Domingo, 26 Agosto 2018 00:00

“No me arrepiento”

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“No. No me arrepiento”. Recordables palabras de Cristina Fernández el 22/8/2018, desde su barricada, perdón, desde su banca en el senado de la Nación. Cuerpo legislativo que aprobó el allanamiento de 3 propiedades de CFK, por unanimidad, sin condicionar al juez Bonadío.

 

La cuestionada ex presidente tuvo además de su exabrupto, algunas perlitas para la historia. Acusada por varios arrepentidos, empresarios en su mayoría que juran haber sido extorsionados por el matrimonio K para obtener trabajo en la obra pública, y acusada por algunos funcionarios.

Todos estos personajes están nombrados en los cuadernos de Oscar Centeno. Pero para CFK, forman parte, arrepentidos y cuadernos, de un creativo invento de la CIA para ¿quedarse? con la Argentina y terminar con las exitosas políticas sociales en la región, o sea con el populismo.

Se comparó con Lula y con Correa. Ambos ex presidentes con suertes diversas, el primero está en la cárcel desde hace unos meses y el otro refugiado en Bélgica para esquivar las alertas rojas de Interpol, que le ha pedido el actual presidente de Ecuador, Lenín Moreno. Tanto Lula como Correa, acusados de corrupción comprobada, no por cuestiones políticas.

Para referirse a la corrupción, que no negó, dijo: “¿Ustedes creen que la patria contratista y la cartelización de la obra pública comenzó en mayo 2003?” Ni los senadores propios, ni los opositores, ni la ciudadanía en general, creen eso. El problema es que a partir de mayo 2003, durante los mandatos K, alcanzó volúmenes hasta entonces, impensables.

Más datos, más arrepentidos, más bolsos, más millones, más asco. Es difícil seguir el reguero de corrupción, de vergüenza ajena, de rabia, de incredulidad, sin que asome un sentimiento hasta ahora, prohibido, el odio. ¿Cómo soportamos esto durante más de 12 años? ¿Cómo?

Era una leyenda urbana, todos hablábamos de los bolsos, los millones de US$, las repetidas empresas que trabajaban en la obra pública, todo lo que se inauguraba, discurso mediante por cadena nacional y detrás de la bandera y los maceteros con plantas nuevas, no había nada. Nada.

Lo sabíamos, no hicimos nada. Es cierto que no se imaginó la magnitud del robo, de la expoliación al pueblo argentino, ni la inflación del 1200% (12/2015), la sentíamos, pero el INDEC mentía. Como mentía Cris cuando en la ONU decía que la pobreza estaba en un 5% y la indigencia en un 1,27%. Menos pobres que en Alemania, y de verdad era de un 30%.

Por si fuera poco, además de mentir abiertamente, sin ningún escrúpulo (hace pensar que quizás sea mitómana, que cree lo que dice o que su bipolaridad le hace decir disparates), volvió con la detestable costumbre de apuntar con el dedo índice, cual maestra de Siruela. Insoportable.

Y su política, pergeñada por Néstor y continuada devotamente por ella, llegó a todo el país. El tema de las coimas para la obra pública permeó provincias y municipios, nada se salvó. Hoy en día, gobernadores de todos los partidos, lo mismo que los intendentes, tiemblan, no duermen.

Todo un país corrompido (se dejaron corromper) da náuseas. Y nos preguntamos por qué si el US$ se aprecia en el mundo, nosotros bailamos más que el resto de los países emergentes. Porque Néstor, con maligna inteligencia, nos dejó de entrada sin energía, nos des autoabasteció. Y la energía se paga en US$. Era una forma de esclavitud.

Y Cris no se arrepiente. ¿Está convencida de haber hecho un gran gobierno? ¿Conoce la verdad? ¿Tanto leer a Laclau y tenerlo invitado a él ya su mujer, Chantal Mouffe en Olivos, le terminar de lavar el cerebro? Y nos quiere contar que es revolucionaria, osa hablar de 30.000 desaparecidos sabiendo que su ministerio de justicia y DDHH hablaba de menos de 8.000. Un desaparecido es una desgracia, pero entre las 2 cifras hay 22.000 personas, que no es poco.

Y no se arrepiente. Se victimiza. Planea una nueva candidatura. ¿En serio? ¿O trata de ganar tiempo? En este último caso, ¿para qué? Puede esperar que el poder judicial ante su candidatura entre en pánico por si gana, y cajoneen las denuncias. Todo es posible, pero hoy es poco probable.

Ahí entra la ciudadanía. Tenemos un poder enorme, descomunal, tanto que no lo imaginamos. Lo vimos con la 125 y el campo. Lo vimos con José Campagnoli. Lo vimos con el asesinato de Nisman. Lo vimos con la marcha de antes de ayer. Hay que seguir en la calle, hay que seguir.

Es nuestro país. Necesitamos limpiarlo para poder mirarnos a los ojos sin avergonzarnos. Para volver a estar orgullosos de ser argentinos o de haber elegido a la Argentina para vivir. Por nosotros, por los que nos hicieron una Patria, por nuestros hijos y por los que vendrán.

En cuanto a CFK, ¡qué pena!, no se arrepiente. Alguien debería decirle que el arrepentimiento es reconocer errores, y ese es un acto que libera, aunque esté en la cárcel.

Malú Kikuchi
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Gentileza de www.lacajadepandoraonline.com 

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