Lunes, 16 Abril 2018 00:00

Entre la nostalgia, el folclore y los ilícitos

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Barrionuevo apareció al comando del partido y distribuyendo nuevos espacios de poder.

 

Hay que decir “Ábrete, Sésamo”, cuenta la fábula, para que se abran las cuevas de los ladrones. ¿Quién posee esa llave en la Argentina? Los jueces. ¿Pero están todos ellos afuera de la cueva y con las manos limpias? No.

¿Llaves o ganzúas? Esa es la cuestión.

En esta semana hubo discordia sobre el dueño de las llaves del Partido Peronista. En otro tiempo quien las poseía manejaba el Reino del Poder en la Argentina.

Algunos sienten nostalgia por aquel pasado. Se pudo observar eso cuando el PJ cambiaba de dueño formal.

La TV exhibía a un hombre muy mayor de cabellera totalmente blanca que gritaba “Perón, Perón”, y que pegaba saltitos buscando cámaras. Estaba al lado de Luis Barrionuevo que en primer plano y ante los flashes contaba que César Gioja se había encerrado por propia decisión y con llave en una oficina de la sede del PJ.

No quería salir.

El anciano militante que sonreía detrás de Barrionuevo parecía muy concentrado y muy contento, como si una llama atávica y tribal encendiera su memoria y su alegría. Con ahínco quería interpretar la marchita, celebrando un round más de la festiva historia de las fricciones justicialistas que no cesan.

¿Dónde están los peronistas jóvenes?

En la sede de la calle Matheu hubo empujones y trompadas: folclore a granel de los tiempos del General, y Luis Barrionuevo a quien algunos analistas daban por muerto hasta hace muy poco, al comando del partido y distribuyendo nuevos espacios de poder en la CGT con los Moyano en retirada. El gastronómico fue designado interventor del PJ por María Romilda Servini de Cubría. Aceptó el cargo enseguida y dijo: “Soy un soldado de la Justicia”.

Y más tarde agregó: “Los de Unidad Ciudadana quieren usar al Pj de Madriguera” Luego cambió la cerradura de la llave del edificio y Gioja terminó de perder ese territorio movedizo desde donde logró adhesiones volátiles y críticas sin pausa. Se destaca la frase que les dedicó Cristina Kirchner al sanjuanino y a los suyos con esa manera tan singular que tiene ella de desacreditar a los que se supone ha vencido en su tiempo del desprecio: “que se suturen el orto”.

El cisma era concreto y terminó de blanquearse. Cristina Fernández va por un lado y el peronismo histórico por otro.

Mientras tanto en el mismo día, el martes : Suiza confirmaba que los hijos de Lázaro Báez eran beneficiarios de la firma Helvetic Service Group, a saber, la dueña de La Rosadita, donde se traficaban y blanqueaban los dineros sucios de notorios jerarcas de la era K, empezando precisamente por los Baez A la vez Alejandro Paul Vanderbroele declaraba ante el juez e implicaba explícitamente y directamente a Amado Boudou y a José María Nuñez Carmona en todos los ilícitos de los que también se lo acusa a él, a quien llaman “el belga”.

Se rompieron los velos de las complicidades, la omertá cumplió su ciclo y la verdad ya es inocultable.

Esa serie de moda; “La Casa de Papel” en la que un grupo de delirantes toma por asalto la casa de la Moneda y Timbre de España, aquí en la Argentina no fue una serie, sino una increíble realidad, sin tiros pero con desfalco.

Las que nunca llegaron a sus dueños fueron las llaves de las casas que jamás entregó Milagro Sala. Ese daño no pudo repararse. Pero ella está presa. Y también ahora está procesado Eduardo Fellner, el ex gobernador de Jujuy que supo desviar torrentes de dinero oficial para aquellas viviendas nunca concluidas y demagógicamente ofrecidas a los más necesitados.

