Viernes, 17 Agosto 2018 00:00

Lavajato y cuadernogate: Brasil no está tan lejos

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El Peronismo Federal no puede repetir la actitud pasiva del último miércoles sin pagar un costo político por ello.

 

A esta altura de la situación, los medios vacilan sobre cuál tema priorizar en sus titulares y en sus comentarios. El expediente de la corrupción disparado con los cuadernos que llegaron a manos de un periodista de La Nación (Diego Cabot) así como sus coloridas secuencias (arrepentimientos de empresarios, resoluciones judiciales, actitudes legislativas, etc.) compite por las primeras planas con las desventuras económicas (inflación, comportamiento del dólar, pérdida de reservas, etc.).

MODELO ANACRONICO

Si bien se mira, hay una relación entre una esfera y la otra, pero por el momento ni el público ni los comentaristas apuntan el microscopio sobre esos vínculos. La saga de los cuadernos es el revés de un sistema productivo ("un modelo") que ya era anacrónico mucho antes de que la familia Kirchner lo colonizara con objetivos propios.

Ese modelo, que invoca como pilares totémicos la sustitución de importaciones, el mercado interno, el empleo y la distribución del ingreso hace tiempo que quedó sumido en la impotencia. El período K dejó un saldo de pobreza, desocupación y dependencia externa cuyo lado de atrás eran los subsidios, los sobreprecios y las coimas como mecanismo de acumulación.

Hubo tiempos en que la Argentina practicó con virtud la sustitución de importaciones como camino de desarrollo: la crisis de los grandes centros capitalistas y la guerra autorizaron e impulsaron ese curso de acción, pero a la larga sostener ese modelo fue demasiado caro para las espaldas argentinas: se pagó con inflación, pérdida de competitividad, déficit comercial, retraso productivo, desempleo estructural.

La lógica del subsidio y la colonización del empresario contratista se desliza naturalmente al delito y a su hipérbole, que es lo que los cuadernos y las confesiones van revelando en detalle. Estos hechos ponen en los primeros renglones del orden del día una reforma económica que se base en el eje inversión, productividad, exportaciones. Es un cambio indispensable pero habrá que ver si se pueden observar sus rasgos en los tiempos cortos por los que transita la perspectiva primordialmente electoral del Gobierno. La tarea requiere un esfuerzo colectivo, pero es difícil convocar a sacrificios si se privilegia una lógica sectorial. Habrá que ver si la sucesión de arrepentimientos y pesquisas judiciales provoca cambios en la conducta de la política.

POLITICA Y JUSTICIA

El miércoles, en el Senado, una combinación de factores impidió que se diera autorización a la Justicia para allanar tres domicilios de la señora de Kirchner. Faltó un voto para que pudiera tomarse la resolución y hubo en Cambiemos dos ausencias (una de ellas, la del senador Esteban Bullrich, figura prominente del oficialismo).

El bloque Peronista Federal, aunque su presidente, Miguel Pichetto, se pronunció a favor de dar el permiso solicitado por el juez Bonadio, no sentó a todos sus miembros. Así, la culpa por no dar la autorización se repartió entre las dos fuerzas mayoritarias, como si ambas hubieran acordado darse una semana más antes de facilitar "el allanamiento más anunciado", según dijo Pichetto.

El Peronismo Federal no puede repetir la actitud pasiva del último miércoles sin pagar un costo político por ello. Los datos con que cuenta la investigación judicial son tan elocuentes que obstaculizar las pesquisas, por razonables que fueran los argumentos jurídico-políticos que se esgriman, será interpretado como complicidad por la opinión pública.

LO QUE PODRIA VENIR

La confesión del ex presidente de la Cámara de la Construcción, Carlos Wagner, ya introdujo un capítulo de enorme interés en la saga de los cuadernos del sargento Centeno. Las confesiones que se reciben en Comodoro Py convierten los cuadernos en la base de una amplia narración colectiva, nuevas caligrafías sobreescriben el relato del chofer de Baratta, lo intervienen con nuevos detalles. Por ejemplo, Wagner describió cómo los adelantos por obra (entre 10 y 20 por ciento del valor) que el Estado pagaba a los contratistas eran inmediatamente transferidos por éstos (allí aparecen los bolsos que registró Centeno) a los funcionarios que habían concedido el contrato. Favor con favor se paga.

Más importante aún, Wagner explicó cómo se repartían las obras entre empresas y consorcios que constituían, de hecho un sistema cartelizado integrado al sistema de poder. Wagner desbarató con sus revelaciones el argumento de otros "arrepentidos" que presentaban sus pagos bajo la figura de contribuciones de campaña extraídas extorsivamente.

Las revelaciones de Claudio Uberti -"embajador paralelo" del kirchnerismo en Venezuela y distribuidor-cobrador del sistema de rutas y autopistas- incorporaron, por su parte, la voz de un alto funcionario en el coro confesional y comprometieron inequívocamente a los dos ex presidentes de la familia Kirchner. Uberti agregó algunos toques de color: explicó por qué a Kirchner lo llamaban El Malo y describió su manía de castigar (también) físicamente a sus colaboradores.

Tanta peripecia del lado de la información sobre los cuadernos no asordina, sin embargo, la problemática económica. El Indec dio a conocer la inflación de julio que, pese a pronósticos más cordiales, superó el 3 por ciento. En siete meses la inflación ya es de 20 por ciento. Se vaticinan más de 32 puntos para el año completo. La promesa presidencial de tener en 2019 un índice diez puntos más bajo que el de este año suena ya como una meta irrisoria y un dolor de cabeza para el oficialismo: ¿tendremos que festejar con champán una inflación de 22 por ciento durante el año electoral? El Gobierno enlaza el dólar un día y al día siguiente se le escapa, por más que ofrezca al mercado más dólares de los que había prometido.

En las propias filas de la coalición se registra el desconcierto. ¿Cómo será el tránsito hasta las elecciones si nuevas calamidades se suman a la inestabilidad cambiaria, a las rigideces que dificultan el financiamiento del Estado y las empresas, a la creciente efervescencia social impulsada por la contracción económica y las medidas de ajuste, con el escenario de fondo de un tejido corrupto que enhebra política, empresas y tribunales? El riesgo es que una acumulación de dificultades y descrédito termine derivando esta transición hacia expresiones de la antipolítica más audaces que la que en su momento supo encarnar la propia coalición oficialista. Brasil no está tan lejos.

Jorge Raventos

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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