Martes, 27 Febrero 2018 00:00

El aborto como grieta

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El debate por el aborto es un tema delicado y abre una nueva grieta. Como siempre, quiero comportarme con la mayor honestidad intelectual posible. Espero lograrlo. Yo sé que muchos oyentes se van a enojar conmigo, pero creo, que en el debate público cada uno debería dar su opinión sin miedos ni hipocresías.

 

Yo estoy a favor de la despenalización del aborto. Comparto absolutamente el lema: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”. Le aclaro de entrada mi postura que también incluye mi respeto por los que piensan distinto. Adhiero fervorosamente a sacar de debajo de la alfombra los temas conflictivos y ponerlos en la mesa del debate racional. No me gusta el oscurantismo. Esa frase que dice “De eso no se habla”, me parece el origen de todas las censuras. En democracia, se habla de todo. Con responsabilidad social y libertad.

No estoy de acuerdo pero comprendo y valoro a aquellos que quieren mantener penalizado al aborto. No los siento mis enemigos. Los siento mis conciudadanos con los que, igual que en toda sociedad, podemos llegar a consensos o disensos en distintos temas. Ese es el ADN de la democracia.

Estoy en contra de los fanatismos de ambos lados. De los que nos quieren imponer su verdad a los empujones. De los fachos de toda desfachatez como monseñor Héctor Aguer y de los troskos de toda tosquedad que son capaces de orinar o apedrear una Catedral. No creo que los que apoyan la legalización del aborto sean asesinos de bebes ni que los que están en contra sean asesinos de madres pobres.

Yo estoy a favor de la vida. Como dijo el ministro de Salud, Adolfo Rubinstein, “en los países que adoptaron el aborto legal, seguro y gratuito; bajó drásticamente la mortalidad de las madres.” Esa es mi mirada. Lejos del dogma religioso y cerca de una política de salud pública. Le doy un solo dato que me parece demoledor: en Argentina se hacen alrededor de 500 mil abortos al año, (clandestinos o ilegales, por supuesto) y en España, 90 mil.

La mayoría de los países del mundo tiene el aborto despenalizado hace años. Estamos hablando de naciones desarrolladas. En Estados Unidos es legal desde 1973, en España desde hace 8 años, en Uruguay hace poco pero los números demuestran cómo bajaron las muertes de embarazadas. Sin embargo, en Venezuela, sigue siendo delito después de 18 años de chavismo.

Con la excusa de combatir al liberalismo consumista, individualista y hedonista, muchas veces las iglesias han sido compañeros de ruta de populismos autoritarios. En este país, esta es la primera causa de muerte de las mujeres. ¿Escuchó bien? La razón más importante por la que se mueren las mujeres en la Argentina es por los abortos realizados en forma oculta y sin ninguna seguridad sanitaria.

En general, como siempre ocurre, el hilo se corta por lo más delgado y las que mueren son las más pobres de las pobres, las que no lograron ni siquiera educación para no tener embarazos no deseados o que fueron violadas y que no saben ni lo que es un anticonceptivo. Las mujeres de clase media para arriba, tienen otras posibilidades económicas y recurren a médicos y consultorios privados que les dan otras garantías.

Hay una lectura política de todo esto. Es la respuesta a la pregunta de porque el presidente Mauricio Macri habilitó este debate que le genera confrontación entre sus propios dirigentes y funcionarios y en su propio electorado.

Es una polémica que atraviesa transversalmente a los distintos partidos. Algunos dicen que Macri adoptó esta postura porque necesitaba una cortina de humo que oculte el malestar por la economía o que fue una respuesta a la persistente apuesta del Papa Francisco a la oposición peronista/ cristinista.

Los que quieren a Macri aseguran que en realidad esta es la confirmación de que Macri no es un conservador de derecha y que en lo cultural es un dirigente moderno que registra los cambios que la sociedad está demandando.

Así como Raúl Alfonsín abrió las puertas para el divorcio y Cristina las del matrimonio igualitario, Macri sigue ese mismo camino donde las creencias religiosas no se le pueden imponer a toda la comunidad.

Nadie obliga a ningún ciudadano a divorciarse ni a ser homosexual. Pero lo puede hacer y ser si tiene ganas y quiere sin que por eso se coloque fuera de la ley. Con el tema del aborto es lo mismo. El estado no está fomentando el aborto. Todo lo contrario. Con educación y anticonceptivos va a haber muchos menos abortos. Estoy seguro. Y con aborto legal va a haber menos muertes.

Insisto con lo que le dije al principio. Esta es mi posición y respeto la opinión contraria. No creo que María Eugenia Vidal o Esteban Bullrich sean malos dirigentes por defender la histórica postura de la Iglesia. Tampoco creo que Máximo Kirchner se convierta de golpe en honesto porque se puso un pañuelo verde y apoyó la despenalización. Este debate no debería hacer cambiar nuestras convicciones morales, éticas o ideológicas.

En este debate los únicos enemigos son los fundamentalistas. Los líderes partidarios ya dieron libertad de conciencia y los números legislativos todavía son confusos. Veremos si el proyecto que necesita una discusión a fondo y sin urgencias, finalmente se convierte en ley.

Para el Papa Francisco si sería un problema adicional a todos los que tiene. A pocos días de cumplir su quinto año como Sumo Pontífice estalló este tema en el que su postura es, obviamente, irreductible, como lo fue con el divorcio y el matrimonio igualitario.

En la historia de la iglesia, son dogmas confesionales que no están sujetos a discusión. Lo más importante es que los argentinos nos saquemos el peso del silencio y el ocultamiento. A los cristinistas no les gusta que se los recuerde pero la única verdad es la realidad: Macri abrió el debate y Cristina lo cerró durante 12 años con mayorías parlamentarias. Impuso su verticalismo que enmudeció a todos y a todas.

Tenemos un drama terrible que es el 15% de maternidad adolescente. Madres niñas que todavía no saben ni ser hijas. Es parte de la exclusión y la marginalidad que debemos superar con crecimiento económico, igualdad de oportunidades y educación de calidad.

Hay otro debate mucho más complejo que es el científico. ¿Desde qué momento existe una persona? Desde la concepción existe vida, dice el ministro Lino Barañao, pero las características como persona aparecen más adelante. Los países más avanzados del mundo no autorizan a matar niños, apuestan a salvar madres. Dice el científico Alberto Kornblit que no es correcto decir que el embrión es una persona desde el punto de vista biológico y social. Antes de las 14 semanas no hay actividad encefalográfica, no hay dolor.

La prestigiosa Organización Mundial de la Salud dice que hay 47 mil mujeres que mueren por año por esta causa. El proyecto que más consenso tiene asegura en su médula “que toda mujer debe tener derecho a interrumpir voluntariamente su embarazo en las primeras 14 semanas del proceso de gestación”.

Hay una nueva grieta en la Argentina. Que atraviesa la grieta anterior. Ojalá podamos demostrar como sociedad que hemos madurado. Que ya no somos el país jardín de infantes que denunció María Elena Walsh durante la dictadura. Somos grandes, o debemos ser grandes y pensar con independencia y sin tutelajes. Que nadie nos diga “Niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca”. En democracia, con libertad y responsabilidad, se puede hablar de todo. Y del aborto también.

Alfredo Leuco  
Fuente: www.alfredoleuco.com.ar

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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