Jueves, 23 Noviembre 2017 00:00

Las afirmaciones paradójicas

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 “¿Cuántas patas tendría un perro si consideraras su cola como una pata? Solamente cuatro. Porque creer que la cola es una de ellas no la convierte en pata” -Abraham Lincoln

 

Si cualquiera de nosotros entrara en una habitación y comprobara “visualmente” que dentro de ella hay varias sillas, resultaría absurdo que al salir de la misma sugiriéramos que no lo sabemos, o que solamente nos parece probable y que tal vez no sea el caso que las haya; manifestaciones contradictorias que llevarían a proposiciones incompatibles entre sí.

Este ejemplo de lo que resultan ser “afirmaciones paradójicas”, ha sido señalado enfáticamente por George Edward Moore en sus trabajos sobre el sentido común y la interpretación de hechos fácticos incontrovertibles.

Algunos argentinos se han visto aquejados históricamente por una suerte de escepticismo de “conveniencia” sobre la realidad, promoviendo interminables discusiones públicas cuasi bizantinas sobre cuestiones que se relacionan con la verdad o la falsedad de ciertos hechos comprobables sensorialmente.

La mala costumbre ha consistido en motorizar un debate manifiestamente inútil sobre qué ha querido decir en realidad quien sale de una habitación -como en la metáfora de Moore-, poniendo en duda si es o no verdadera la presencia de un objeto “físico” que se halla adentro.

Resulta claro que cualquier opinión “particular” que ponga en duda la existencia de las sillas (en la metáfora aludida), constituye una alternativa totalmente fuera del sentido común, propiciando una falsa controversia respecto de la realidad, YA QUE NO HAY NINGUNA RAZÓN DE PESO QUE PERMITA SUPONER QUE UN HECHO “FÍSICO” DEPENDA DE ALGÚN PROCESO MENTAL LÓGICO QUE SEA  CONOCIDO.

De este modo, puede afirmarse con certeza que la naturaleza de las cosas no puede quedar sujeta jamás a ningún análisis que ponga en duda su existencia, cuando los datos sobre la misma RESULTAN CLAROS A LA PERCEPCIÓN DE NUESTROS SENTIDOS.

La primera reacción habida respecto de los cambios impositivos que propuso el gobierno en estos días, exhibió nuevamente la manía de algunos actores políticos por suponer que el tema en discusión era dudoso en la medida que equivalía a las “intenciones” de quien lo planteaba (Cambiemos), cuando de lo que se trataba en realidad era de analizar un instrumento “físico y escrito” que permitiera o no (esto es harina de otro costal) confluir a la aprobación de gobierno y  oposición de un programa de reforma de los impuestos que recaudan el Estado Nacional, las provincias y los municipios.

Finalmente, parece que esta vez privó la cordura y los apasionados por las discusiones “gaseosas” abandonaron su pasión por verter sus consabidas afirmaciones paradójicas, firmando el instrumento luego de introducir modificaciones finales que lo convirtiesen en fiel intérprete de lo acordado.

Cualquier proposición de tipo “mental” –“me parece”, “creo”, “si entiendo bien”, etc.-, para escapar de ciertos hechos objetivos, no nos permitiría jamás definir con claridad –como en el ejemplo de Moore-, si unas sillas que percibimos visualmente “están” en la habitación aludida y que es de su presencia irrefutable que debemos hablar, y no de las eventuales sensaciones que nos cause la existencia de las mismas.

Solo podría admitirse como válido el hecho de no haber contabilizado acaso la cantidad de sillas si el vistazo dado a dicha habitación hubiese sido demasiado fugaz; pero aunque la diferencia numérica sea en el caso supuesto una relación de análisis  matemático, la misma SOLO PERMITIRÍA CONFIRMAR QUE LAS SILLAS EXISTEN.

Quizá estemos, por primera vez en muchos años, frente a una muy buena oportunidad de recordar de cara al futuro -y para siempre-, la sentencia del Presidente Lincoln con que hemos comenzado estas breves reflexiones, para iniciar un nuevo camino donde la realidad que captamos sensorialmente ocupe un lugar preponderante en nuestros juicios de valor y “existencia”.

En ese sentido, uno de los peores legados del kirchnerismo (del que deberíamos desembarazarnos cuanto antes), consistió en habernos “empapado” de retóricas inconsistentes y paradojales que nos tuvieron virtualmente paralizados culturalmente durante doce años.

No será una tarea fácil, pero habría que emprenderla con firmeza desde ahora; las reformas propuestas por Cambiemos quizá no resulten perfectas para salir del atolladero heredado, pero al menos inician un camino diferente “hacia alguna parte”.

Carlos Berro Madero  
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