Jueves, 09 Noviembre 2017 00:00

Más que una coalición electoral

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Pensar el pasado 22 de octubre desde una perspectiva histórica y una proyección al futuro; de eso se trata. Relacionar, con los interrogantes y las inevitables incertidumbres del caso, un resultado electoral con la suma de mediaciones entre geografía y economía, política y poder.

 

Caseros y la Generación del Ochenta son hitos interesantes para establecer relaciones sugestivas. Recordemos cuando Esteban Echeverría, entre otros, percibe que la clave para derrotar al rosismo, es decir a la dictadura que se imponía sobre las provincias, era prestar atención a esa suma de intereses regionales coaligados alrededor de las provincias de Entre Ríos y Corrientes y que Rosas jamás pudo terminar de controlar. Caseros será la consecuencia de esa estrategia.

En 1880, la Liga de Gobernadores constituye uno de los ejes claves para asegurar, en las condiciones políticas de aquellos años, la gobernabilidad política. En efecto, el consenso con el litoral y las provincias del noroeste fue no solo una de las condiciones de la organización del estado nacional, sino también la expresión del consenso político de la clase dirigente que incluyó -con las mediaciones del caso- a las clases dominantes regionales alrededor de la estrategia de lo que se conoció como el modelo primero exportador.

Valgan estas breves referencias históricas para advertir acerca de algunos datos presentes en las elecciones del pasado 22 de octubre. Aludo al hecho de que Cambiemos ganó las elecciones en Ciudad y provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y Mendoza, un dato que puede interpretarse como una casualidad histórica, una estadística electoral o un síntoma de los nuevos tiempos.

Por lo pronto, está claro que el control político de estas cinco o seis provincias asegura para Cambiemos una base amplia y consistente de gobernabilidad. Lo que conviene preguntarse a continuación es si esa gobernabilidad hará posible una estrategia de desarrollo para el siglo XXI atendiendo al hecho que a veces por obvio no suele ser tenido debidamente en cuenta, y es que el control de las provincias mencionadas constituye uno de los ejes centrales del desarrollo.

El tono “amarillo” que tiñe el mapa político es más que sugestivo. Allí está representada la denominada Región Centro, el corredor bioceánico entre el Atlántico y el Pacífico, los niveles más altos de inclusión social y capacitación de recursos humanos, las economías agro-industriales más avanzadas y de mayor valor estratégico para políticas de desarrollo en la región y en el mundo.

Visto desde otra perspectiva, la Argentina que votó por Cambiemos convalidó ese consensos históricos que de algún a manera se prefiguraron en las movilizaciones de 2008 contra la 125. En la ocasión, se advirtió que en respuesta a un proyecto desafortunado de retenciones se instaló en el escenario público una coalición de intereses, sociales y políticos que fue mucho más allá del rechazo a la 125. Y que visto desde una clave histórica expresa realidades que se venían construyendo alrededor de lo que con precisión algunos analistas económicos calificaron como la segunda revolución en las pampas.

Al respecto, podría muy bien postularse que el 22 de octubre se confirmó políticamente en las urnas lo que desde el punto de vista económico y social se venía prefigurando con las contradicciones del caso: el eje Santa Fe- Córdoba imponiéndose al eje La Matanza-Riachuelo, lo que traducido en términos más precisos significa la gravitación de realidades económicas sustentables sobre economías subsidiadas, anacrónicas y ruinosas.

Dicho de una manera más realista, pero abriendo una cuota razonable a la esperanza, podría decirse que en las actuales condiciones, la Argentina dispone de una nueva oportunidad histórica para atender a un proyecto de desarrollo de larga duración. Que esto sea posible dependerá de la lucidez de la clase dirigente, incluyendo en este concepto a un bloque de poder y toma de decisiones que suma a políticos de diferentes signos, intelectuales y dirigentes empresarios y sindicales.

No estamos hablando, claro está, de “geografía” sino de política, de procesos históricos y relaciones de poder.

Desde esta perspectiva, el 22 de octubre podría (y el condicional está deliberadamente empleado) ser pensado como algo más que el triunfo electoral de una coalición sobre otra. Admitiendo que por primera vez desde 1983 un proyecto de poder político no peronista logra hacer realidad el fenómeno de la alternancia, habría que agregar a continuación que por un camino seguramente sembrado de dificultades, incluso de discordias y conflictos, la Argentina del trabajo, la inteligencia, el pluralismo, la competitividad y el desarrollo, se está abriendo paso en el incierto pero no tan imprevisible horizonte del siglo XXI. La posibilidad real y efectiva de dejarles a nuestros hijos y nietos un país mejor del que recibimos, está abierta.

Rogelio Alaniz

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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