Viernes, 14 Septiembre 2018 00:00

Créase o no: las mejores noticias son de la política

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Que el gobierno use al kirchnerismo como el kirchnerismo usó en su momento la evocación del gobierno militar y la represión desbocada de los años 70 para estimular una, digamos, "polarización positiva", sigue apareciendo como la principal estrategia electoral del oficialismo.

 

Mauricio Macri hizo bien, la semana última, cuando señaló desde Mendoza que "no porque hayamos tenido tres días de tranquilidad en los mercados las cosas estructurales se han resuelto". En los vaivenes del dólar, por ejemplo, no habría que esperar resultados de la noche a la mañana. Esta semana está mostrando un dólar inquieto y en ascenso. Que haya trascendido que para el FMI el "valor de equilibrio" es 40 pesos es una ráfaga que apunta hacia arriba.

Las tensiones a las que está sometido el gobierno y la hondura de los problemas que es preciso afrontar no le dan demasiadas oportunidades para exhibir logros rápidos en la principal materia en la que el macrismo prefiere ser juzgado: la gestión. Los errores no forzados tampoco contribuyeron a fortalecerlo en esa asignatura.

Su apuesta se ha hecho más modesta aún que aquella con la que empezó hace unos cuantos meses a virar hacia el realismo ("cada día un poco mejor"). Ahora despierta satisfacción la pura idea de evitar incendios y atravesar el ajuste en paz.

AJUESTE Y PROMESAS

La perspectiva de una caída fuerte de la producción y el consumo (más marcada que la que ya está a la vista) vuelve brumoso el tiempo que queda hasta atravesar el verano. Las organizaciones sociales que dialogan habitualmente con Carolina Stanley transmiten la inquietud de los barrios más vulnerables. Las movilizaciones por ahora son tranquilas, pero la temperatura se eleva y muchos creen que el termómetro estará al rojo bastante antes del fin de año.

La propia base electoral de Cambiemos se ve afectada por las políticas de achique. El Presidente prometió ayer al campo que el reciente aumento de las retenciones será el último esfuerzo que le impondrá al sector. Los exportadores habrán pensado en aquella frase de Perón: "Mejor que prometer es realizar".

En cualquier caso, el sector empresario mostró ese día su firme respaldo al gobierno, a contracorriente de las malas noticias que viene ofreciendo la realidad.

De esos apoyos y de la foto del miércoles con los gobernadores se nutrió entonces el optimismo del Presidente. De la política antes que de la economía.

El encuentro con los gobernadores no es aún sinónimo de que el presupuesto vaya a salir del Congreso como lo imagina el gobierno. Pero implica al menos una señal a "los mercados" y al FMI. Habrá un presupuesto acordado (aunque no sea el que deseaba la Casa Rosada). Habrá una aniquilación del déficit (aunque no prevalezca el recorte de erogaciones, como pretendían el Palacio de Hacienda y los actores más ortodoxos, sino el incremento de ingresos, se postergue el desvanecimiento de ciertos gravámenes y se impongan otros (al patrimonio en el exterior, por caso). La política es el arte de lo posible. Y -mucho más con el actual balance de fuerzas- no resiste los monólogos.

EL REINADO DE LO EFIMERO

Las fotos y las noticias son, de todos modos, manifestaciones de lo efímero. Deliberadamente -tal vez por diferenciarse del relato ideológico del kirchnerismo, tal vez por coherencia con alguna lógica de mercado- el Pro -es decir, la conducción de Cambiemos- renunció a enunciar un proyecto en términos político-doctrinarios, una enunciación de sentido de su marcha y prefirió la suma ecléctica y pragmática de logros y manifestaciones de deseo ancladas en lo práctico prácticos (con ejes en la libertad y el entusiasmo) al riesgo de una formulación que eventualmente desembocara en dogma. El marketing estimuló esa opción: las doctrinas ponen límites; evitarlas permite sumar diferencias.

