Viernes, 06 Abril 2018 00:00

La profanación de Cerruti y Rossi

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Cerruti y Rossi han profanado un tema sagrado como el de la violencia de género y los femicidios.

 

Es una pelea que todos tenemos que dar y extirpar al sectarismo y la utilización política permanente que hacen los fanáticos de Cristina. Hay que poner siempre en el centro a la víctima que es la mujer golpeada y asesinada. Defenderla, cuidarla, condenar a los que machos criminales que no merecen llamarse varones.

Es una batalla de toda la sociedad democrática y pacífica contra los asesinos de mujeres. Contra los que discriminan y humillan a las mujeres. Esa gran tarea no se puede banalizar ni vaciar de contenido como hicieron Cerruti y Rossi ayer. Tienen el ideologismo tan cerrado que ambos acusaron sin fundamento alguno de “machista, misógino”, o una expresión de “la violencia de género” a un simple papelito, ingenuo y hasta boludo, que el ministro Luis Caputo le envió a Cerruti.

Esa “agresión machista” tan grave como la caracterizaron Cerruti y Rossi decía textualmente: “Mis hijas tienen 11 y 13 años. No seas tan mala”. Y agregaba un dibujito, una especie de emoticón que denotaba cierta complicidad o pedido de clemencia. Fue una tontera de un ministro muy hábil para las finanzas y muy torpe para la política. Pero de allí a acusarlo de Machista, misógino y de fomentar la violencia de género hay un océano de diferencia.

¿Con que cara van a mirar ahora Cerruti y Rossi a las verdaderas víctimas de la violencia machista y femicida? ¿No se dan cuenta que con su sectarismo no hacen otra cosa que re victimizar a las víctimas de ese fascismo que destruye mujeres? No se puede hablar livianamente de temas tan sagrados. No pueden profanar situaciones tan dramáticas con el solo objetivo de llevar algo de agua para su módico molinito político.

Esta es una de las herencias más malditas que deja el kirchnerismo. No es solamente el gobierno más corrupto y más autoritario de la historia democrática. También es el grupo que fue capaz de profanar a los derechos humanos para ponerle camiseta partidaria y evitar que fuera un valor de toda la sociedad democrática. Usaron y abusaron de Hebe y también de Estela Carlotto.

A las madres las ensuciaron con dinero negro para que junto a Sergio Schocklender tuvieran que ir a la justicia a dar explicaciones de fortunas inexplicables. El resultado de toda esa actitud de intentar cooptar y ponerle su angosta camiseta partidaria a un tema gigantesco, es que hoy a las marchas del 24 de marzo van solamente los kirchneristas duros y la izquierda dura y queda afuera la mayoría de los sectores democráticos que repudian el terrorismo de estado y defienden la Republica.

De hecho este 24 de marzo y por segunda vez, desde el escenario, leyeron un texto que reivindicó y glorificó a las organizaciones armadas de los 70 que apelaron al asesinato y al tiro en la nuca como herramienta política. Y eso aleja más a esta presunta vanguardia esclarecida de la inmensa mayoría de los argentinos.

Es que viven en un frasco y se agitan entre ellos. Por eso no puede explicar las tres derrotas electorales consecutivas que sufrieron y el estado en que dejaron al peronismo, en terapia intensiva y en la crisis más grande de su historia. “Ustedes son un accidente de la historia”, les dijo ayer Rossi a los de Cambiemos. Un accidente provocado por Cristina, diría yo.

Cerruti y Rossi hicieron ayer lo mismo pero con otro tema sagrado, el de la violencia de género que merece toda nuestra energía y amplitud de cerebro para incorporar a esa batalla a la inmensa mayoría de los argentinos y no solo a un grupito que se cree dueño de la verdad.

Cerruti sobreactuó, dramatizó y exageró el tema con el objetivo de romper la sesión en el Congreso. Rossi, llegó a decir que Caputo fue violento porque tuteó a una diputada. ¿Escuchó bien? Decirle de “che” a una diputada es ejercer machismo. ¿Estamos todos locos o ellos tienen la desmesura como combustible? Rossi pidió la renuncia del ministro por esto. Rossi debería saber, por haber merodeado el peronismo, que “el ridículo es el único lugar desde el cual no se vuelve”. Lo decía el general.

