Martes, 05 Junio 2018 00:00

Percepciones tardías

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“Percibimos cosas, tomamos conciencia de ellas y las ponemos en el centro de nuestra atención para convertirlas finalmente en objetivos de nuestra acción intencionada, SOLO CUANDO ALGO VA MAL; CUANDO FALLAN Y SE COMPORTAN DE UNA FORMA EXTRAÑA A LA QUE NO ESTAMOS HABITUADOS” –Martin Heidegger

 

Oír nuevamente el discurso desenfocado de la ex Presidente Cristina Fernández perorando durante 49 minutos sobre el tema de subsidios a las tarifas de servicios públicos enrostrando a Cambiemos su “insensibilidad” con los que menos tienen resultó un verdadero fastidio.

Fue a todas luces una provocación sin igual de quien dejó con su esposo fallecido un país con un 30% de pobreza estructural, merced a políticas exóticas acompañadas por una rapiña inédita de los dirigentes de su partido “para la victoria” (¿).

Hasta este momento había permanecido inusualmente callada durante un tiempo, por consejo, según dicen, de un asesor extranjero (tan solo ella que defiende hipócritamente el interés nacional), que intenta cambiar su imagen popular de sabelotodo.

Su amor propio mal entendido la volvió a exhibir en esta ocasión con sus cualidades naturales intactas: vana, contradictoria, encendida y con su hábito de querer singularizarse a través de un sentimiento de constante oposición a todo lo que no haya salido de su brillante cabeza “napoleónica”.

Oírla fue un nuevo dolor de estómago. Sobre todo, al comprobar una vez más que “una realidad cruel no ha venido todavía a desengañarla, cuando en sus accesos de sinrazón se entrega sin medida a la vanidad de sus proyectos; por lo que no suele haber otro medio para resistirla que callar, y con los brazos cruzados y meneando la cabeza, sufrir con estoica impasividad la impetuosa avenida de sus proposiciones aventuradas, de sus raciocinios incoherentes, de sus planes descabellados”, como hubiera dicho Jaime Balmes de su oratoria vacua, malintencionada y falaz.

Quizá esta intervención suya resulte favorable para Cambiemos, porque muchas personas como la hoy senadora “se deslustran y suelen provocar una cierta burla por un tono de superioridad que choca e irrita, o atrae los dardos envenenados de la sátira” (siempre Balmes).

Parecería que todo lo que queda de un peronismo que se revuelca por el dolor de sus heridas políticas, es su retórica para incomodar a quien gobierna y el constante ejercicio de letanías oratorias que detectan su soberbia, sin apercibirse que ya no es tiempo de autoalabanzas ni de idolatrías, sino de abandonar las conductas autoritarias y mafiosas.

Las lisonjas que se prestan entre sí los peronistas, solo buscan la consideración de quienes eventualmente puedan estar distraídos y sin un manual de historia a mano para confrontar la falsedad de sus aseveraciones.

Esto ha vuelto a vivirse con los discursos de la Fernández y también de Pichetto, Solá, Massa y compañía respecto del tema de las tarifas de servicios públicos.

Todos ellos –y muchos otros dirigentes del partido “justicialista” (¿)-, se sienten con la autoridad suficiente para pontificar sobre una realidad que ellos mismos ayudaron a desarrollarse: la argentina de la improvisación y el chantaje político.

Sin embargo, mucha gente demuestra estar cansada de sus ocurrencias pirotécnicas, sus golpes de ingenio vulgar y los tristes desenlaces de ciertas pócimas políticas “mágicas”, que no sirvieron para superar su falta de capacidad para resolver las dificultades que debieron afrontar cuando estuvieron en el gobierno, NI EL TINO SUFICIENTE PARA VENCERLAS.

Algunos pasos vacilantes de Cambiemos los ha devuelto transitoriamente al escenario político con el mismo discurso de “redención” con el que se retreparon al poder una y otra vez durante años, levantando sus encumbradas torres de Babel con la esperanza de que la cima de ellas podría permitirles llegar al cielo.

Se equivocaron rotundamente. Hoy se los ve como una banda de malhechores.

La reiteración de sus conductas ineficientes que nos llevaron al actual estado de postración social, deben prevenirnos contra los estragos de acciones extraviadas que nos fueron alejando del resto del mundo, al punto que llegamos a ser considerados “indescifrables”, ahuyentando al capital necesario que sirviese para explotar nuestras riquezas naturales.

El kirchnerismo, el peronismo “racional” y todas las variantes “enciclopédicas” del socialismo nacional redistributivo y emisor de moneda falsa que representan, solo han servido para desarrollar un germen maligno: el fortalecimiento de la creencia popular de que munidos con nuestra supuesta “virtuosidad natural” podríamos superar siempre las dificultades, levantando al mismo tiempo nuestro dedo acusador en la cara de un mundo que no ha sabido reconocer nuestras “excelsas” virtudes colectivas.

¿No habrá llegado el tiempo de renovar estos postulados sofísticos y “arrancar” de una buena vez hacia alguna parte?

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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