Martes, 23 Enero 2018 00:00

La mayor debilidad

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“La mayor de todas las debilidades humanas consiste en el temor de aparecer ante los demás como una persona débil” - Jacques Benigne Bossuet

 

En efecto, existe siempre en el espíritu del hombre débil una molesta e inhibidora sensación interior que lo lleva a creer que las verdaderas soluciones a los problemas de la vida son insolubles, lo que le termina creando un sometimiento emocional que anula los beneficios que pueda obtener del derecho y la justicia.

Esta imposibilidad debiera estar asentada en realidad sobre cuestiones históricas que lo demostrasen, de modo tal que una ojeada a los datos acumulados en el proceso, permitiera discernir con claridad si lo que se decreta como “imposible” tiene algún fundamento.

Muchísimas veces, la respuesta que proporciona dicha historia, es NO.

En materia política y en nuestro país, un peronismo voraz y demagógico que basó su supervivencia política en hacernos creer que SIN ellos era imposible gobernar, nos llevó por las narices como le vino en ganas durante años y nos condujo a un rotundo fracaso social.

Creer en este supuesto “imposible”, resultó fatal en todo sentido.

El gobierno de Cambiemos parece haberlo comprendido y muestra claras intenciones de producir “cambios” (valga la redundancia), aunque aún se vean como incipientes para una parte de la sociedad que camina apresurada, acongojada e impaciente y sigue esperando levantarse cada mañana para ver si el sol sale por otro lado, por decirlo de algún modo.

A pesar del barullo de los habituales disconformes y los saboteadores de cualquier proceso de reordenamiento político racional que se intente –como ha sido tradición entre nosotros-, el Presidente Macri y su gente se muestran activos en demostrar que creen ha llegado el momento de sacudirse de encima los prejuicios que llevaron a la derrota a muchos gobiernos NO peronistas y avanzan sin confrontar inútilmente con los residuos de un movimiento obsoleto y anquilosado, reviviendo con sus políticas las cuatro fases sucesivas con las que describe las formas de la acción Friedrich Nietzsche: a) valentía; b) justicia; c) moderación y d) sabiduría.

El estilo de la nueva coalición, después de años de “cadenas nacionales” donde el populismo justicialista exponía planes políticos y económicos atiborrados de palabreríos rimbombantes, es hacer obras que se terminan en tiempo y forma, establecer puentes razonables con los sectores democráticos de la oposición y  tratar de “vender” bien la marca “país” en el ámbito internacional, para que lleguen inversiones que permitan reactivar una economía que estaba en “punto muerto”,  eliminando de paso mafias y componendas escondidas en los rincones más oscuros del poder.

Ante las quejas que esto genera en algunas franjas sociales, parecen estar reviviendo el sentido de un proverbio turco ancestral que dice: “los perros ladran, pero la caravana avanza”.

Porque, ¿es posible que todas las políticas públicas sean igualmente agradables para todos? Rotundamente NO.

El problema consiste en la necesidad que tiene un gobierno de conducir un proceso (para el que fue elegido democráticamente dicho sea de paso), eligiendo el mejor camino PARA RESOLVER LOS PROBLEMAS DE UNA SOCIEDAD DE ESCASEZ  CUYAS NECESIDADES SON UNIVERSALES Y CASI PERMANENTES HOY DÍA, relacionadas estrechamente con las funciones “de las tripas”, es decir, la gente postergada, que no tiene acceso a una porción de la torta que debiera ser consumida entre todos y hoy no alcanza, habiéndonos puesto a vivir “de fiado”.

Es muy sabido, que cuando comienzan cambios en una sociedad anquilosada, mayores suelen ser al principio las necesidades temporarias que se “destapan” al producirse sustituciones que la afectan, lo que provoca que la gente reniegue de las eventuales virtudes de dichos cambios por algún tiempo.

Por otra parte, cuando las políticas se vuelven más “abiertas” a la libertad, ciertas estructuras sociales que han permanecido encarceladas por gobiernos populistas sufren una incapacidad inercial para resolver satisfactoriamente un nuevo ritmo de vida que comienza a alterarles de algún modo su antigua “estabilidad”.

Al penetrar en el comienzo de un futuro diferente –por las razones ya descriptas-, millones de individuos se encuentran frente a opciones muy cargadas de emoción, tan desconocidas y tan “originales” si se quiere, que deben abordar una nueva experiencia: aceptar el tiempo que requiere tomar decisiones ajustadas a la nueva realidad.

Y eso asusta un poco, SIEMPRE. Aquí y en cualquier otro lugar del mundo.

La otra característica del ritmo impuesto por Cambiemos es la “diversidad”. Como sostienen los sociólogos, la convergencia definitiva entre transitoriedad, novedad y diversidad constituye el tinglado de un escenario al que es necesario adaptarse.

Sobre todo, cuando una sociedad viene repitiendo sus esquemas de funcionamiento desde hace más de 50 años, reconociendo solamente los valores de liderazgos unipersonales y creyendo que el trabajo en equipo es apostar al “llenado de una bolsa con gatos que se arañan entre sí”.

Esta es otra de las novedades impuestas por Mauricio Macri desde hace mucho tiempo y probó su efectividad en la ciudad de Buenos Aires. Los resultados están a la vista: sin mayorías parlamentarias, pudo armonizar proyectos propios y ajenos y marchar hacia adelante. Porque en eso consiste, finalmente, el funcionamiento de una verdadera democracia.

Si queremos que el futuro nos permita abandonar los temores de nuestra extrema debilidad –esa que nos ha hecho creer que hay asuntos que no llegan a resolverse nunca-, perderemos de vista la idea de que hay otros, no tan visibles, que están comenzando a ocurrir respecto de una proverbial actitud de raíz “obstructiva”: creer que otro camino político SIN el peronismo populista es imposible.

Si ese fuera el legado que dejara Cambiemos -que bien podría considerarse como un tiempo “de transición”-, nos habría dejado abierta la puerta a la práctica de otro estilo de vida, lo que teniendo en cuenta nuestra historia recurrente de caudillajes y frustraciones sería un avance FENOMENAL.

Mientras tanto, un atomizado peronismo, que intenta dejar atrás su mala imagen y una historia de fracasos en cadena, imagina un solo camino posible: refutar toda medida que no cuente con su aprobación, sin comprender aún que la sociedad ya no mantiene lazos de “afecto” con él y ha comenzado a mirar para otro lado.

A ellos les cabe una reflexión bastante irónica de Friedrich Nietzsche, cuando sostenía que “cabe discutir si es más nocivo expresar mal los errores o expresarlos tan bien como si fuesen las mejores verdades. Bien es cierto que en el primer caso perjudican al cerebro de una doble manera y que luego es más difícil extirparlo; pero también es verdad que actúan con menos certeza que en el segundo caso: PORQUE SON MENOS CONTAGIOSOS”.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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Fundado el 4 de agosto de 2003

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