Miércoles, 09 Mayo 2018 00:00

El peronismo en su laberinto

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“La inteligencia es el arte de salir de situaciones difíciles”  
-Henri Bergson

Estamos asistiendo en estos días a una lucha compulsiva del peronismo para seguir ¿pareciéndose a sí mismo?, que choca con variados obstáculos para resolver los enigmas de su propia ideología:

  • 1) Una superabundancia de “egos” entre sus dirigentes cada vez más intensa y frenética;
  • 2) Un retorno de pésimos candidatos, “reelevados” ante la opinión pública con una patética fidelidad a sus fracasos del pasado;
  • 3) No poder recuperar un “estilo” que le permita refrescar su actual irrelevancia, que lo ha convertido en un mero contestatario que solo intenta llevarse a sus adversarios por delante;
  • 4) La exhibición de sus tremendas dudas entre ponerse “a favor” o “en contra” del gobierno a través de reclamos conceptuales que huelen a naftalina;
  • 5) Su manifiesta incapacidad para vender un nuevo “superproducto” político milagroso;
  • 6) El nacimiento dentro de sus cuadros de “embriones” que pretenden diferenciarse, insistiendo en conferirle algún sentido a la antigua identidad ideológica y
  • 7) Seguir viendo en la modernización la causa de su decadencia actual, aferrándose a lo que “fue” alguna vez.

Sus dirigentes no han comprendido aún que muchas veces “en un deliberado anacronismo, se buscan en el pasado las claves para explicar el presente, pero ese pasado es a la vez interpretado partiendo de los códigos del presente, con lo cual se cae en un círculo vicioso” (Juan José Sebreli).

Asistimos así al espectáculo de un movimiento convencido de que “el tiempo irreversible es sustituido por el mito del eterno retorno” (siempre Sebreli), lo que causa una gran perplejidad que se refleja en las redes sociales que dicen verlos como si fuesen momias embalsamadas.

Momias que de los últimos 27 años estuvieron en el poder casi 24, asociados con una corrupción nunca vista antes, sin haberse hecho cargo jamás de las políticas antediluvianas ejecutadas que nos sumergieron en el pantano donde seguimos chapoteando.

Cuando critican a sus adversarios (nucleados primordialmente en Cambiemos), repiten arengas repletas de viejos apotegmas para apoyar herrumbradas estrategias que permiten vaticinar que si llegasen al poder nuevamente, se verían obligados a adaptarse a una nueva realidad social, lo que provocaría un choque que desencadenaría su crisis “vital” respecto de la realidad, creándoles (a ellos y a nosotros) nuevos problemas insolubles.

No obstante ello, sostienen el mismo discurso que los caracterizó siempre, creyendo que les serviría aún hoy para “poner la casa en orden”, ya que los males del presente se deberían –según su opinión-, a la debilidad de quienes les sucedieron.

Deberían por el contrario recordar las palabras premonitorias de Federico Pinedo (viejo) quien nos advirtió alguna vez: “no podemos pensar en aislarnos en nuestra infinita pequeñez PORQUE SOMOS INFINITAMENTE CHICOS y nuestro aislamiento, ensimismados en la ilusión de nuestra supuesta grandeza y poderío, no puede traernos sino enormes inconvenientes y grandes peligros actuales y futuros”.

De allí que suene absurda su insistencia en sostener que deberíamos adaptarnos nuevamente a las rutinas políticas “del peronismo de Perón y Evita” (¿), sin comprender que hoy serían impracticables, porque ya nadie camina por las bóvedas del tesoro del Banco Nación “pateando lingotes de oro” (Perón dixit), como producto de los acuerdos comerciales celebrados en aquel tiempo con Gran Bretaña.

Pero ¿qué saben de eso los jóvenes que han sido insuflados por la prédica de una supuesta superioridad “histórica” (¿), y siguen levantando con insolencia ante nuestras narices sus dedos índice y mayor para formar la “V” de una victoria anticipada?

¿De qué hablan sus dirigentes hoy? ¿De reconstruir poder para despertar “el sentimiento popular”? (¿cuál en especial?), ¿De “apuntalar las bases” de un movimiento que terminó derrotado por su aislamiento político? ¿De proteger la “actividad nacional” que permitió que se llenaran siempre los bolsillos con sobornos millonarios mediante el cierre de importaciones y la concesión de subsidios indiscriminados?

¿No resulta inconcebible que haya quienes sigan prestando oídos a conceptos políticos que parecen salidos de unas cuevas de Altamira posmodernas?

Es necesario rechazar definitivamente las “novedades” que salen de un laboratorio de ensayo que pretende seguir vendiéndonos sus pócimas con matrícula vencida para ponerse a la cabeza de una eventual “disidencia popular”.

La realidad de hoy, evidencia que el peronismo se aparta del buen camino arrastrado por un discurso que solo considera sus “eternas verdades”, no advirtiendo que todo cuanto edifica carece de cimiento y al tratar de conectarse con la misma no piensa en los objetos que la componen, porque sigue ocupándose, como siempre, de sus propias ideas.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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