Jueves, 19 Julio 2018 00:00

¿Lo peor ya pasó?

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Por vez primera en décadas, todas las encuestas conocidas coinciden en una serie de puntos, a saber: la caída en la imagen de los principales protagonistas de la política nacional; la desconfianza mayoritaria que genera hoy la administración de Cambiemos; las pocas expectativas de la gente acerca de mejorar sus condiciones de vida el año próximo; el estancamiento del macrismo, en punto a la intención de voto, en torno a 35 % y, por último, el sostenido ascenso de Cristina Fernández que, en el supuesto de una segunda vuelta electoral, se ubicaría -apenas- seis o siete puntos debajo del oficialismo.

 

Si las urnas hubiesen sido desempolvadas y estuviésemos a semanas de habilitar los cuartos oscuros a lo largo y ancho del país, los porcentajes antes apuntados significarían que la reelección de Mauricio Macri estaría asegurada. Pero faltan recorrer todavía quince meses hasta que se substancien los comicios presidenciales. Razón de más para analizar estos relevamientos con base en la siguiente pregunta: ¿lo peor ya pasó?

Véase que existe una diferencia substancial según se considere que la crisis cambiaria es cosa del pasado -sin por ello dejar de lado las consecuencias que, inevitablemente, se extenderán en el tiempo- o pensar, por el contrario, que la tormenta aun no desapareció y que puede hacerse presente, con mayor intensidad, en el semestre que acaba de comenzar o en el primer trimestre del año que viene. En la Casa Rosada consideran que se vislumbra la luz al final del túnel y, de cara a los comicios, la estrategia de campaña ha sido delineada en consonancia con esta certeza. La composición de lugar que hacen en Balcarce 50 se basa en dos factores que el presidente, su jefe de gabinete y su asesor estrella, dan por seguro: 1) que el peronismo tradicional no está en condiciones -atento a la proliferación de aspirantes anotados en sus filas y la poca musculatura electoral del conjunto- de alumbrar un candidato que llegue a octubre de 2019 con probabilidad de terciar en la disputa y 2) que la contrincante a vencer será la viuda de Kirchner.

A partir de la convicción de que, en términos económicos, la Argentina va a estar mejor en agosto del año por venir que ahora, imaginar a la ex–presidente en un ballotage resulta un escenario ideal para Cambiemos. Ello en virtud de que el crecimiento de la líder de Unidad Ciudadana es directamente proporcional a la capacidad de capitalizar el enojo, desazón, desconfianza o hartazgo -como prefiera llamárselo- suscitado en vastos segmentos de la sociedad, debido a la falta de resultados del gobierno. Si las desventuras tendiesen a desaparecer y dentro de quince meses la situación social fuese otra, quien aprovecharía el ciclo virtuoso no sería -precisamente- Cristina Fernández sino Macri.

Claro que no hay unanimidad sobre el tema. En tren de conjeturar, no son pocos los que piensan que lo peor no pasó -ni mucho menos- y entonces razonan de manera distinta. Por de pronto, apuntan a un conjunto de factores externos a los cuales sería insensato no prestarles la atención que merecen. Los tiempos del dinero barato son historia y el ciclo presente es alcista. Además, la suba de tasas de la Reserva Federal de Estados Unidos no tiene marcha atrás, y la guerra comercial declarada por Washington, a expensas de Pekín y de buena parte de Europa, si bien es de final incierto puede perjudicar, en mayor medida, a las economías emergentes y subdesarrolladas que a las del primer mundo. Si de puertas para afuera los vientos no parecen sernos demasiado favorables, de puertas para adentro el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional obliga a un ajuste de proporciones, cuyos efectos beneficiosos -suponiendo que se cumpla a rajatabla lo acordado- difícilmente puedan apreciarse en toda su magnitud a la hora de votar.

En resumidas cuentas, creer que la crisis no tocó fondo y que no sólo 2018 sino también el año próximo serán de vacas flacas -o acaso famélicas- es dejar abierta la posibilidad a unos escenarios que hubiesen parecido disparatados hace cuatro meses. Es cierto que nadie sabe cuál de las dos visiones merece más crédito -si la de Cambiemos o la de sus contrarios, en la materia. Pero, precisamente porque carece de sentido descalificar un razonamiento en virtud de que el mismo no nos gusta, el figurarse una nueva crisis financiera; la salida anticipada de Macri; la entronización de María Eugenia Vidal como candidata presidencial de la coalición gobernante, o el triunfo electoral de Cristina Kirchner, no son opiniones provocadoras.

Con mejoras en el salario real, en el poder adquisitivo y una baja significativa de la inflación, el actual jefe del estado será reelecto, la gobernadora de Buenos Aires lo acompañará en el cargo que ocupa hasta 2022, Cambiemos se consolidará como coalición y -sin prisa y sin pausa- renacerá la confianza perdida en el gobierno. Alguien podría contestar, no sin motivo: - ¡Chocolate por la noticia! Sin embargo, no está escrito en ningún lado que esto vaya a suceder con fuerza de necesidad. Lo que pase de aquí en adelante dependerá de la competencia del macrismo; de la buena voluntad de los mercados de deuda; del clima; de la paciencia de los argentinos al momento de soportar los rigores del ajuste; de las decisiones que adopte Cristina Fernández, y -sobre todo- de los resultados palpables, en el campo económico y social, que arroje la acción de gobierno.

Así como Macri no tiene opciones y, por lo tanto, está obligado a realizar una impopular tarea de ajuste, a la viuda de Kirchner le sobra tiempo. Carece de urgencias para decidir si será de la partida en las PASO de agosto del 2019 -algo que recién decidirá finalizado el primer trimestre del año venidero- y no hay competidores que se hallen en condiciones de hacerle sombra. La razón es sencilla: está posicionada en un lugar del cual nadie se halla en condiciones de desalojarla. Encarna la oposición frontal, sin miramientos ni cortapisas, al modelo macrista; y resultará tanto más beneficiada cuanto mayor sea el acento crítico que le ponga a su discurso.

Mientras Urtubey y Massa -los candidatos con más posibilidades de encabezar la fórmula del PJ- hacen piruetas para cuestionar el ajuste y, al mismo tiempo, defender la gobernabilidad, Cristina Fernández se diferencia nítidamente de ellos. En medio de un contexto recesivo, la ex–presidente -sin por ahora levantar la voz ni salir a torear a sus enemigos- es considerada por todos -propios y extraños- la figura por excelencia del arco opositor. En silencio posee hoy una intención de voto envidiable. De momento, le alcanza para llegar al ballotage y perder. Sólo que, con la foto de hoy, es imposible hacer un pronóstico serio. Vale, eso sí, para poner de manifiesto qué tanto ha cambiado la situación, en tan poco tiempo.

Vicente Massot

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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