Miércoles, 25 Julio 2018 00:00

¿El regreso de Cristina?

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El gran filósofo catalán Jaime Balmes, escribió en su tiempo sobre las “imposibilidades”, clasificando las mismas en: a) absolutas o metafísicas b) naturales; c) morales u ordinarias y d) de sentido común.

 

Apelando a dicha clasificación, consideramos que el eventual regreso de Cristina Fernández a la Presidencia de la Nación (si decide postularse en un acto de testarudez política), cumple satisfactoriamente con los requisitos negativos de al menos dos capítulos de ella: las morales u ordinarias y la del sentido común.

“La imposibilidad moral u ordinaria es la oposición al curso regular de algunos sucesos”, señala Balmes, “y se trata del eventual “auxilio” para una causa extraordinaria o imprevista que tiende a torcer el curso normal de los mismos”.

En el escenario actual, no parece haber nada de imprevisto, ni extraordinario, ni anormal, en las vicisitudes que afronta Cambiemos, porque el hecho de que sus funcionarios deban luchar con una situación económica espantosa no es más que la consecuencia del delirio de un kirchnerismo rapaz y corrupto que trató de hacernos creer (como algunos otros gobiernos antes, seamos sinceros), que se puede vivir de dádivas y subsidios proporcionados por un “Estado de bienestar sin restricciones”.

Esto no significa que el camino elegido sea el más eficaz, pero después de tantos años de frustraciones, se percibe al menos que hay “voluntad humana” de cambiar el rumbo. El tiempo dirá si se hará COMO ES DEBIDO.

En cuanto a las imposibilidades del sentido común, “hay imposibles de los cuales no puede decirse que lo sean con imposibilidad absoluta, ni natural; y, no obstante, vivimos con certeza de que lo imposible no se realizará porque un vicio virtuoso es un imposible absoluto, ya que es como si el vicio fuera y no fuera vicio al mismo tiempo”, sostenía Balmes.

Hay quienes intentan jugar con las necesidades de mucha gente desconcertada y temerosa, lanzando nuevos globos de ensayo (¡hasta cuándo!), con la insinuación de que “Cristina será candidata y puede ganar”, queriendo transmitir un mensaje político “potente” (¿).

Son los políticos que mueven como siempre los hilos del ilusionismo; a los que se suman, entre bambalinas, ciertos empresarios y sindicalistas, que ya no tienen cómo “empollar” sus negocios al calor de un gobierno que intenta cerrar algunas “filtraciones” dentro del esquema del poder.

¿Qué puede tener de alarmante que la señora Fernández presente su candidatura? Además, ¿lo hará en realidad cuando su tradicional soberbia le haga saber que su regreso es casi imposible?

En segundo lugar, ¿será posible cambiar la imagen de quien sigue siendo un alimento político que sólo produce indisposiciones gástricas en quienes no pueden “digerirla”?

Está por verse.

Creemos que el anuncio temprano de su eventual candidatura presidencial no responde más que al interés de los que no soportan haber quedado en medio de la ruta sin vehículo para transportarse. Son ellos los más interesados en propalar las conclusiones de sus “fumatas” internas, tras abandonar el poder en 2015 y haber perdido el rumbo político y gran parte del favor popular.

Habría que recordarles que el curso ordinario del tiempo “no vuelve ni tropieza”, como señalaba Góngora, quien advertía que hay quienes suelen atribuir a sus deseos mucho más que lo que la realidad indica con su sola presencia, PARA TERMINAR VIENDO FINALMENTE LO QUE NO HAY EN ELLA.

El cambio que sospechamos llegó para quedarse -aunque no sepamos aún en qué dirección marchará y si el actual Presidente será su adalid-, depende del planteamiento de estas cuestiones, que deberán resolverse de cara al futuro sin utilizar la épica de un discurso político que nos inundó por años.

Lo que se percibe sí es que, desafortunadamente, mucha gente se empeña en cambiarle la silla de lugar al ingeniero Macri cada vez que se sienta a comer.

Nuestra opinión: estamos convencidos que lo único positivo de una eventual candidatura de Cristina para confrontar con la coalición gobernante, es que indicaría claramente si estamos dispuestos a sepultar un pasado de conductas colectivas inaceptables Y COMPROBAR SIMULTÁNEAMENTE CUÁNTA GENTE ESTÁ DISPUESTA A ACOMPAÑAR EL CAMBIO QUE RECLAMA, MIENTRAS PERMANECE SENTADA EN UNA CÓMODA POLTRONA.

Si no se entreviera una voluntad popular firme de terminar con la corrupción y los eufemismos de la política, de nada servirá que gobierne Macri, Cristina o Juan Montoto.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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