Jueves, 28 Junio 2018 00:00

La deshonestidad de los vanidosos

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Muchos sindicalistas vanidosos están tratando de explicar de un modo capcioso los asuntos concernientes a un Estado destruido –que ellos mismos contribuyeron siempre a “petardear”-, a fin de acomodarlos a sus conveniencias personales.

 

Es el modo que eligen inveteradamente para propiciar revueltas populares que les permitan derrotar a enemigos que solo existen en un montaje “emocional” de su expresa mala fe.

Sus exigencias de la hora para que el gobierno de Cambiemos reinstaure el clásico “providencialismo” político al que son tan afectos, está teñido por las apelaciones a una historia deformada a través de conceptos “heroicos”, que pretenden provocar la exaltación de las masas populares mediante postulados pseudo “revolucionarios” con los que dicen perseguir “el bien común” (¿).

¡Vaya hipocresía!

Oírle argumentar a Hugo Moyano, en apoyo del paro general del lunes 25, que “con Cristina al menos se comía”, solo sirve para exhibir la impudicia de algunos dirigentes que, como él, solo evidencian luchar para que su poder no se diluya y les permita seguir manteniendo sus “negocios” personales “sine die”.

Alguno de sus conmilitones, decía en privado en esta ocasión: “¡ganamos hermano, ganamos carajo!” (sic).

Y nosotros nos preguntamos ¿qué ganaron? ¿Haber contribuido q que triunfara la barbarie sobre la civilización? ¿Apostar una vez más a una democracia “vibrante” encaramada en la tribuna de la desmesura?

En realidad, usando palabras del historiador mexicano Enrique Krause, “no hay más leña que la que arde y, hoy por hoy, ni hay proyecto revolucionario alguno ni, por otra parte, ningún noble espíritu castrense acaricia la idea de sacar su glorioso sable para aprontarse al clásico sacrificio por la patria. Solo existe la inmensa calma chicha de las democracias”.

Entonces, ¿qué?

Son ellos, el kirchnerismo peronista y algunos partidos de izquierda quienes contribuyeron a que debamos “fumarnos” hoy diez millones de pobres, mientras ¡oh maravillas de la redistribución! nos robaban a los demás para enriquecerse escandalosamente.

Esa es la realidad.

¿Qué otro camino le queda entonces al actual gobierno, o a cualquier otro en las mismas circunstancias, sino ser austero, tratando de que “lo que queda” alcance a como dé lugar hasta que se equilibren nuevamente las cuentas públicas?

Pero no. Los jefes sindicales –tan gordos por bien comidos, y acaudalados como el “camionero” millonario-, pretenden mantenerse en lugares protagónicos que les otorguen un “toque distintivo” para cumplir con el sueño secreto de llenar el escenario social con la presencia asfixiante de su “YO”, sin comprender que la democracia no se canaliza a través de desórdenes “reivindicativos”, ni violencias discursivas.

El peronismo posmoderno, tan bien representado por estos nuevos millonarios de la política sindical como Moyano, se muestra por su intermedio como un ave rastrera que se fatiga revoloteando constantemente a nuestro alrededor para destacar que toda demanda política se resuelve siempre sencilla y llanamente dándole a cada uno lo que pide, ignorando ex profeso una historia que los ha tenido como los verdaderos precursores de un derroche que nos ha conducido al actual derrumbe económico y social.

Irritados, exasperados, quizá sedientos de venganza, no tienen otro recurso válido que lanzarse contra quienes quieren cambiar sus tradicionales mecanismos de adocenamiento respecto de las masas trabajadoras que –está visto-, no parecen dispuestas a ajustarse a ninguna realidad.

Sobre todo a la que indica en las columnas del “debe” y el “haber” (como en las matemáticas escolares), que hace falta encontrar un equilibrio que actualmente no existe, y fuerza al gobierno –más allá de errores y resistencias iniciales por su parte-, a tomar medidas impopulares QUE DEBERÍAMOS HABER ADOPTADO HACE MUCHOS AÑOS.

La verdad no cambia porque se trate de excitar el entusiasmo popular a través de discursos fogosos, con la mezquina intención vanidosa de lograr aplausos que consigan alimentar las chispas de algunas conflagraciones que podrían potenciarse, en razón de la sensibilidad de una sociedad que continúa haciendo una profesión de fe de las mismas recetas catastróficas que nos llevaron A TODOS a nuestra actual frustración.

Los habituales discursos “tribuneros”, conteniendo axiomas de supuestas máximas de eterna verdad, no responden sino a los ensueños de quienes solo intentan explotar la buena fe de los menos avisados.

De eso se tratan ciertas huelgas irreflexivas y salvajes, propiciadas por la voluntad maliciosa y despótica de corporaciones mafiosas que detentan la representación del poder popular -a través de sus clásicas maniobras para sucederse indefinidamente en sus cargos-, respondiendo al instinto de conservación de sus propios privilegios personales.

Por eso le decimos al dirigente sindical que vivió esta jornada como un match deportivo (y a todos los demás): “así ¡perdemos todos, carajo!”.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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