Lunes, 18 Diciembre 2017 00:00

¡Ay Lilita!

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A la desconcertante “pacifista” del “interbloque de Cambiemos” (como le gusta denominarse), Lilita Carrió, le dedicamos algunas reflexiones que estamos seguros entenderá muy bien, si nos lee detenidamente por supuesto: “Si Ud. quiere aprovecharse de las ventajas de la civilización, pero no se preocupa de sostener la civilización…, se ha fastidiado Ud. En un dos por tres se queda sin civilización. ¡Un descuido, y cuando mira en derredor todo se ha volatilizado! Como si hubiesen recogido unos tapices que tapaban la pura Naturaleza, reaparece prístina la selva primitiva. La selva es siempre primitiva. Y viceversa. Todo lo primitivo es selva” (José Ortega y Gasset).

 

Se lo explicamos mejor, por si acaso.

La civilización está representada, entre otros estamentos de un gobierno constitucional por un Congreso que sanciona leyes de acuerdo al reglamento que lo rige internamente. Como sucede en todas las cuestiones del derecho y la ley, “penetra como principio de vitalidad que vivifica la conciencia, suscita la acción, estimula y determina el progreso en el campo de las ideas, lo mismo que en el de la realidad” (Rudolph von Ihering).

Por otro lado, sigue diciendo el jurista aludido “la existencia de los principios del derecho público depende DEL FIEL CUMPLIMIENTO DEL DEBER DE LOS MISMOS POR PARTE DE LAS AUTORIDADES CONSTITUIDAS”.

Eso es lo que intentó Emilio Monzó hasta que intervino la diputada para cambiar el destino de la asamblea.

Si alguien impide que prime la legalidad, todo el esfuerzo para votar disposiciones LEGALES se volatilizan al conjuro de una eventual paz que no sabremos jamás si sobrevendrá, como sostuvo la Carrió. Sobre todo, cuando la experiencia indica que un bárbaro no para en mientes para seguir los dictados de su barbarie, contra viento y marea. Y de esos ejemplos estamos colmados desde que el peronismo comenzó a inundar a la sociedad en su magma gelatinoso.

La selva política que debe trasponer un gobierno que usa la ley como respaldo, le permite exigir el cumplimiento de reglamentaciones y normas preexistentes.

Haber propuesto el levantamiento de la sesión para tratar la ley de reforma del enorme agujero negro del sistema jubilatorio, quebrado y sin reservas, habiendo tenido quorum para deliberar, fue una concesión absurda a la violencia propiciada por quienes desmadraron el sistema y hoy dicen como Gioja, sin que se le mueva un solo músculo de la cara: “no es de persona de bien votar esta ley”.

Alguna vez señaló el mismo Ortega que el Imperio Romano sucumbió por falta de “técnica”. “Al aumentar grandemente su población y exigir esto una vasta convivencia a través de la falta de solución de ciertas urgencias materiales que solo la técnica podía hallar (la ley de reforma aludida puede incluirse en este supuesto), COMENZÓ EL MUNDO A INVOLUCIONAR, A RETROCEDER Y CONSUMIRSE” (sic).

No son solamente las reflexiones particulares de un gran pensador, sino una historia  que puso negro sobre blanco la realidad de lo afirmado por el filósofo madrileño.

Resulta inconcebible que la versión peronista “ultra progre” vuelva a poner en jaque las instituciones de la república, como antes lo hiciera con sus cuadros ultraderechistas. Es la misma historia prepotente de siempre, con distinto disfraz.

Nos preguntamos: ¿será cuestión de esperar entonces a que entren en la intimidad de nuestra propia casa y terminen pisoteando los malvones de gladiolos que alegran nuestro jardín, matando de paso al perro que ladra alertando por su presencia inconsulta, cuando les venga en ganas?

Para rematar estas breves reflexiones, le recordamos a la “mística” señora Carrió (cuyos valores morales no desconocemos) que el hombre vulgar suele dar por bueno y completo su haber intelectual, lo que le lleva a no escuchar ni poner en tela de juicio sus opiniones y a no contar con las de los demás.

“Su sensación íntima de dominio” –dice Ortega- “le incita constantemente A EJERCER PREDOMINIO y actuará por tanto como si solo él y sus congéneres (adláteres) existieran en el mundo, imponiendo su vulgar opinión, sin miramientos, contemplaciones, trámites ni reservas, es decir, SEGÚN UN RÉGIMEN DE ACCIÓN

DIRECTA”.

¿No es eso lo que ocurrió ayer con el “peronokirchnerismo” señora Carrió?

¿No hubiera sido preferible seguir en las bancas POR TODO EL TIEMPO QUE  FUERE NECESARIO, EN SILENCIO, poniendo en evidencia la violencia absurda de opositores airados por no haber podido torcer la sesión por medio de la fuerza bruta?

¿No tenía derecho la coalición de Cambiemos y sus aliados circunstanciales a votar según sus convicciones teniendo el quorum necesario?

Y una última reflexión para el operativo de seguridad: impecable. Hacía mucho tiempo que no se veía una organización tan eficiente y bien plantada, demostrando que el gobierno intenta cumplir con el orden en la calle, QUE ES DE TODOS Y DE NADIE EN PARTICULAR.

Mal que les pese a las señoras Bonafini, Carlotto, Victoria Donda (sostenida ayer por unos teatrales bastones canadienses que pretendían dar noticias de algún eventual exceso de las fuerzas de seguridad que nadie pudo ver) y los inveterados defensores de los derechos humanos que alimentan una visión marxista de la cuestión.

Si al peronismo no se le “manean las patas” por medio de la ley y el orden, jamás estarán satisfechos con nada y seguirán presionando el sistema republicano. Hoy frente al gobierno del Presidente Macri y mañana de quien sea.

¿Alguien tiene alguna duda al respecto?

Carlos Berro Madero  
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