Cerruti y Rossi deberían tener vergüenza por haber callado durante 12 años el tema de la despenalización del aborto. Por verticalismo o por chupamedias o por miedo a Cristina jamás, pero jamás, un dirigente K tuvo la osadía de hablar de ese tema. Eso es machismo. Eso es misoginia. Someterse por una presunta disciplina partidaria y mirar para otro lado en un drama tan grave. Eso no se olvida. Por más pañuelos verdes que se cuelgue del cuello Máximo Kirchner.

Y hablando de La Cámpora, violencia verbal de género fue cuando su comandante en jefe, Andres “El Cuervo “Larroque, le gritó “calláte atorranta” a Laura Alonso en pleno recinto.

O cuando Cristina le dice burra e hija de mil puta a Margarita Stolbizer.

O cuando Zaffaroni alquila sus 5 departamentos para que se ejerza la prostitución o evite el castigo de un violador despreciable en el caso Tiraboschi porque dice que la nenita de 8 años, que fue víctima, sufrió menos porque fue sexo oral y con la luz apagada. Repugnante apoyo a un violador.

Zaffaroni con ese fallo y con su actividad rentística prostibularia es el jefe de los misóginos, machistas y justificadores de la violencia de género contra una nena de 8 años. Y sin embargo es el gurú de Cerruti y Rossi.

Igual que Milagro Sala. Hay decenas de testimonios en la justicia de humildes mujeres jujeñas que fueron sometidas a la esclavitud y la servidumbre por la jefa de la Tupac Amaru. Hay que leer los expedientes de esas sufridas mujeres que fueron cacheteadas, trompeadas o castigadas con latizagos por Milagro Sala o su lugarteniente Shakira. Eso es violencia de género y no es papelito absurdo y frívolo de un ministro sin calle y que encima pidió disculpas a la media hora de haber cometido el papelicidio.

Y sin embargo Milagro no solo es una bandera de lucha de Cerruti y Rossi, también lograron meterla como líder en el colectivo “Ni una menos”. Con entrismo y aparateada, lograron que una mujer que se cansó de castigar violentamente a mujeres pobres sea una de las caras de la protesta contra la violencia de género.

Cosas insólitas de la falta de sentido común que no es de izquierda ni de derecha.

Violencia verbal de género es cuando Aníbal Fernández dice que Elisa Carrió está loca o no tiene todos los patitos en fila o es una “mugrienta en todo el sentido de la palabra” y encima dice que Carrió “es un animal” que lo fustiga porque “gusta de él”. Despreciable machismo jurásico.

Hasta el filósofo ultra K, José Pablo Feinmann humilló en radio América en su momento a María Eugenia Vidal. Están los audios donde Feinman dice “No podemos tolerar que esta chica tan linda haya ganado la provincia. Puede terminar en la trata de blancas, su belleza la condena”. Misógino, machista y troglodita por donde se lo mire. Habló como un proxeneta.

¿Dijeron algo Cerruti y Rossi de todo esto? Ojo con que el fanatismo ideológico sea el árbol que no te permita ver el bosque. Las consecuencias electorales son letales. Por eso Cerruti y Rossi se han cansado de perder en sus distritos. Ambos fueron fuertemente derrotados en las urnas. Y que no digan que es porque los porteños o los santafesinos se derechizaron. Estamos hablando de habitantes que en su momento eligieron a Aníbal Ibarra o parieron al Frepaso o la provincia que supo ser capital del peronismo y ahora del socialismo.

Es fácil acusar a los votantes de ser derecha y con eso calmar sus conciencias y su responsabilidad como mariscales de varias derrotas. Vivir en un frasco es lo peor que le puede pasar a alguien que pretende representar a un pueblo. Eso es un error político y cualquiera lo puede cometer. Pero banalizar y vaciar de contenido luchas sagradas como los derechos humanos o la violencia de género, es imperdonable.

No es ridículo. Es patético. Y de eso tampoco se vuelve.

Alfredo Leuco  
Fuente: www.alfredoleuco.com.ar

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