Martes, 13 Febrero 2018 00:00

A falta de noticias, ¡que vivan las noticias!

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“Debido al hecho que en la mayor parte del mundo la información está prohibida, o fuertemente censurada, o perseguida, o inaccesible, peligrosa de recoger y transmitir, se hace a nuestros ojos tan preciosa y tan intangible que llegamos a suponerla exenta de todo defecto y al abrigo de todo error en los raros países donde reina la libertad” -Jean Revel

 

Cruda sentencia de Revel que hemos escogido para dar inicio a este “pantallazo” de los problemas que ocasionan las noticias falsas que suelen colarse a menudo en los medios audiovisuales.

Causa asombro -y lo estamos viendo todos los días-, que cada vez que un periodista es criticado públicamente por los términos o el contenido de algunas de sus informaciones de tenor y origen dudoso, muchos de sus colegas y algunas instituciones que los asocian, se levantan como leones embravecidos haciéndonos creer que de este modo se ataca al periodismo en su totalidad, con una actitud “corporativa” sin matices, que provoca el alejamiento de la gente de la verdad “verdadera”.

En efecto, nada tiene que ver la libertad de expresión CON EL OFICIO DE INFORMAR. Se puede ser libre para expresar datos de la realidad al mismo tiempo que se los deforma impunemente, olvidando que la prensa NO debe ser jamás pluralista en lo que respecta a dicha información. Solo debe requerirse que sea cierta y no fraguada.

Cuando un supuesto pluralismo actúa como “seleccionador” de las informaciones, sostiene Revel, “les cierra el paso, o las deja pasar en silencio, o las niega, las amputa o amplifica. O incluso las inventa, con el objeto de adulterar en su fase embrionaria el proceso de formación de la opinión”.

Si un periodista pretende que se respete su derecho a informar, no debe presentar los hechos que relata tal como le plazca, por la sencilla razón de que “el público TIENE EL DERECHO DE SER INFORMADO CON EXACTITUD Y SINCERIDAD”, sigue diciendo Revel.

Estamos totalmente de acuerdo con él.

Si quisiéramos tener una idea más clara de lo que todo esto significa, deberíamos convenir como principio que un comentario, una opinión, PUEDEN Y DEBEN SER LIBRES, pero la información ES SAGRADA y no debiera tergiversarse jamás.

Dicho esto, querríamos detenernos por un instante en lo que podríamos denominar como “fabricación de noticias e informaciones”. Es decir, las pequeñas historias hábilmente entrelazadas con lo “sucedido”, como cuando se  alude sibilinamente -por dar un ejemplo al azar-, a ciertos “clamores” populares (sin determinar su origen) para que tal o cual asunto de interés político o social sean manejados de una u otra forma, con lo que no se expresa más que un punto de vista personal que no está avalado por ningún dato de la realidad ni estadística confiable alguna.

Vemos hoy día una superabundancia de noticias fabricadas, sobre todo en asuntos  que de por sí exacerban el morbo social: las muertes dudosas (¿no caerá en este capítulo la muerte de Débora Pérez Volpin, como ayer ocurrió con la de Maldonado?), los supuestos encuentros sentimentales “secretos” de artistas y políticos, y los deseos muchas veces escabrosos de algunos personajes de la farándula relatando intimidades imposibles de comprobar; más las “deducciones” sobre lo que piensan unos u otros sobre un tema cualquiera, adjudicándoles verdad sabida y buena fe guardada a unas supuestas “fuentes”.

Como dice Revel con ironía, esto ocurre porque “el hombre no necesita que se le obligue a ser intelectualmente deshonesto para llegar a serlo. Lo consigue muy bien él solo”.

Y añadimos: mucho más aún, cuando se trata de ciertos incompetentes que suelen causar estragos con la falta de veracidad de informaciones en las que entremezclan sus propias aprensiones psicológicas respecto de la realidad, omitiendo todo aquello que no comprenden, o que va en contra de lo que ellos creen debiera ser de una forma y no de otra.

Todos los reporteros “comunicadores” que no hacen el menor esfuerzo por atenerse a la verdad deberían ser condenados severamente por la ley sin que por ello se estuviese cercenando la “libertad de prensa”, porque la falta de certidumbre que terminan sembrando en la sociedad en asuntos de interés común, se constituye en un arma letal que contribuye a esparcir una plaga: la difusión de situaciones que jamás han estado presentes en escenario alguno y terminan modificando conductas humanas maliciosamente.

Por otra parte, la vida transcurre hoy a tanta velocidad, y no todo el mundo dispone de la capacidad intelectiva suficiente para discernir sobre la verdad o la mentira de las informaciones que se les provee al instante, lo que hace aún más grave la “licencia interpretativa” con que muchos periodistas divulgan historias inventadas o deformadas sobre la realidad “real”.

Nadie parece hacer mayor hincapié en el hecho de que estas informaciones falsas contribuyen, además, a dar nacimiento a muchos regímenes políticos totalitarios LOGRANDO SOSTENERLOS EN EL TIEMPO y creando una suerte de “obediencia política y social” detestable.

“Un medio audiovisual debe defender su independencia ante el poder político y ante sus accionistas, PERO NO PARA HACER CUALQUIER USO DE ELLA, porque ¿acaso el periodismo puede pretender ser el único grupo social del mundo que goce de un privilegio de independencia que no esté limitado por ninguna regla  técnica, profesional o deontológica, salvo la que le dicta al periodista su propia conciencia y de la que él sería el único juez?”, se pregunta Revel.

Estas situaciones se agigantan en los períodos de crisis de una sociedad, momento en que los habituales mistificadores, agazapados detrás de sus embustes, sacan provecho de la confusión reinante.

En este comienzo de año 2018, clave para el afianzamiento del gobierno de  Cambiemos, vemos, por ejemplo, cómo van surgiendo poco a poco distintos focos de informaciones “intencionadas” escondidas detrás de ciertos agoreros, que, con el mayor tupé, nos van diciendo por encima del hombro a la par que diseminan sus falacias: “¿viste? Yo te lo advertí”.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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