Jueves, 12 Octubre 2017 00:00

Día de la Raza

Escrito por 
Valora este artículo
(3 votos)

Cuando iba al colegio, allá lejos y hace tiempo, los 12 de octubre se celebraban el Día de la Raza. Sin pensar mucho de porqué nos otorgaban un feriado con dicha denominación, aceptábamos gustosos la explicación de que ese día de 1492, Colón y sus tres carabelas habían tocado tierra americana y dieron comienzo a la gran gesta americana, la conquista de las Indias. 

 

Justamente, el 12 de octubre es la fiesta de la Virgen del Pilar. Según la tradición, ese día del año 40 la Virgen María (que aún vivía en Jerusalén) se le apareció al apóstol Santiago en lo que sería la ciudad de Zaragoza, sobre una columna de jaspe conocida de allí en más como “el Pilar”. En ese mismo lugar, a orillas del Ebro, se construyó una capilla que después de múltiples refracciones se convirtió en una basílica visitada por millones de peregrinos. Por esta razón, más la llegada de Colón y el comienzo de la conquista americana, en España se celebra la Fiesta Nacional o de la Hispanidad.

La costumbre llegó al nuevo mundo junto a la devoción Mariana y cada 12 de octubre en las proximidades de la Iglesia del Pilar se celebraban las Romerías, donde se cantaba, se bebía, se comía y practicaban demás actividades festivas. De allí que no debe sorprendernos que en las vecindades de la Iglesia del Pilar (que recién fue convertida en cementerio en 1822) existan restaurantes, bares y una agitada vida nocturna.

La denominación del Día de la Raza nace a principios del siglo XX y estaba inspirada en el fomento de la unión iberoamericana y la gesta civilizadora de España. La idea fue consagrada por decreto en 1916, durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen para honrar la lengua común, las costumbres y la religión. Por un siglo se mantuvo esta denominación hasta que en el año 2007 el INADI argumentó que hablar de “raza” era discriminatorio y propuso llamarlo Día del Respeto a la Diversidad Cultural, consagrada por decreto de necesidad y emergencia en el año 2010.

Argentina no fue el único país que relegó el Día de la Raza, en Bolivia pasó a llamarse el Día de la Descolonización en 2011. En el año 2000, Chile le otorgó el nombre del Día del Encuentro de dos Mundos. Colombia y El Salvador aún lo llaman Día de la Raza y la Hispanidad y en Costa Rica le dicen Día de las Culturas. En República Dominicana, donde existe un monumental edificio que dice tener los restos de Cristóbal Colón (aunque sus autoridades nunca hayan permitido hacer el examen de ADN, cosa que sí se hizo en la imponente tumba de Sevilla en España), celebran el Día del Encuentro entre dos Culturas. En Ecuador son más complicados y lo llaman Día de la Interculturalidad y la Plurinacionalidad. En Méjico, por iniciativa de José Vasconcelos, hablan de la raza iberoamericana por el mestizaje, una tarea ciclópea del conquistador español que no solo blandió espadas sino llevó adelante una formidable conquista erótica en las Indias.

Nicaragua también abandonó el Día de la Raza por el Día de la Resistencia Indígena. Perú cambió el nombre por el Día de los Pueblos Originarios y del dialogo intercultural.

Uruguay preserva en la denominación que le otorgó a esa fecha de 1915: Día de las Américas, Venezuela, a instancias de Hugo Chávez, se decretó llamarlo Día de la Resistencia Indígena.

Cuba no celebra el 12 de octubre y Estados Unidos lo llamó Columbus Day, fecha no solo celebrada por los hispanoparlantes sino que también por los italianos, orgullosos de compartir la nacionalidad del gran navegante.

Toda esta diversidad de denominaciones responde a la adopción de posiciones  antagónicas que por un lado hablan del genocidio indígena y por otro de la tarea civilizadora de España, gesta que no carecía de épica, como la de Cortez en México y Pizarro en Perú quienes lucieron el coraje que honra la estirpe española y enfrentaron con un puñado de soldados el ataque de decenas de miles de aborígenes que defendían su tierra.

Vale recordar que España, para 1512, había decretado la prohibición del maltrato y la esclavitud indígena, aunque estos fueron reemplazados por esclavos africanos (como lo hacían las demás colonias europeas).

Con la inmigración masiva que concurrió a la conformación del famoso crisol de razas (muletilla usada por nuestros docentes para dar un nombre a la variedad étnica y cultural que conformó a la Argentina), se recurrió a llamar al 12 de octubre Día de la Raza, cuando aún dominaba a nuestra cultura el positivismo y las nociones lombrosianas de una elite dominante en el mundo: blanca y cristiana.

Las cosas cambiaron después de las brutalidades cometidas en nombre de las diferencias raciales desde el imperialismo europeo, pasando por la intolerancia norteamericana hasta las barbaridades pseudocientíficas del nazismo.

Por estas razones, celebrar el Día de la Raza fue dando lugar a una variedad de denominaciones que se extienden desde la resistencia aborigen hasta la corrección política de un respeto multicultural, porque en última instancia las variaciones llamadas raciales se limitan a una diferencia del 0.1% de nuestros genes, una variación mínima, mientras la variedad cultural es mucho más amplia y ecléctica que la tiranía del ADN.

Los tiempos cambian.

Colón fue reemplazado por Juana Azurduy en un acto de torpeza y prepotencia.

Los pueblos originarios reclaman su parte de la nación y denostan al descubridor de estas tierras como si él hubiese sido el responsable de los excesos durante la conquista.

Al reclamo territorial se unen pueblos que no fueron originarios (es decir que entraron al territorio nacional después de la conquista). A ellos se suman descendientes de inmigrantes europeos que adhieren a la queja cósmica, al clamor antisistema, a la oportunidad de “hacer lío” (como dice el Papa) agregando caos al ya imperante. Nadie en Francia se queja de Julio Cesar, ni reivindica a los galos, ni los alemanes se quejan de las conquistas de Napoleón o de Gustavo II Adolfo de Suecia, la historia quedó atrás… pero acá muchos persisten en buscar en el pasado las causas del desasosiego, del revanchismo y la famosa grieta, muchas veces con tan poco sustento documental que se convierten en patéticos escribas: denostan a Roca y se olvidan de Rosas, cuando éste último, convertido en adalid del nacionalismo, mató a más aborígenes en 1835 que los que Roca ultimó en 1878.

El día de la Raza fue una expresión de deseo para conservar el orgullo de una gesta ligada a una identidad supranacional, donde sobran coraje y también excesos. Los tiempos cambiaron, el positivismo spenceriano decimonónico fue desplazado por la cultura multiétnica y tolerante que mira con suspicacia el ánimo imperialista de los españoles, convencidos estos que con su gesta, llevaban la civilización e imponían la verdadera fe.

Todo eso ha mutado y está bien que lo haga porque cada generación  reescribe la historia. El peligro es juzgar a los actores con conocimientos y criterios ajenos al momento que vivieron, porque en el futuro corremos el riesgo que nos nosotros seamos medidos con la misma vara. 

Omar López Mato 
Médico y escritor  
Su último libro es FIERITA - Una historia de la marginalidad  
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
www.facebook.com/olmoediciones
Gentileza de www.olmoediciones.com para 

Visto 268 veces Modificado por última vez en Domingo, 15 Octubre 2017 10:31

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…