Miércoles, 07 Marzo 2018 00:00

Un escenario repleto de zorros

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“Un verdadero zorro es el que no sólo llama verdes a las uvas que no puede alcanzar, sino también a las que alcanza y no quiere que los demás se las quiten” -Friedrich Nietzsche

 

Si volteamos nuestra vista en derredor, apreciaremos cuán fácilmente se integra la lista de políticos y sindicalistas “zorros” medidos por la vara del filósofo austríaco con quien hemos iniciado estas reflexiones. Existen numerosos indicios de que este tipo de “manada” se ha ido adueñando de la sociedad.

Quizá para todos ellos fue dedicado el discurso del Presidente Macri el día de apertura de sesiones anuales en el Congreso de la Nación, más allá de la valoración que pueda hacerse de algunos contenidos puntuales.

Con su larga enumeración de hechos en tiempo presente y propósitos de cara al futuro, trató de “suturar” (Cristina dixit) el debilitamiento del poder de instituciones ahogadas por una modernidad vertiginosa, que le impide a la sociedad encontrar un chaleco salvavidas.

Sus opositores se “fregaron” siempre en ellas olímpicamente, provocando que “la palabra COMUNIDAD, como modo de referirse a la totalidad de la población que habita en el territorio soberano del Estado, suene cada vez más vacía de contenido”, como hubiese dicho Zygmunt Bauman.

En efecto, el ambiente político heredado del kirchnerismo (detestable variante posmoderna del peronismo) tiene como rasgo distintivo promover la división y no la unidad, porque sus funcionarios premiaron siempre actitudes basadas en arbitrariedades, fomentando, de paso, liderazgos mesiánicos que trataron de ser impuestos a través de la estructura de sus gobiernos como “salvadores de la patria”.

En ese aspecto, las palabras del ingeniero Macri sonaron por primera vez en mucho tiempo como la expresión de una serie de convicciones CONCEPTUALES de su equipo de trabajo, que está poniendo la vista al frente sin revanchismos estúpidos.

Demostró saber –sin aludir a ello específicamente-, que en cada rincón de las estructuras políticas del Estado subsisten todavía liderazgos minúsculos que manejan territorios “hormiga”, donde se cultiva el despilfarro gaseoso de muchos zorros que no consiguen digerir la frustración de no poder comerse las uvas que ya no alcanzan, en gran medida porque el camino está sembrado aún de las “oscuridades” que ellos mismos propiciaron durante décadas.

La planificación a largo plazo sufrió así un impacto casi mortal, porque dichos liderazgos reflejaron solamente las necesidades “viscerales” de quienes promovieron proyectos de poco alcance y casi nula “maduración”, incentivando la cultura de la votación “en continuado” con el manifiesto propósito de privilegiar reelecciones indefinidas en todos los gobiernos y municipios del territorio nacional.

No puede entenderse pues qué significan, por dar un ejemplo al azar, las palabras de la actual gobernadora de Santa Cruz Alicia Kirchner –una muestra paradigmática de la descomposición conceptual alentada por muchos dirigentes políticos-, al anunciar la imposibilidad de financiar su gobierno porque “la alta variabilidad de los ingresos, nos impide esta certeza” (¿).

Si esta frase no es un monumento al caradurismo y la estupidez simultáneamente, debe andar bastante cerca.

A la “hermana” Alicia, opaca cuñada de la “faraona egipcia” -refugiada a piedra y lodo en el Calafate, su “lugar en el mundo”-, le cabe la metáfora de las uvas de Nietzsche como anillo al dedo. En ella, vemos una confirmación de lo que hizo “desaparecer” el kirchnerismo en su provincia, añadiendo de paso con maliciosa torpeza que “lo que resta es inalcanzable por este camino” (sic), aludiendo a Cambiemos como el presunto culpable de su “default” financiero.

¿A quién puede convencer con esta velada acusación respecto de quien jamás puso un pie en su provincia y por lo tanto tuvo nula injerencia en los despilfarros de la “imperial” familia K?

¿Y los gremios docentes? ¿Dónde están sus propuestas para el futuro? ¿En papeles arrugados dentro de los bolsillos del corpulento y mal entrazado Baradel?

No son más que maneras capciosas de fugarse hacia adelante deformando sus crímenes del pasado con justificaciones cínicas e infantiles para confirmar una vez más que la falta de valor esencial de un dirigente político de esta calaña consiste en “la destrucción del ser más racional por lo que hay de más irracional en él” (Nietzsche).

Solo habría que recordarle a la “hermana” Alicia, que lo que ocurre frente al árbol donde sigue viendo racimos que no alcanza ni montándose en una escalera, fue determinado por ella y sus conmilitones kirchneristas, POR LO QUE NO VALE DE NADA QUE SE ASUSTEN DE SÍ MISMOS. La historia los está retratando y confirma que hay quienes se sienten más apegados a las imágenes de sus propias divagaciones que a la realidad que tienen a la vista.

En este aspecto, se nos ocurre oportuno transcribir partes de un diálogo de Nietzsche entre el “caminante” y su “sombra” (él mismo): “La sombra.- Hace mucho tiempo que no te oigo hablar; quiero ofrecerte la oportunidad de que lo hagas.

El caminante.- ¿Quién es? ¿Dónde hablan? Me parece que oigo hablar, aunque con una voz más débil que la mía.

La sombra (tras una pausa).- ¿No te agrada tener la oportunidad de hablar?

El caminante.- ¡Por dios y por el resto de cosas en las que no creo! ¡Es mi sombra la que habla! La estoy oyendo, PERO NO ME LO CREO”.

Por lo expuesto brevemente en estas líneas, creemos en el valor del discurso conceptual de un Presidente que se vistió una vez más de Presidente, consistió en un intento válido para combatir los sentimientos de quienes parecen rendir un culto fervoroso al mal humor y la frustración como estilo de vida.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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