Martes, 30 Enero 2018 00:00

El peronismo se juega la vida a como dé lugar

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La tesis de un escenario inaccesible a corto plazo está siendo profetizada por un peronismo variopinto que siente el aliento en la nuca de algunos jueces que parecen haber decidido destapar las ollas putrefactas donde cocinaron siempre su “comida ideológica” indigerible.

 

A fin de entender mejor lo que está sucediendo en este momento, hemos recordado algunas palabras del crítico estadounidense Geoffrey Hartman cuando decía que “la verdad y la justicia absolutas en el juicio de la gente no existen, porque muchas veces solemos movernos dentro de la ilusión del lenguaje”.

Es el método elegido para sembrar dudas sobre Macri y su equipo, unos peronistas enfermos de abstinencia que han forjado siempre su estilo de vida política sobre relatos fraguados.

Las elecciones de diciembre 2015 han quedado atrás y la derrota sufrida por su horrible variante moral del siglo XXI, el kirchnerismo, les ha dolido mucho y no ha conseguido aplacar el desenfreno de quienes se siguen considerando a sí mismos como los “señores feudales” de la naturaleza de todas las cosas y no como una parte de ella.

Aprovechando los efluvios de perspectiva de la propia decadencia que siempre atormentaron a nuestra sociedad, tratan de implantar la noción de “caducidad” respecto de quienes les vencieron en elecciones limpias y asumieron para ejercer el gobierno por 4 años (al menos); al punto que hasta el “pródigo” Zaffaroni ha abierto la llave esclusa de su disconformidad, utilizando el mismo lenguaje golpista que usan  algunos sindicalistas que tienen la cola sucia, más los habituales insultadores profesionales como Hebe de Bonafini y Luis D´Elía.

Seguramente debe haber algún “estímulo” de por medio para alimentar estos trinos de quienes se sienten conductores de la “resurrección argentina” (¿), y divulgan ideas altamente tóxicas con la complicidad de un periodismo que aún permanece “en guardia”, inexplicablemente, respecto de ciertos mensajes mafiosos.

Pontificando a puro rasgo de viveza, los perdidosos diseminan, en todos los ámbitos en los que aún pueden sostener sus mentiras, reflexiones sobre “fatalidad” (nadie sino ellos), “necesidad” (el pueblo nuevamente sufre) y “determinación” (¿no habrá que promover el alquiler de un nuevo helicóptero “ad hoc”?).

Reemplazan así la imagen lineal de la historia, por una imagen “cíclica”, reverdeciendo conceptos políticos que versan sobre una voluntad y un destino propios de los que se sienten depositarios a perpetuidad.

Sin embargo, en pleno siglo de la imprevisibilidad, estas acciones no cuentan con que la historia da sorpresas y se burla de teóricos y supuestos expertos COMO SI QUISIERA DESEMBARAZARSE DE LAS VOLUNTADES QUE PRETENDEN  FIJARLE SU CAMINO, sin proporcionar tiempo suficiente a los especialistas en “derrumbes y diatribas” para que logren hacer fructificar ciertos patrones de conducta temeraria que les permitan difuminar con éxito su lógica destructiva. En efecto, la historia contemporánea pone en tela de juicio, en todas partes del mundo, los arbitrios de la voluntad de individuos que lucran habitualmente con el poder de la “anticipación”, sin comprender que resulta muy difícil hoy avizorar acontecimientos que puedan insinuarse en el horizonte: el mundo avanza con velocidad incontenible y la mar de veces inescrutable.

Por tal motivo, los poderes “proféticos” de una voluntad peronista recalcitrante se pierden en medio de un vértigo que pone a la zaga a la mayoría de sus dirigentes, que pretenden “iluminar” el futuro proponiendo –como siempre-, soluciones mágicas dictadas por su carrera desenfrenada para recobrar el favor popular perdido.

Pero, como diría Víctor Massuh: “la queja que hoy se oye más en ese medio es que los hechos se precipitan y no hay tiempo alguno para el hallazgo de soluciones serenas”.

Mientras tanto, la sociedad lucha para llenar sus pulmones con nuevos aires de libertad, porque comprende, tibiamente aún, que asumir las agonías de este tiempo político no debe hacernos bajar los brazos y ceder a las fatalidades que pregonan quienes luchan desesperadamente, con el objetivo claro de contrarrestar las evidencias de sus gobiernos catastróficos.

En efecto, la expresión de las políticas peronistas ha sido aplastada por los hechos conocidos luego de la caída del gobierno K en el mes de diciembre de 2015 y el cataclismo producido por sus rapiñas y corruptelas los ha puesto en evidencia como una verdadera facción compuesta por individuos de pocas luces y ambiciones materiales desmesuradas.

El peronismo se ha derrumbado no solo porque se hayan venido al suelo sus teorías, SINO POR LA APLICACIÓN DE LAS MISMAS, dando al trasto con falsas utopías proféticas que jamás llegaron a buen puerto, por lo que sería deseable que quienes sueñan con él como la esperanza de un mundo de bienestar “humanizado”, tengan en cuenta la experiencia histórica de setenta años de infernal “deshumanización” que nos proporcionaron desde el poder.

De Perón a Kirchner, el “movimiento” fue siempre una realidad autónoma, un fantasma, una fuente de “revelaciones” inacabables y, finalmente, de acuerdo con las estadísticas, un tremendo equívoco lingüístico que jamás cumplió con su declamada función “justicialista”: hoy, diez millones de pobres lo evidencian claramente.

El peronismo hubiera sido calificado por Massuh seguramente como UN SOLILOQUIO EN COMPAÑÍA.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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