Miércoles, 26 Septiembre 2018 00:00

El conflicto social, en el centro de la escena

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A un año de las elecciones, el deterioro de la situación económica opera negativamente sobre la pobreza, el empleo y la distribución del ingreso.

 

Lo económico, lo social y lo político no son compartimentos estancos. Por el contrario, interactúan entre sí, generando fenómenos, conteniendo o moderando crisis, administrando o escalando tensiones.

Si bien la referencia ordenadora de las tres dimensiones podría ser la elección presidencial que tendrá lugar dentro de un año, en octubre de 2019, la crítica situación económica está hoy en primer plano y está determinando la velocidad de lo que está sucediendo en el campo social y el político.

Tomando las premisas del proyecto de Presupuesto 2019 (inflación de 23%, tipo de cambio en 40,1 pesos por dólar, PBI con crecimiento negativo de 0,5%, etc.) podría pensarse que es un escenario económico favorable para el oficialismo. Ello indica que si bien puede ser mejor, probablemente sea algo peor.

Pero aun asumiendo que el año próximo la economía pudiera dejar de caer, es difícil pensar que juegue a favor del Gobierno en términos electorales. Que los indicadores muestren que está por comenzar una reversión económica favorable, no implica que la gente comience a sentirlo. Además, en los próximos meses, se sabrá si lo peor ya pasó o no, cuestión que ha sido planteada en forma constante en los últimos meses.

Pasando a lo social, es claro que la variable económica influye decisivamente y le pone velocidad. En este caso, puede presumirse que lo peor no ha pasado. La dinámica de la economía se traslada a lo social, aunque con cierta demora. La devaluación a los precios, en semanas, el crecimiento al empleo, en cambio, en meses.

A un año de las elecciones, el deterioro de la situación económica opera negativamente sobre la pobreza, el empleo, la formalidad o informalidad laboral y la distribución del ingreso. Pero el conflicto social funciona con la “teoría del resorte”, acumula tensión y, en algún momento, salta emergiendo todo lo que se venía acumulando y, a veces, no se sabe cuál ha sido el detonante preciso de ello. Desde abril, cuando comenzó la volatilidad de los mercados, la tensión social comenzó a acumularse; es decir, lleva medio año.

Sobre ella, tanto los sindicatos como los movimientos sociales han llevado adelante una serie de protestas importantes, pero que han permitido contener y al mismo tiempo canalizar las tensiones evitando que el resorte mencionado salte.

Ahora, a fines de septiembre, movimientos sociales y sindicatos convergen en una nueva protesta social que tiene alcance nacional. Los primeros lo hacen tras un plan de lucha que, durante tres semanas, tuvo lugar con marchas reclamando ante la ANSeS, el Congreso y la Secretaría de Energía. Acompañan a los sectores más duros del sindicalismo en la movilización y paro que llevaron adelante desde el mediodía de ayer, lunes 24 de septiembre, y participan con acciones concretas del paro general de hoy, martes 25, que realizan en conjunto todos los sectores sindicales.

Es el cuarto paro general que tiene Macri, pero el segundo en tres meses. Queda planteada la cuestión de si la protesta social podrá mantenerse dentro de los cauces de contención que ha tenido lugar hasta ahora. Cabe recordar que, en las 72 horas que hubo entre el anochecer del 31 de agosto y el del 3 de septiembre, tuvieron lugar 21 saqueos o intentos de saqueo en siete provincias, en los que fueron detenidas más de 160 personas, registrándose un adolescente muerto en Sáenz Peña, Chaco. Es un alerta de los riesgos que plantea el conflicto social fuera de las estructuras.

Finalmente, la política tiene un cronograma preciso. En junio se definen alianzas y candidaturas. En agosto se realizan las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). En octubre, la primera vuelta y en noviembre la eventual segunda vuelta.

Asumiendo que la economía no ayudará al Gobierno y que el aspecto social no será fácil durante el año que resta y hasta los comicios, sólo pueden realizarse conjeturas sobre la elección.

Puede asumirse que Cambiemos será una opción competitiva. Estar en el poder genera un piso de un tercio de los votos, aun en condiciones adversas. Esto implica que el oficialismo podría estar en la segunda vuelta. Es probable que la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner, pese a la media docena de causas que enfrenta en la Justicia federal, sea candidata. Posiblemente lo sería como en 2017, por su partido Acción Ciudadana. Queda un tercer espacio, que es el peronismo anti-kirchnerista, que formalmente se ha denominado “federal” y que algunos prefieren llamarlo “racional”. Es un espacio sin liderazgo ni candidato pre-definido. Pero aparece como una alternativa válida, frente a la economía que amenaza a Cambiemos y la corrupción que afecta al kirchnerismo.

Una segunda vuelta, entre Cambiemos y el kirchnerismo, sería el escenario más favorable para el oficialismo, porque el peronismo antikirchnerista podría dividirse entre ambas opciones. En el caso de quedar tercero el kirchnerismo, no habría traslación de sus votos hacia Cambiemos, quizás por esta razón, un segundo lugar del peronismo antikichnerista puede ser más peligroso en la segunda vuelta para el oficialismo. Pero también es cierto que Cristina, como alternativa posible en 2019, puede neutralizar cualquier esbozo de mejora económica que pudiera favorecer al oficialismo.

La interacción de los procesos económico, social y económico será la clave en el resultado electoral del 2019, sobre el cual --un año antes-- sólo cabe conjeturar.

Rosendo Fraga

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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