Miércoles, 03 Enero 2018 00:00

Balance político de la Argentina en 2017

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En el primer trimestre del año la Administración Macri se mantuvo a la defensiva, temiendo los impactos políticos de la acumulación y sucesión de protestas.

 

La CGT, con su triunvirato recientemente electo, realizó medidas de fuerza que el gobierno no pudo impedir, consolidándose como conducción de la central obrera. Los paros docentes -y en particular en la provincia de Buenos Aires- se prolongaron varios meses, con el oficialismo jugando al desgaste de los gremios. Los Movimientos Sociales, fortalecidos por la ley de emergencia social sancionada a fines de 2016 mantuvieron, pese a ello, en los primeros meses del año un nivel de conflictividad importante.

En este marco, se consolidó el llamado “Trío de San Cayetano” integrado por tres movimientos (CTEP, CCC y Barrios en Pie), tanto como interlocutor del gobierno como en su capacidad de movilización. El 24 de marzo, con motivo del 41 aniversario del último gobierno militar, en las protestas convergieron varios sectores que delinearon la existencia de una “oposición dura”, tendiente a hostigar al gobierno en la calle. Ellos fueron las organizaciones de derechos humanos (duras y moderadas) el sindicalismo combativo (las dos CTA) los movimientos sociales (duros y moderados) y los partidos de izquierda (PO, MST, PST, etc.)

En el segundo trimestre, el gobierno retoma la iniciativa y apuesta a una estrategia de “polarización” política con el Kirchnerismo, con la vista puesta en la elección de octubre. La Movilización del 1 de abril en la Plaza de Mayo (1A) fue el punto de partida que permitió al gobierno recuperar la iniciativa política. No muchos en el oficialismo creían en su éxito. Pero ella, hizo entrar en crisis dos premisas políticas que tenía el gobierno: que su apoyo eran los jóvenes  ya que la gente que se movilizó en su gran mayoría tenía más de 50 años-  y de que las movilizaciones en las calles no tenían significación política. La idea de polarización política, se centró en el Kirchnerismo en general y en Cristina en particular.

El gobierno percibió la posibilidad de reiterar su estrategia de 2015, en la cual la división del Peronismo fue clave de su éxito. Cuando la ex Presidente, rechaza la posibilidad de competir con Randazzo en las PASO, cometió el error político-electoral que luego permitió al oficialismo ganar la elección, tanto en el plano nacional como en el ámbito bonaerense. Esta estrategia también apuntó -y lo logró- anular a la tercera fuerza, que representada por Massa y Stolbizer en la provincia de Buenos Aires, buscaba ser “la ancha avenida del medio”.

Definidas las alternativas, la elección fue el tema dominante en el tercer trimestre y el primer mes del siguiente (octubre). Ganar o perder la elección era ganar o perder la provincia de Buenos Aires y con un triunfo en ella, Macri pasaba a ser un candidato probable para la elección en 2019 y perdiendo, dicha alternativa se tornaba muy difícil. Las PASO dieron al gobierno un anticipo de victoria, aunque en Buenos Aires y Santa Fe, el Kirchnerismo se impusiera por un punto o menos. En el interior, si bien el Peronismo ganó en la mayoría de los distritos que gobierna, fue derrotado en algunos. Con este resultado en agosto -que el gobierno interpretó como victoria- con una economía que en el tercer trimestre comenzó a crecer y los ajustes necesarios en la estrategia electoral, el gobierno se concentró en derrotar a Cristina en la provincia de Buenos Aires y ganar algunas provincias más.

En Buenos Aires, Cristina fue derrota por cuatro puntos y Cambiemos ganó en los distritos más importantes gobernados por el Peronismo, como Salta, Entre Ríos, Córdoba y Chaco. Esto le permitió sumar 9 senadores en la cámara alta y 16 diputados en la baja. Macri obtuvo así un triunfo en términos porcentuales en su elección del segundo años (41%) similar al que habían alcanzado Alfonsín, Menem y Kirchner en análogas circunstancias, pero con un resultado diferente en el plano político institucional, al no tener mayoría en  ninguna cámara y solo 5 de 24 gobernadores. En paralelo al proceso electoral, se instaló un nuevo conflicto, que afectó al gobierno: el mapuche. 

En el último bimestre, las reformas del Ejecutivo, la Cumbre de Cancilleres de las OMC y las protestas violentas en las calles, dominaron el escenario político. Para el gobierno, la Cumbre de Cancilleres de la OMC era el evento central de la política exterior en 2017 y preparación para la Cumbre de Presidentes del G20 que tendrá lugar a fines de 2018 en Buenos Aires. El gobierno cubrió la organización con eficacia, pero en términos políticos, no se logró ningún acuerdo ni siquiera de propósitos. Con realismo, el gobierno se propuso usar rápidamente el efecto del triunfo en la elección legislativa de medio mandato y para ello buscó un acuerdo con los gobernadores de la oposición y la CGT, a los efectos de lograr una reforma previsional que permitiera ahorrar en el pago de jubilaciones y pensiones, otra tributaria, un proyecto de ley con el compromiso fiscal acordado entre el Ejecutivo y los gobernadores, un acuerdo para contener el nivel de gasto (consenso) y una reforma laboral.

Esta última quedó frenada por diferencias entre el sindicalismo -y dentro del mismo- y el gobierno. Las demás avanzan con concesiones menores. En noviembre, el hundimiento del Submarino Santa Fe irrumpió como un imponderable que puso en evidencia a la crisis del sistema de defensa, pero fueron las protestas violentas que tuvieron lugar frente al Congreso el 14 y 18 de diciembre, lo que generó fuerte impacto. El oficialismo argumenta que estos incidentes lo han fortalecido, porque no pudieron voltear al gobierno, como sucediera dieciséis años atrás en 2001. Pero entonces la economía caía 11% y ahora crece más de 2,5% y el Presidente de la Rúa venía de una dura derrota electoral y Macri tiene atrás una clara victoria. Tras la elección, las causas por corrupción que afectan al Kirchnerismo se reactivaron y en diciembre, comenzaron las citaciones por el capítulo argentino del caso Odebrecht.

En conclusión: en el primer trimestre de 2017, el gobierno de Macri estuvo a la defensiva, frente a una escalada de protestas y reclamos de sindicatos, movimientos sociales y organizaciones de derechos humanos; en el segundo trimestre planteó la estrategia político-electoral de polarización respecto al Kirchnerismo y retomó la iniciativa, asumiendo que ganar o perder Buenos Aries era la clave del resultado; el gobierno ganó claramente la elección, en el país y en la provincia de Buenos Aires también, aunque sin alcanzar mayoría en ninguna cámara pero pudiendo plantear la posibilidad de reelección en 2019 y  sobre fin de año, el gobierno trató de capitalizar la victoria, acelerando reformas económicas y sociales con éxito dispar, pero la irrupción de la violencia política en las calles, dejo un imponderable para 2018. 

Rosendo Fraga

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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