Viernes, 11 Mayo 2018 00:00

La naturalización del apriete

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El fanatismo intoxica todo: hubo periodistas que festejaron la agresión a un colega.

 

Se ha anunciado un sistema de premios por manejar sobrios. No deja de ser curioso: un conductor que no supere el índice de alcoholemia punible tendrá el derecho de participar en un sorteo y si gana, no pagará el impuesto del automotor por un año.

En otras palabras, ponen incentivos para respetar la ley porque, está visto, sin esas promesas de premios (y aun con ellas) se detectan 12 casos por día.

En otras palabras, se descubre un/a conductor/a con nivel de alcoholemia prohibido cada dos horas. Nadie sabe cuántos de los que circulan por las calles de la Ciudad no son medidos.

La iniciativa apunta a disminuir ese índice peligroso y ese objetivo no tiene nada de criticable. Solo subraya el desapego de los argentinos a las normas.

Nada nuevo.

Si tuvieron que recurrir a este premio es que ninguna campaña hizo mella en esa conducta y los accidentes con muertos y heridos que se suceden no cambian esa convicción de ilegalidad.

Es otra desmesura que se naturaliza. Como las agresiones directas o indirectas que se suceden y que intentan ser presentadas como parte del folclore (fascista, en estos casos) nacional.

En Avellaneda, una gran parte de la tribuna de Independiente, popular y platea, coreó insultos contra Gustavo Grabia, un periodista reconocido por sus investigaciones sobre las barras bravas del fútbol.

Grabia se ocupó de las denuncias de abusos a menores en la pensión de Independiente, un caso que está dilucidándose en la Justicia. El coro contra este periodista no ha sido una original creación de los hinchas para mofarse del rival, sino una deliberada y violenta presión.

El miércoles a la noche cuatro matones que se decían kirchneristas atacaron a Nicolás Wiñazki, periodista de Clarín y TN, a una cuadra del Congreso donde había cubierto la discusión sobre el tope de tarifas que la oposición impuso en Diputados.

Fue otro apriete y una amenaza muy seria: “Te vamos a matar” ¿Cuándo? “Cuando volvamos”. ¿Adónde? Al poder.

¿Fue también una metáfora de este folclore del tablón que se ha mimetizado tanto con la política y vale todo? Wiñazki tuvo que salir del garaje donde había ido a retirar su coche en un patrullero de la policía.

La razón de la agresión: la cobertura que Wiñazki ha hecho de varios y resonantes casos de corrupción durante el gobierno de Cristina Kirchner.

El fanatismo hace aún más tóxico el ya tóxico clima político.

Este jueves en las redes presuntos “colegas” del agredido apoyaban el matoneo contra Wiñazki y se mofaban: “Te la mereceski”. Para ellos fue una simple joda.

Hay un estado de crispación política, de palabras inflamadas, de pasiones siempre en el límite del desborde que no cesa de alimentar más este clima de tensión.

Se confunde la firmeza en las posiciones y convicciones con la inteligencia, agudeza e ironía para argumentar, con la desmesura para agradar o no irritar a su facción.

Todavía el ataque a Julio Bazán en diciembre no solo sigue impune sino que ha sido increíblemente justificado.

Cualquier ataque o amenaza debiera ser investigado y sancionados sus responsables. Ni el Gobierno ni los legisladores ni los dirigentes pueden hacerse los distraídos y naturalizar a los matones de hecho y de palabra.

Quizás a alguno se le ocurra un sistema de premios similar al que describimos al inicio para penar y combatir el apriete fascista.

Ricardo Kirschbaum

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