La causa de Milagro Sala entusiasma más bien a un segmento de porteños autodenominados progresistas, urbanos y retóricamente politizados. En Jujuy la mayoría no extraña en absoluto ni la prepotencia ni la arbitrariedad de la Tupac Amaru.

El martes fue un día argentino y ajetreado: comenzaba la discusión formal sobre la despenalización del aborto, que abre los mares de otra grieta ahora transversal.

En el vendaval de noticias, cortes de calles y aumentos que no cesan, Natacha Jaitt declaraba ante el juez, y ratificaba nombres en ésta oportunidad bajo juramento.

No existe en el mundo un gobierno sin espías, lo que es menos frecuente y fuente de incertidumbres es un gobierno que no maneje a sus espías, un sistema de espionaje desgranado en diversas bandas autónomas. En el sórdido asunto de la pedofilia se habrían gatillado acciones depravadamente sucias para horadar nombres y maniobrar operando de la peor manera. Pero no todo lo que ha trascendido es falso. Es un asunto que trabajosamente sale a la luz desde el barro más putrefacto.

Las llaves de la Caja de Pandora de todos los demonios del espionaje clandestino ya se abrieron y hay muchos que buscan cerrar con siete candados lo que se va descubriendo.

Como escribió el narrador peruano Julio Ramón Ribeyro: “la vida se complace en ofrecernos compendios alegóricos de la realidad”.

Las escenas de ésta semana condensan tantísimo de la vida en estas playas; la historia que se repite en el boxing de los herederos de Perón, el PJ intervenido como otrora, la corrupción negada primero y desocultada progresivamente, las pasiones y redes prostibularias y encubiertas y lo más grave: la pedofilia encaramada en una sociedad en la que el abuso es asiduo, multiforme y cotidiano Al otro lado de la cordillera llegó alivio desde Roma: El Papa argentino, como se sabe, reconoció errores graves en la percepción del intolerable horror de los escándalos de abusos perpetrados por prelados en Chile. Lo habrían engañado jerarcas de la iglesia chilena condescendiente ante los vejámenes. Tras la investigación del arzobispo Charles Scicluna, su enviado, el Papa verificó ahora que los ultrajes ocurrieron con sistemática perversión. Instó a los obispos a “reparar el escándalo donde sea posible y a restablecer la justicia”.

Las llaves de la verdad empezarían a funcionar.

Aquí, en la Argentina Francisco juega su partido más relevante: no hay negociación posible respecto del aborto. Para el Vaticano no hay despenalización justificada.

Se lleva a cabo en el Congreso con un cierto aspaviento teleteatral una discusión esencial, física y metafísica.

¿Debe una mujer ir presa por abortar? Es un punto básico. ¿Con qué argumentos podría afirmarse que sí, que efectivamente es la cárcel el mejor “remedio” frente al aborto?

Dentro de cada uno de nosotros hay un sensor meteorológico que sabe detectar los vientos argentinos: las mareas que arrastran las hojas marchitas de la historia revoloteando en los vientos que las van hundiendo en el pasado.

Las escenas del PJ se perciben retrospectivas, la corrupción es regresiva, la pasión por lapidar mujeres es tan antigua como la impiedad, y el abuso de menores es la herida que infecta y mutila todo futuro.

Pero a pesar de todo, con zigzagueos y morosidad la vida continúa, pareciera que todo podría cambiar.

Pero no cambia la inflación.

No aparece la llave maestra que la apacigüe. No hay tsunamis a la vista pero sí temores y temblores. Y también un discreto principio de esperanza.

La inflación es la peste que le quita valor a todo, a la vida, al trabajo, y al país. Es un efecto de una rapiña que no se va. De codicias de diverso calado y también de comprensibles desesperaciones. Es la profana clave de una enfermedad que se enraiza y capilariza.

Es un síntoma de anormalidad que trasciende al tecnicismo económico. Es una evidencia de incertidumbres y precariedades.

La inflación no cede. Pero desde el gobierno afirman que cederá.

¿Es una cuestión de fe?

Probablemente sí.

Miguel Wiñazki

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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