Miércoles, 19 Septiembre 2018 00:00

Errores de juicio en la valoración de una historia política

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Quien se disponga a formarse un juicio de valor sobre la realidad de lo ocurrido en el pasado histórico, debería dejar de dar rienda suelta a su voluntad caprichosa de ver todo lo que NO HAY en él y concentrarse en LO QUE HAY, sugiere Jaime Balmes como regla general.

 

Este principio, que parece de Perogrullo, es señalado por la mayoría de los filósofos y sociólogos, y ha sido ignorado por nuestra sociedad desde tiempos inmemoriales, merced a lo cual hemos construido durante años castillos en el aire sostenidos por relatos falsos.

Como consecuencia, le dimos un lugar preferente al discurso de una casta de charlatanes instalados en la política, que mientras recitaban sus credos y apotegmas “divagantes” nos sumergieron en la miseria económica “hasta las verijas”.

Fuimos construyendo así una sociedad aferrada a convicciones que fueron tenidas como valores inapelables, a pesar de su extrema falsedad conceptual.

Nos olvidamos que es EL CONOCIMIENTO DE LAS COSAS COMO SON, el que permite abrazar realidades “verdaderas” de las que no se puede prescindir si se quiere lograr cualquier objetivo atinente al progreso y el bienestar general de la sociedad.

Porque pensar bien, es finalmente una consecuencia de VER BIEN, ya que este hecho arroja un rayo de luz que se proyecta al interior del individuo y le permite evitar los engaños que provienen de ciertas emociones de su espíritu, alimentadas, en nuestro caso, por una historia repleta de frustraciones y desencantos recurrentes.

Por tal motivo, queremos señalar algunas reglas que brinda el gran filósofo catalán mencionado para el análisis de la historia –que siempre ejerce una enorme influencia en el presente-, a fin de poder identificar los relatos voluntaristas de quienes pretenden vivir de ideologías tendenciosas y paradójicas.

Dichas reglas nos parecen claras y muy aplicables al “caso argentino”:

  • Primera: Es necesario, antes que nada, atender siempre AL ORIGEN DE LOS MEDIOS que tuvieron a su alcance los historiadores cuando relatan hechos del pasado.

  • Segunda: En igualdad de circunstancias, ES PREFERIBLE EL TESTIMONIO DE UN TESTIGO OCULAR DE LOS HECHOS, ya que la narración de los mismos pasan con el tiempo por muchos “intermedios” que los deforman para favorecer intereses particulares.

  • Tercera: Entre los testigos oculares, es preferible, en igualdad de circunstancias, EL QUE NO TOMÓ PARTE EN EL SUCESO Y NO GANÓ NI PERDIÓ CON ÉL.

  • Cuarta: Es necesario cotejar varias opiniones sobre cada asunto a resolver en la búsqueda de una verdad fidedigna sobre cada acontecimiento, para evitar exageraciones o disminuciones eventualmente habidas en el relato de un historiador único.

  • Quinta: Los juicios anónimos no deberían generarnos nunca mayor confianza, porque quien se oculta detrás de un velo indica de por sí el temor a que se descubra la eventual falsedad de su testimonio.

  • Sexta: Antes de considerar el relato de un supuesto relator “fidedigno”, convendría leer en detalle la vida del mismo, “porque pocos son los hombres que se sobreponen completamente a las circunstancias que los rodean y muy pocos los que en situaciones críticas buscan una transacción entre sus intereses y su conciencia” (sic).

  • Séptima: Muchas obras póstumas publicadas por manos desconocidas o poco seguras, son sospechosas de ser apócrifas o simplemente alteradas, sin que muchos difuntos –por su calidad de tales-, tengan la posibilidad de disentir con el testimonio vertido.

  • Octava: Historias fundadas en memorias secretas sobre las que el editor asegura no haber hecho más que INTRODUCIR ORDEN (¿), LIMAR FRASES (¿) y “ACLARAR” ALGUNOS PASAJES, no debieran merecernos mayor crédito respecto de la verdad “verdadera”, que en su caso proviene del deseo de convencernos de “su” verdad.

  • Novena: “Si difícilmente podemos aclarar las características de lo que pasa a la luz del sol y a la faz del universo, poco debemos prometernos tocante a lo que sucede en las sombras de la noche y en las entrañas de la tierra” (sic).

  • Décima: En asuntos muy remotos -y de suyo muy difíciles-, como riqueza de un país e ideas religiosas y/o políticas de sus moradores, resulta prudente no concluir sentencia alguna si no se ha podido penetrar en el interior de las costumbres de los individuos DE TODOS LOS NIVELES SOCIALES.

Siempre que avanzan las sombras de una crisis, ha podido advertirse cuán lejos hemos estado siempre de disponernos a relacionar idóneamente el pasado histórico con el presente, impidiendo que el peso de las malas experiencias ocurridas nos permitiera desechar la utilización de los mismos instrumentos que nos condujeran al fracaso con anterioridad.

Dice Ortega y Gasset que el concepto de nación significa establecer un compromiso anterior a la construcción de una historia común, DONDE TODOS DECIDEN ENCARAR LAS MEJORES ACCIONES POLÍTICAS Y ECONÓMICAS PARA LOGRAR EL BIENESTAR Y EL PROGRESO SOCIAL.

Para que ello ocurra, es necesaria la debida valoración de dicha historia, desterrando de cuajo los falsos relatos.

Si eso hubiera ocurrido así, no habríamos tenido gobiernos de dudosísima calidad institucional y eficacia como los de Carlos Menem y los Kirchner, para citar dos ejemplos tomados al azar.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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