Martes, 04 Septiembre 2018 00:00

La Armada Brancaleone

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Sin Vittorio Gassman y capitaneados por Cristina Fernández y otros oportunistas, avanzan alineados y en harapos algunos desesperados bandoleros mal armados que, como en la inolvidable película de Mario Monicelli, pretenden recobrar un feudo que entienden les pertenece: el gobierno de la República Argentina.

 

Ese mismo feudo al que esquilmaron durante años y hoy no les ofrece más que un traje a rayas y un cubículo para dormir sobre un jergón, con un pequeño orificio lateral para hacer sus deposiciones.

¿Quiénes la componen? Los peronistas “pesificadores asimétricos” capitaneados por Duhalde y Roberto Lavagna (en sordina, como siempre), algunos justicialistas titulados “racionales” (si los hay), muchos sindicalistas gordos y corruptos, los empresarios aún más deshonestos, algunos periodistas que se especializan en tirar bombas de estruendo informativo falsas para ganar audiencia, un kirchnerismo sin escrúpulos de ninguna índole y muchos narcotraficantes que tienen temor de no lograr la extensión del territorio que ya han ganado en la provincia de Santa Fe, especialmente en la ciudad de Rosario, donde gobiernan los “probos” (¿) socialistas émulos de Teilhard de Chardin.

A los mencionados no les interesa más que sembrar desconfianza en la gente para reocupar el nido desde el cual manipularon siempre sus “polvos tóxicos” (Cristina dixit), para derramarlos sobre una sociedad que, inexplicablemente, los apoyó para que consumaran un desastre cuando les tocó gobernar.

¿Que Macri ha cometido errores? No hace más que reconocerlo cuando recibe alguna crítica puntual. Pero ¿quién no los comete en este mundo cuando se trata de ejercer cargos ejecutivos en un país gattopardista por excelencia?

Decía el Mariscal Ferdinand Foch, un héroe francés de la Primera Guerra Mundial (1914): “es preferible pecar por ejecutivo que por ineficaz; es en el balance de los errores y los aciertos que se juzga el valor de una gestión, y no en la falta de errores de quien no fue capaz de tener aciertos”.

Clarísimo.

¿Por qué muy pocos hablan hoy de los aciertos de Cambiemos? ¿No es sospechoso que se juzgue tan severamente a alguien que hace su trabajo con manifiesta buena voluntad para rearmar una “torta” pequeñísima que debe alcanzar para muchos comensales hambrientos, teniendo que ocuparse al mismo tiempo del destino de los escombros y la basura dejada bajo la alfombra por el indigno kirchnerismo?

Una de las varias razones de las turbulencias económicas está a la vista. Ha bastado que se le soltara la mano a la justicia para que ésta comience a investigar sin interferencias la índole de los desfalcos en perjuicio del Estado perpetrados por una banda de políticos sinvergüenzas, para que éstos comiencen a temblar frente al tsunami ejemplarizador que amenaza con arrojarlos a un oscuro calabozo y arman por ello una contraofensiva feroz contra Macri y sus aliados.

La otra, es que ninguno de nosotros quiere resignar sus privilegios para tener una buena vida con pocos sacrificios.

El gobierno ha ganado dos elecciones limpiamente y deberíamos reconocerle, al menos, algunas virtudes capitales: decir siempre la verdad, trabajar muy duramente para desovillar la maraña heredada, tener la humildad de rectificarse cuanta vez comprueba que ha cometido algún error instrumental y haber puesto sobre la mesa una realidad que debería hacerse carne entre nosotros: SEGUIMOS GASTANDO COMO SOCIEDAD MÁS DE LO QUE PRODUCIMOS PARA SUBVENIR NUESTRAS NECESIDADES DESDE HACE SETENTA AÑOS.

Y eso tiene que terminar alguna vez, porque no se puede vivir eternamente de fiado.

¿Con “gradualismo”? Parecía bastante optimista esta exigencia de los que decían que un ajuste no era posible, haciéndole “pisar el palito” ingenuamente al Presidente Macri. Se ha probado que no sirvió; sobre todo, porque pretendimos seguir marchando hacia adelante creyendo erróneamente que la solución para nuestros problemas estaba “a la vuelta de la esquina”, sin dejar nuestras vacaciones en Miami ni las compras de autos de alta gama, pagados en 180 cuotas con ingresos que no las respaldaban.

Nadie puede negar que seamos un país “rico en recursos”. Pero una gran mayoría de los que lo habitamos nos hemos comportado SIEMPRE como “bon vivants” adolescentes, convencidos de que los esfuerzos para salir adelante tenían que hacerlos “los demás”.

Mientras tanto, jamás le hemos soltado la mano a nuestras preferencias personalísimas, esperando que alguien se hiciese cargo de los que nos aburre, o de lo que simplemente no queremos ocuparnos. Diciéndole hoy a quien llegó para intentarlo, le decimos con aire severo y desprejuiciado: “así no Macri; que venga otro”.

¿No se nos ocurre pensar que quizá Cambiemos sea un punto de inflexión democrática, que nos permita sacar adelante un país pulverizado que requerirá mucho tiempo para ser “normal”, aun haciendo lo que haya que hacer?

A los que le enrostran al Presidente que no tiene un “plan”, nos gustaría verlos en su pellejo, teniendo que “atajar penales” tirados diariamente por opositores que “sangran por la herida” y por una sociedad que se revuelve frente a los ardores de un parto inevitable que, como siempre, es resistido por todos.

Que el multifacético peronismo variopinto intente convencernos una vez más que tiene la llave de acceso a un “sagrado grial”. Del que serían supuestamente custodios ancestrales, resulta francamente inadmisible. Y que con su oratoria populista intenten tentarnos con un guiso de apetitosas lentejas que nos servirían apenas retomaran el poder, sin poner las mismas en la olla, resulta, cuanto menos, risible. Cuanto más, no nos animamos a decirlo en voz alta, por temor a infringir las reglas del “horario de protección al menor”.

Si Cambiemos fue votado para gobernar, tiene que hacerlo HASTA EL FINAL DE SU MANDATO, sin que sus contradictores tengan ningún derecho para voltearlo sembrando el caos. Eso no es democracia republicana, sino una reaparición de LOS “SOCIOS” DEL CLUB DEL HELICÓPTERO QUE SE SIENTEN AUTORIZADOS PARA DISPARARLE A MANSALVA CON SUS “BAZOOKAS” DESTITUYENTES.

Estamos convencidos que aunque sigan atizando su “fuego sagrado” por medio de “tweets” y comentarios mal intencionados de algunos “seudo” periodistas mediocres a los que apelan para confirmar sus “trascendidos”, no creemos que consigan desestabilizar a una sociedad que, a pesar de las dificultades, comienza a ver con esperanza el desfile de la armada “brancaleone” vernácula por Comodoro Py, para que sus integrantes den razones sobre las cuantiosas fortunas mal habidas, que nos privaron de tener mejores servicios públicos y mayores urbanizaciones populares.

Porque el “feudo” que reclaman, no les pertenece. Es de todos nosotros por igual.

Y sería bueno que se dieran por enterados, preparando con tiempo, eso sí, algunos bolsos sin dólares y con bastante ropa limpia para pasar algún tiempo a la sombra, apenas se confirmen las evidencias que los sindican como una banda de vulgares ladrones de guante blanco.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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