías y mentiras de grueso calibre.

Su jefa espiritual, la autodefinida “abogada exitosa”, ha quedado al descubierto en carne viva una vez más luego del acto celebrado hace unos días en el estadio del club Arsenal, donde se presentó como el estandarte de una industria “trucha” de la comunicación; esa misma que los K supieron manejar desvergonzadamente durante una década, ahogando cualquier voz opositora con palos y zanahorias.

Con un cinismo rayano en la locura, acusan al actual gobierno de toda suerte de crímenes, evidenciando claramente su propósito de obstaculizar la marcha de la democracia, poniendo un celo inconcebible en falsear la verdad. De tal modo, reniegan completamente de lo que sostenía Karl Popper: para que una sociedad pueda ser considerada “abierta”, es necesario informar e informarse correctamente y sin mistificaciones.

El escenario de flagrantes mentiras promovidas por un kirchnerismo en franco cuarto menguante, contribuye sin embargo a que nos veamos obligados a tomar nuestras decisiones más importantes totalmente sumergidos en un abismo de falsas “aproximaciones”.

No se necesita tener una inteligencia superior para advertir que el cuerpo retorcido de un movimiento político creado por dos corruptos inescrupulosos como Néstor y Cristina Kirchner, haya elegido celebrar una alianza inmoral con lo más contestatario de nuestra sociedad: una izquierda que se rebela violentamente contra el orden de las instituciones, sin proponer jamás ABSOLUTAMENTE NADA QUE EVITE CONTRIBUIR A LA ANARQUÍA Y EL DESORDEN SOCIAL.

Los asuntos corrientes, es decir los que apuntan a obtener un auténtico bienestar social mediante una marcha virtuosa de la economía, las inversiones y la creación de puestos de trabajo “genuinos” (y no subsidios a la vagancia), se ven opacados de tal modo por un discurso disolvente que retarda el crecimiento esperado por todos y no termina de decir presente por las razones expresadas.

Es cierto que a la larga nadie puede permitirse el lujo de sostener opiniones políticas y morales de manera arbitraria. Pero al kirchnerismo y su actual aliado, la izquierda, esto no les importa un rábano. Su intrínseca extravagancia exhibe impúdicamente la simpatía que profesan por un estilo de política totalmente enajenado que no permite, ni permitirá jamás, marchar hacia una prosperidad consistente.

Para ejemplificar lo antedicho, ahí tenemos a nuestro ex aliado Venezuela, modelo cumbre del populismo vago e irracional, sumergida hoy en la pobreza y la desesperanza merced a la opresión que ejerce un gobierno deshonesto que terminó convirtiendo al país en una sociedad en donde priman la incoherencia y una total falta de honradez intelectual para interpretar la realidad por medio de discursos puramente emocionales.

Como consecuencia, vemos que la sociedad venezolana camina HACIA NINGUNA PARTE.

El kirchnerismo no demuestra el menor interés por abandonar un camino que emprendió hace muchos años: identificarse con un discurso que eludió deliberadamente la verdad.

Hoy es la imagen viva de lo que termina ocurriendo cuando se agota un ciclo – consumido en sí mismo-, y se termina comprobando –la mayoría de las veces con mucho dolor-, en qué terminan estas aventuras políticas de quienes suelen vestirse con piel de oveja para engañar a los demás en pos de su propio beneficio personal.

Causa gracia, -y cierta consternación al mismo tiempo-, la imagen de Cristina Fernández asistiendo hace unos pocos días a una misa por la “aparición” del supuesto mapuche Santiago Maldonado, con rostro compungida de escolar pescada en falta, demostrando su insistente vocación por cultivar un histrionismo que le pueda sumar por algún tiempo más el favor popular que tuvo en el pasado, hoy en franca retirada.

Si el peronismo fuera un movimiento que se hubiera comportado alguna vez de manera racional frente a las exigencias políticas que demanda una realidad en permanente evolución, hubiéramos podido salvarnos quizás a tiempo de vivir inundados por vaciedades conceptuales con olor a naftalina.

Hoy esto ya no parece posible, puesto que aún sus dirigentes vistos como “moderados” y supuestamente “republicanos” siguen apostando impertérritos a la hipocresía como contribución a un eventual retorno a su otrora “estado de gracia”.

Parodiando el título de una antigua película hollywoodense, solo podríamos agregar que su pasado los condena.

Hay quienes dicen que el peronismo está en crisis. Nosotros creemos que NO lo está.

Nació como producto “de” una crisis que se prolongó en el tiempo y surgió en el seno de una sociedad que pretendía abordar el futuro por el camino del facilismo y la tergiversación de la realidad.

Una sociedad a la que cualquier “pilcha” le queda bien, como solía decir Juan Carlos Altavista, “Minguito”; así se trate de idolatrar a un artesano “vago y mal entretenido” (sic) como Santiago Maldonado.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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