Martes, 31 Octubre 2017 00:00

La fe de cambiemos

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Hay una frase del humanista y filósofo holandés Desiderio Erasmo de Rotterdam, que puede aplicarse muy bien a la fe inquebrantable que ha demostrado el gobierno de Cambiemos en sus propias fuerzas: “si te quedas pensando acerca de lo que querrías hacer, o qué desearías que ocurra, y mientras tanto no haces nada, NADA SUCEDERÁ”.

 

Porque no cabe duda alguna que la vida continúa aunque nos quedemos quietos.

El domingo 22 de octubre, se abrió una nueva etapa que se debe en gran medida a las convicciones nacidas en el seno de un grupo de jóvenes provenientes de diversos ámbitos sociales, que ya habían dado pruebas de que un mal destino puede torcerse al desembarcar en la ciudad de Buenos Aires y promover una pequeña revolución política pacífica, demostrando después de ocho años de estar en el poder que, como dicen ellos mismos, SÍ SE PUEDE.

Desde el Presidente Macri hasta el más ignoto de sus colaboradores descreyeron desde el vamos de las descripciones sobre supuestos hechos “prodigiosos” a las que nos tenían acostumbrados sus predecesores, tomando un camino diferente al conocido hasta ese momento, sin esperar que nadie los condecorara por anticipado.

Resistieron desde el inicio los embates de las supuestas “verdades” de un peronismo que los acusó de las peores iniquidades, mientras se ocuparon por “las cosas del hacer”, mientras sus opositores daban inequívocas señales de comenzar su propio “cuarto menguante”.

Los jóvenes de aquel PRO inicial, creyeron firmemente que no podía dársele más crédito a la palabra de hombres que pecaban de ligereza en sus afirmaciones – cuanto menos-, y se dedicaron con empeño a convocar a cuanto desencantado estuviese dispuesto a acompañarlos en su camino por compartir sus ideales.

La última etapa del derrumbe del maléfico “movimiento peronista” y su transmutación en kirchnerismo, fue especialmente patética y los encontró listos para dar la pelea nacional contra la falta de esperanza, la miseria y la ineficiencia, manejando adecuadamente dos conceptos fundamentales: EL USO DEL CONOCIMIENTO Y LA VERDAD.

En efecto, ¿hemos visto en la política tradicional alguna vez algún rasgo destacable de veracidad mientras nos lanzaba al rostro una impertinente “V” de la victoria e instalaba los regímenes de gobierno más ineficientes y corruptos delplaneta?

Dice el filósofo catalán Jaime Balmes algo que les cuadra como anillo al dedo: “cada cual refiere las cosas a su modo, según sus noticias, intereses y deseos; y los mismos que saben la verdad son quizá los primeros en oscurecerla haciendo circular las más insignificantes falsedades, hasta que la mancha que cae sobre ellos hace caer finalmente el disfraz”.

Dicha mancha se asemeja mucho a la anécdota popular de aquel niño que clamó por la desnudez de un Rey que se paseaba muy orondo por la comarca mientras recibía elogios de súbditos que proclamaban la belleza de su ropaje.

“Es necesario siempre considerar si las circunstancias de la mentira son tan desgraciadas, que poco después haya de ser descubierta en toda su desnudez, SIN QUE LE QUEDE AL ENGAÑADOR LA EXCUSA DE QUE SE HABÍA EQUIVOCADO  O LE HABÍAN MAL INFORMADO” (siempre Balmes).

Los filósofos y sociólogos suelen recordarnos que la verdad y la veracidad son cosas muy diferentes; la verdad es la conformidad del juicio sobre una cosa aceptando la validez de la misma; la veracidad es la que persigue dicha conformidad con el pensamiento personal. La una puede estar perfectamente –y de hecho lo está muchas veces-, sin la otra.

El peronismo, el mayor azote político que ha cruzado a nuestra sociedad, usó siempre el método de inclinarse por una veracidad QUE SE ACOMODABA A SU PENSAMIENTO. Es decir una falsedad “veraz” que resultara útil a sus propósitos arrolladores de acceder al poder para hacer lo que les viniese en ganas.

Desde Perón hasta nuestros días ha sido así y es completamente inútil tratar de desmentir este hecho. El verticalismo al que fue tan afecto destruyó la base esencial de una república democrática: el consenso y la pluralidad de opiniones.

En ese escenario, que supieron dominar mediantes aprietes y prebendas sin fin se formaron varias generaciones, mientras que aquellos que luchábamos por la verdad (no la veracidad), tuvimos que tascar el freno y esperar con paciencia que hubiese alguien que como el niño de la célebre anécdota, se animase a proclamar con nosotros la desnudez de los prepotentes partidarios de un movimiento que todavía no sabemos bien qué es, aunque por las muestras descarnadas de su última versión “kirchnerista” se asemeja bastante a una banda de hábiles “scruchantes” (en el más amplio sentido de la palabra).

Ese es el velo que descorrieron Macri y sus seguidores, persiguiendo un objetivo que hoy se ha hecho realidad: reescribir la historia que el peronismo se adjudicaba a sí mismo, montado sobre una maquinaria popular de una crueldad infinita: hacernos creer que más allá de ellos “no había otra cosa”.

Muy pocos osaron rebelarse antes contra esta historia parcial y amañada, defendida mediante la construcción de una cínica reputación de invencibilidad.

El 22 no ha caído solamente pues el ego de Cristina Fernández y sus delirios. O la Cámpora. O los “barones” del conurbano. Se ha confirmado la dispersión de un credo que se basó en el supuesto “heroísmo” de quienes dominaron la política de los últimos 50 años y terminaron sumiendo finalmente en la miseria a un 30% de nuestra población.

Cuando nos refieren que en un pequeño país, bastante pobre como Ecuador, sólo un 20% de la gente no tiene cloacas, mientras que en nuestra populosa Provincia de Buenos Aires (manejada durante 50 años por el peronismo), se contabiliza un 70% de personas carecientes de este servicio, solo podemos imaginar adónde fue a parar el dinero de los impuestos que pagamos: AL BOLSILLO DE LOS UNCIONARIOS POLÍTICOS, TAL CUAL SE HA TERMINADO COMPROBANDO.

Finalizamos estas breves reflexiones con otros dichos de Balmes que nos parecen hoy más oportunos que nunca: “si difícilmente podemos aclarar la verdad de lo que pasa a la luz del sol, poco debemos prometernos tocante a lo que sucede en las sombras de la noche”. A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero  
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