El hecho es que, cuando los logros prácticos requieren un proceso prolongado y cuando hay que enfrentar períodos de dificultad, el sentido de la búsqueda es lo que permite fortalecer la esperanza y mantener vivo el entusiasmo. Se nota la ausencia del "proyecto".

A falta de esa narración sobre el porvenir y su vínculo con las demandas presentes, el gobierno se abriga, sino un dogma articulado, en un sucedáneo, una especie de patchwork hecho de tics y reacciones o se ve obligado a aceptar la postura de quienes le reclaman que explique el presente por el pasado. Es decir, que ponga permanentemente sobre el tapete "la herencia recibida" y aproveche el reto que el kirchnerismo puro y duro le propone habitualmente con su hostigamiento para tender un puente narrativo ante las dificultades.

Pero está comprobado que los cuadernos de Centeno no sirven como vacuna contra los efectos de la inflación y la recesión. A lo sumo operan como vitamina ética para que los que ya denostaban al kirchnerismo persistan con nuevos argumentos.

Que el gobierno use al kirchnerismo como el kirchnerismo usó en su momento la evocación del gobierno militar y la represión desbocada de los años 70 para estimular una, digamos, "polarización positiva", sigue apareciendo como la principal estrategia electoral del oficialismo.

Pero las dificultades de la realidad reclaman una búsqueda más creativa: "los mercados" y -aunque todavía vagamente- la opinión pública esperan de la política argentina capacidad para pensar, diseñar y explicar -además de poner en práctica- un cambio con sentido y proyección. Que reflexione un sentido de comunidad.

Una comunidad puede atravesar momentos de crisis si siente que existe esa unidad de sentido. De lo contrario, las esperanzas decaen, sobreviene la decepción, la centrifugación de la sociedad; en suma, el círculo vicioso de la decadencia.

LA CORTE Y SUS GIROS

Otro territorio político en el que esta semana Mauricio Macri cosechó buenas noticias fue el Poder Judicial. Ricardo Lorenzetti dejó sorpresivamente de ser Presidente de la Corte Suprema (en rigor eso ocurrirá el mes próximo, pero la decisión ya ha sido adoptada) y ese espacio será ocupado por Carlos Rosenkrantz, un jurista de raigambre radical que llegó al alto tribunal a propuesta del actual Presidente.

Que un cortesano de reciente incorporación ligado al radicalismo y a las empresas sustituya a Lorenzetti (vinculado al peronismo y con más de una década de ejercicio fuerte de la jefatura) es sin duda un alivio para Macri. Entre otras cosas porque él se encontraba en una incómoda situación institucional en la guerra desatada por una aliada suya de gran volatilidad como Elisa Carrió contra Lorenzetti. La diputada acusa al aún número uno de la Corte de diversos pecados, entre los cuales la conspiración para desplazar al gobierno y encaramarse en el poder político.

Que Lorenzetti haya sufrido un desplazamiento impensado en un territorio que él dominaba a gusto no quiere decir que haya perdido todo su poder de fuego. Habrá que ver si la mayoría que votó su reemplazo (Rosenkrantz, Highton de Nolasco, Rosatti a quienes con elegancia sumó su voto el propio Lorenzetti) sigue funcionando como bloque cuando la Corte deba tratar temas que son de enorme interés para el gobierno. En uno de ellos la Corte ya tiene un pronunciamiento previo que la Casa Rosada espera que modifique, pues tiene que ver con el cálculo de las reparaciones jubilatorias. El gobierno teme una ratificación que supondría una enorme erogación para el Anses, es decir, para la billetera oficialista.

En cualquier caso, la nueva jefatura de la Corte puede leerse como un cambio en el sentido de un mejoramiento del servicio de Justicia, otra de las asignaturas que los mercados y los inversores examinan con rigor a la hora de definir sus actitudes en relación con el país.

Jorge Raventos

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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