Miércoles, 20 Septiembre 2017 00:00

Francotiradores

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Algunos opositores al gobierno están llenando trincheras de fusileros agazapados, prestos a tirotear al gobierno como parte de un proceso de crisis psicológica de quienes los incitan y evidencian sufrir un claro síndrome de abstinencia de poder.

 

Desde allí arremeten modificando sus argumentos a como dé lugar, y ante cada retirada por imperio de circunstancias que prueben que están falseando los mismos respecto de la verdad, retroceden transitoriamente para pergeñar una nueva estrategia.

Parecen estar convencidos que si no son los mapuches, habrá que hablar de los tehuelches, los onas, o, eventualmente, algunos sioux arribados subrepticiamente de los Estados Unidos. El asunto es reclamar a Cambiemos por el reconocimiento de ciertos territorios de supuesta posesión “ancestral” de las tribus “originarias”, o las infracciones a los derechos humanos por supuestas “desapariciones forzadas” de algún miembro de las mismas, o supuestos ajustes “salvajes” del futuro, o una falta de actividad económica positiva (aunque las encuestas que les elaboran sus propios asesores digan lo contrario).

O lo que sea. “Sé gual” diría el inolvidable Minguito.

En efecto, cualquier argumento parece útil para quienes creen que la cuestión reside en provocarle un buen dolor de estómago al “dictador oligarca” (sic) Mauricio Macri, mientras se pintan la cara como guerrilleros altruistas.

La izquierda radicalizada, el kirchnerismo y algunos desarrapados que siempre hicieron de la sombra el escenario preferido para instalar conflictos de cualquier índole, se muestran solícitos en sus cacareos respecto de tragedias que se avecinarían (según ellos) muy pronto. A ese efecto, parecen estar usando una suerte de rústico “machete” escolar que pasa de mano en mano entre los vocingleros.

A los que confiamos en una nueva etapa más promisoria para nuestro país, nos enrostran diciendo que vamos camino a un colapso. ¿De qué tipo? Según ellos, de características sorpresivas, descriptas con un lenguaje cuasi cinematográfico: “el regreso de los muertos vivos”.

Olvidan, por supuesto, que si una hipótesis explica con argumentos esotéricos un fenómeno que no tenemos a la vista, podremos admitir en ella el ingenio de quien la invente, PERO POCO HABREMOS ADELANTADO PARA EL CONOCIMIENTO DEL MISMO.

¿Cuáles son los indicios que disponen quienes promueven estas turbulencias? ¿No será acaso que no pueden digerir que la vida comience a transcurrir con mayor calma, en contraste con los tiempos en que debíamos someternos a discursos soberbios y agresivos mientras intentábamos sacarnos un dedo acusador de la nariz?

Se olvidan que el estudio de la historia no es solo útil, sino también necesario y las exageraciones no consiguen jamás destruir hechos que es preciso dar por ciertos PORQUE SE TIENEN O HAN TENIDO A LA VISTA, si no se quiere luchar contra el sentido común.

Pero, ¿qué les importa a quienes proyectan desde hace años sus sombras chinescas sobre la sociedad, tratando de destruir hoy el crédito incipiente que merece un gobierno que lucha para restablecer el orden en medio del marasmo que heredó?

A la cabeza de esta turbamulta de francotiradores se ha colocado Cristina Fernández, una incansable charlista que aprovecha cualquier resquicio para derramar sus habituales discursos incoherentes, con los que sigue relatando los pormenores de un mundo inexistente.

La corrupta número uno de la república ha llegado a lagrimear diciendo ahora que “odió” al López que revoleaba bolsos repletos de dólares de origen incierto por encima de la cerca de un convento “amigo” en la oscuridad de la noche.

Preguntamos con curiosidad: ¿no era el mismo funcionario perteneciente al círculo áulico que la rodeó a ella y su difunto marido desde los lejanos años 90 en Santa Cruz?

Mientras tanto, sigue dejando sin habla a sus interlocutores (¡pobre Novaresio!), para referirse machaconamente a ese mundo de fantasía en el que sigue viviendo, y actúa como una actriz melodramática de radioteatro cursi que acusa de “autoreferenciales”  a quienes la interrogan.

¡Tan solo ella!

¿Qué más hace falta para terminar de convencernos que es una verdadera mitómana? Alguien que ansía tener siempre más de lo que merece, sin advertir cuánto ha conseguido hasta hoy sin mayores méritos personales.

Las gigantescas “hazañas” inverosímiles relatadas por quien integró gobiernos escandalosos en compañía de su difunto esposo (que nos pusieron en la cola internacional de los mendicantes), ¿no son pruebas contundentes de un marcadocinismo?

A esta altura de los acontecimientos, sus “actuaciones” nos recuerdan una frase humorística del crítico estadounidense del New Yorker, el periodista Brendan Gill, cuando dijo sarcásticamente una vez ante acontecimientos sin pies ni cabeza,  que “no existe evidencia alguna a favor de la idea de que la vida sea siempre algo serio”.

¿No es hora ya que dejemos de preocuparnos en demasía “por las viudas y los huérfanos del poder”?

América Latina comienza una tímida búsqueda para reafirmar una democracia herida. Lenín Moreno en Ecuador, que acusa a su ex jefe político Correa de espiarlo en sus aposentos e intentando desembarazarse de un pasado “pesado”, Kuzcinsky en un Perú que no parece entender que ciertas prácticas corruptas no van más y el jaqueo que están sufriendo los gobiernos autoritarios nicaragüense y boliviano, más las convulsiones habidas en Brasil, preanuncian cambios fundados en un hartazgo popular respecto de las dictaduras “democráticas” y su espectacular corrupción.

Sumado esto al espectáculo de un México sumergido por bandas de narcotraficantes que se han adueñado del poder fáctico, es otro indicio del cambio revulsivo que llevará al continente a un nuevo escenario, aún incierto.

Estamos convencidos que si el gobierno del presidente Macri hace bien su tarea de saneamiento y retorno al diálogo social, cultivando con energía los principios del “deber ser” y reorganizando la economía, la Argentina podría convertirse en un polo de atracción mundial.

Descreemos totalmente de los arrebatos adolescentes de quienes pretenden seguir predicando principios populistas demagógicos que hoy lucen anticuados y extemporáneos a LOS OJOS DE MUCHA GENTE QUE HA ADVERTIDO QUE NI  CON ELLOS HA CONSEGUIDO SALIR DE LA POBREZA.

Es en ese aspecto que son importantes las elecciones de medio término de octubre. Si el respaldo popular a Cambiemos valorara los esfuerzos en marcha con un triunfo rotundo que nos devolviera a escenarios más “amigables”, las oportunidades de progreso y desarrollo de nuestro país se abrirían en forma casi instantánea.

Si bien la falta de trabajo será una influencia negativa durante algún tiempo en este nuevo proceso, una comprensión generalizada de que hay que hacerse cargo sin protestar de quienes no tienen chance de integrarse al mundo laboral en razón de su actual falta de idoneidad presente, debemos ser tolerantes respecto de la asignación de ciertos subsidios como una carga pública inevitable.

Acompañados de contraprestaciones, aunque fuesen de menor cuantía y calidad en una primera etapa, podrían generar con el tiempo un paulatino mejoramiento de las aptitudes personales de muchos desclasados de hoy y promover su incorporación a un mercado de trabajo formal más exigente y competitivo.

Pensar pues en el kirchnerismo, o en Cristina, o en algunos peronistas con los bolsillos repletos de bolitas de naftalina y dinero mal habido como alternativa política posible, luce, cuanto menos, ridículo.

Carlos Berro Madero  
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