Miércoles, 02 Mayo 2018 00:00

La obsesiva dependencia de las encuestas “proféticas”

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“Antes de la hora, no es todavía la hora; después de la hora, ya no es más la hora: la hora, es la hora” -Antiguo proverbio francés

 

La información sobre la realidad del futuro, responde casi siempre a la necesidad de los medios de comunicación de mantenerse “vigentes”, mientras muchos nos preguntamos si es sano que una sociedad –como la nuestra-, viva atenazada por la sobrevaloración de ciertas “proyecciones” de la opinión pública reflejadas en algunos portales mediante planillas muchas veces jeroglíficas y visiblemente intencionadas.

Dichas “proyecciones”, ¿pueden ser tenidas como un “avance” confiable respecto de un futuro que es imposible predecir frente a la diversidad “evolutiva” de una sociedad que se ha tornado más “temporal” que nunca, como señala Warren Bennis?

Al dejarnos influir por ellas en forma casi excluyente, ¿no quedamos apresados por una neurosis vinculada con cambios que nos ponen “a parir” y nos llevan a consumir con avidez pronósticos que “pinten” un futuro personal eventualmente más halagüeño?

¿No vivimos excesivamente acelerados en busca de respuestas para situaciones que sentimos nos llevan “por delante”, juzgándolas por el modo con que éstas entran y salen de nuestras vidas en el presente?

Alvin Toffler señalaba que “una de las razones para que nuestras imágenes interiores de la realidad cambien con creciente rapidez, es consecuencia del aumento de velocidad con que los mensajes cargados de dichas imágenes llegan a nuestros sentidos, por lo que la lealtad del individuo con aquella parece haber desaparecido”.

¿Mañana? ¿Pasado? Solo deberían formularse al respecto algunas previsiones RELATIVAS.

Sin embargo, muchos asuntos significativos por su impacto político, mueven en nosotros el deseo compulsivo de anticiparnos a un mundo QUE NO ES EL DE HOY, cometiendo serios errores de apreciación en nuestra marcha –de por sí muy compleja-, hacia el futuro, por lo que aceptar la influencia de encuestas que establezcan escenarios que serían de “resolución indefectible” (como afirman algunos especialistas), puede ser fatal.

La sociología contemporánea nos enseña que en un tiempo ya lejano, el hombre construía cosas para que durasen. Como la sociedad en la que vivía era relativamente inmutable, cada objeto tenía una función claramente definida y la lógica económica y social imponía su política de permanencia.

Una explosión demográfica fenomenal actualmente en curso y la consiguiente “globalización”, recrean hoy un escenario distinto, en el que impone su presencia una enigmática e incontrolable transitoriedad.

Dicho escenario, supone una pesada carga de adaptación para quienes hemos sido educados para vivir en un sistema social más lento, lo que nos obliga a reemplazar la “reparación” por la “sustitución”, por decirlo de alguna manera.

¿Sirven las encuestas entonces?

Por supuesto que sí. Ayudan a fotografiar “instantes” y “supuestas” tendencias; pero deberíamos desechar de ellas siempre las eventuales conclusiones “proféticas”.

En efecto, cuando los analistas intentan formular precisiones sobre el futuro, se topan siempre con la gran dificultad de que los cambios son consecuencia de crecientes imponderables “cargados” por los bienes y males propios de una época en que la comida instantánea, la educación y la tecnología instantáneas, e incluso las ciudades instantáneas, han pasado a ser fenómenos cotidianos.

Las supuestas “crisis” que se proyectan en estos días respecto de Cambiemos – por dar un solo ejemplo-, permiten sospechar que el camino elegido para gobernar de la coalición que se halla en el poder no pareciera ser del agrado de quienes vivieron años de un futuro “dibujado” y siguen interesados en “plantar” escenarios cuasi apocalípticos con el fin de arrear agua para su molino.

Más allá, por supuesto, de los aciertos y los errores que pueda cometer un gobierno que intenta sacar de debajo de la alfombra, COMO PUEDE, las distorsiones acumuladas por años de dispendios y “far niente”.

De algún modo, el cambio rápido, con el consiguiente aumento del número de problemas totalmente inesperados, hace necesaria una mayor información.

“Mucha más” advierte Toffler, “que otros que hayan sido resueltos DOCE O CIEN VECES con anterioridad, socavando las jerarquías verticales típicas de una burocracia”.

Posiblemente sea esa la razón por la cual los pronósticos de muchas encuestas de opinión suelan “pifiar” groseramente, al utilizar argumentos “deductivos” que no tienen en cuenta la esencia de una sociedad sacudida como nunca antes por una imprevisibilidad que obliga a modificar cualquier estilo de vida -a veces en horas-, volviendo inútil cualquier pretensión de “domesticar” el futuro a gusto y paladar.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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