Miércoles, 08 Agosto 2018 00:00

Gloria in excelsis deo

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Saber qué tipo de sociedad se desea, implica ponerse de acuerdo sobre qué límites morales de tolerancia pública están dispuestos a sostener los individuos que la componen.

 

También supone reconocer claramente cuáles son las situaciones extremas que podrían ponerla en peligro de disolución, por atacar las normas esenciales de convivencia.

Estas dos definiciones deberían ser tenidas en cuenta en cualquier escenario político.

Los que carecen del coraje necesario para entender estos conceptos como una “cuestión de conciencia”, deberían saber que se llega muy fácilmente a la anarquía cuando la conducta de quienes desde “adentro” del poder se apoderan de los instrumentos necesarios para expoliar a la sociedad en beneficio propio.

Cualquier discurso partidario que se esboce sobre la reciente aparición del gigantesco iceberg conformado por los cuadernos marca Gloria del ex militar y chofer de remis Centeno, pasarán a tener una sonoridad arcaica si cada uno de nosotros, haciendo un sentido acto de contrición, no decidimos decirnos en la intimidad: “Ça c´est suffit pour mois” (esto es demasiado para mí); como suelen señalar los franceses cuando una situación les ha llegado al cuello y los asfixia.

¿Ocurrirá así en los días por venir? Resulta difícil anticiparse a vaticinar el nivel de repugnancia popular que generen estos hechos políticos aberrantes que han quedado expuestos “en carne viva”.

J.F. Stephen, sostenía que una sociedad no puede mantenerse unida “SIN UNA FILOSOFÍA PÚBLICA QUE COMPRENDA VALORES TANTO POSITIVOS COMO NEGATIVOS; UN CONSENSO QUE COMPRENDIESE TANTO LOS FINES COMO LOS LÍMITES DE LA POLÍTICA”.

Nos parece que ha llegado el momento de plantearnos las revelaciones del “cuadernogate” en esos términos, dejando de lado el preguntarnos si son ocho, si la letra es cursiva, si hay algunos errores de ortografía en la redacción y otras insustancialidades por el estilo. El Juez Bonadío y el Fiscal Stornelli causan la impresión, por la seguridad de sus movimientos, que hay una marea de otras pruebas que irán saliendo a luz cuando se levante el secreto del sumario judicial.

Parecen haberse confirmado de tal modo muchos testimonios de la formidable red de corrupción montada por los K que ya conocíamos por algunos videos: la “rosadita” de Elaskar, la “vinoteca” de Báez, los bolsos de López, el recuento de fajos de billetes dólar en oficinas de Puerto Madero, gracias a los cuales se quedó sin marido (el inefable Rossi) Ileana Calabró, etc.

A la vista han quedado, por las probanzas y declaraciones de al menos cuatro “arrepentidos” (por el momento), sofocados por el peso de las pruebas, las circunstancias históricas que representan el esqueleto de la venalidad y la corrupción en nuestro país, que podrían desencadenar hechos sociales muy violentos a poco que sigan las investigaciones.

Porque no deberíamos condenar al kirchnerismo solo por las ineficiencias de su tarea política, que consistió en crear una burguesía empresarial “amiga” y otorgar numerosos susidios y prebendas a troche y moche, sino por las cosas temibles que hicieron en la oscuridad durante su permanencia en el poder, primero en Santa Cruz y luego en el nivel nacional.

Néstor y Cristina Kirchner, y la “banda” que los acompañó recibiendo alguna “moneda” por su silencio y complicidad, explotaron en su provecho las “aperturas” políticas que el sistema democrático les ofrecía y consolidaron una asociación mafiosa truculenta de cariz cinematográfico.

Actuaron con el mismo cinismo con que manifestaba Néstor en un video grabado, que habían juntado con su esposa unos “27.000 pesitos” (¿) para poder comprarse un “terrenito” y construir una pequeña vivienda para vivir dignamente, mientras ya estaba en marcha el plan para expoliar al Estado, quedándose con sumas apabullantes que encarecieron el costo de las obras públicas que se ejecutaban, supuestamente, para promover nuestro “bienestar”.

En el video y mientras Néstor habla, puede apreciarse su semblante inexpresivo y frío. Si se nos permite, el de un auténtico “gangster”.

Con su esposa, la faraona egipcia parlanchina, eligieron actuar en la clandestinidad más flagrante, sumergiéndose en un submundo de complicidades “verticales” para eludir todos los controles, porque su standard de actuación fue acumular dinero ilegalmente en forma “física”.

Mientras ello ocurría, señalaban con el dedo a todos los que les cuestionábamos públicamente sus políticas despóticas. “Vamos por todo”, aseguraba Cristina con un movimiento de labios claramente visible en un acto público en Rosario.

Hoy sabemos que estaba referido a las exacciones desfachatadas que han distorsionado los principios sagrados de la democracia que les permitieron acumular dinero durante años (¿veinte?) con una impudicia repugnante.

Los fundadores del kirchnerismo, sin ninguna duda, fueron un verdadero prototipo de la criminalidad de alto vuelo.

Hay mucho más que puede y debe decirse, pero en este momento nos embarga un sentimiento de aguda indignación, y solo nos preguntamos intrigados si el mismo se extenderá a lo largo y ancho del país para escribir la segunda parte del “Nunca más”. Esta vez, referido a la desfachatez de políticos, sindicalistas y empresarios corruptos que durante años robaron el acceso a una mejor calidad de vida a mucha gente pobre.

Por ahora, entonamos el salmo cuyo nombre da título a estas reflexiones. Quizá lo que no hemos sabido hacer por nosotros mismos, construyendo una sociedad ética y civilizada, nos sea impuesto finalmente desde el Más Allá (Carrió dixit).

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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