Miércoles, 26 Septiembre 2018 00:00

El valor y la voluntad sostienen siempre el camino de la verdad

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“Todas las cosas grandes, para inscribirse en el corazón de la humanidad con sus exigencias eternas, tienen que vagar antes sobre la tierra cual monstruosas y tremebundas figuras grotescas”
-Friedrich Nietzsche

 

La frase de Nietzsche nos parece elocuente para retratar el momento político de nuestro país: las cosas grandes están representadas por el deseo de quienes sienten haber llegado al límite de su estupefacción y desean encontrar un camino distinto al recorrido hasta hoy.

Las “tremebundas figuras grotescas” son, sin dudar, las constancias del latrocinio kirchnerista, que nos ha llevado a vivir una vigilia de ansiedad frente a las evidencias de quienes quisieron poner la verdad “cabeza abajo”.

Es indudable que la voluntad de encontrar la verdad impone muchas veces aceptar un riesgo al analizar los castigos que merece la impunidad de quienes delinquen. En efecto, nada será como fue y ninguno de los actores principales de la corrupción debería quedar sin condigno castigo. Pero, ¿resulta ello posible en una sociedad sumergida en el “masomenismo”?

Algunos políticos indudablemente sensatos, como el senador Pinedo, predican en medio de las turbulencias con una actitud “zen”, propiciando el amor al prójimo y el “consenso”. Está muy bien como expresión de deseos. Pero nos preguntamos intrigados: ¿para qué? ¿Para “civilizar” a la variante kirchnerista del peronismo que ha hecho gala de una rapacidad y mala fe sin igual?

El mundo pasajero, seductor y mezquino de la confusión habida entre el delirio y el deseo de creer en lo que era imposible, nos trajo finalmente hasta una playa solitaria en medio de la nada, donde hoy nos miramos unos a otros con perplejidad comprobando cómo la abandonaron unos tramposos que gobernaron durante doce años y se hicieron a la mar dejando tierra arrasada; unos vulgares bucaneros que derrocharon la mejor oportunidad histórica mundial para mejorar nuestra calidad de vida y emplearon su tiempo en esquilmarnos. Así de simple.

La tartufería dialéctica de Néstor Kirchner y Cristina Fernández recuerdan a algunos predicadores de ciertas religiones, que violan mujeres en privado y representan ciertas inmundicias ocultas que, en nuestro caso, formaron parte del lado oscuro de un relato que nos acusó por nuestra impiedad colectiva, haciéndonos creer que éramos todos culpables de haber desatendido la “redistribución” de la riqueza en forma horizontal, y que ellos, los redentores de la verdad, habían llegado en su carácter de paladines de la justicia para “hacerse cargo” de la omisión.

¡Y vaya si sacaron provecho de este verso!

La lectura minuciosa del fallo del Juez Bonadío sobre las actuaciones en el caso de los “cuadernos de Centeno”, produce pasmo; porque la frondosidad de los mecanismos puestos en marcha por el diabólico matrimonio K y sus secuaces evidencia la frialdad de quienes construyeron una maquinaria que se abatió como “avalancha” intimidatoria sobre todos aquellos con quienes se asociaron para participar del saqueo de las arcas públicas.

No ha habido en ellos ni “lazos causales”, ni “estado de necesidad” alguno, sino una mezcla de reciprocidad delincuencial y coacción lisa y llana para obtener un botín QUE NO TENÍA RÓTULO ALGUNO SOBRE EL VALOR DE “LO SUFICIENTE” y había decidido penetrar “hasta el hueso” en dichas arcas hasta que las velas no ardieran, sin prejuicios morales de ninguna índole.

Para certificar el cinismo de los actores, la misma Cristina ha dicho muy suelta de cuerpo frente a las evidencias recopiladas: “NO ME ARREPIENTO DE NADA” (sic).

Por ello, que hoy se debata livianamente por TV en algunos programas cuasi faranduleros de “amontonados en círculos parlantes” y rastreadores de chimentos redundantes, nos mueve a preguntarnos si no hay signos claros de “gattopardismo” en una sociedad que se sigue resistiendo a aceptar hasta el valor de las huellas digitales puestas en su presencia.

Como diría Nietzsche: “¡cómo hemos sabido dar a nuestros sentidos un pase libre para todo lo superficial, y a nuestro pensar un divino deseo de saltos y paralogismos traviesos! ¡Cómo hemos sabido desde el principio mantener nuestra ignorancia, A FIN DE DISFRUTAR DE UNA LIBERTAD, UNA DESPREOCUPACIÓN, UNA IMPREVISIÓN, UNA JOVIALIDAD APENAS COMPRENSIBLES DE LA VIDA, A FIN DE DISFRUTAR DE ELLA!”

Porque lo ocurrido, formó parte de una evidente VOLUNTAD DE NO SABER.

Por eso, si la sociedad no deja de lado las superficialidades y su placer mezquino en regodearse con las truculencias de una década insólita e inimaginable sin exigir que la justicia haga tronar el escarmiento sobre los culpables, NO TENDRÁ REMEDIO y se merecerá el destino futuro que le acontezca.

El cinismo grosero de Néstor y Cristina debiera ser inscripto en los anales de la delincuencia mundial, evidenciando que hay seres monstruosos que deberían ser castigados con todo el peso de la ley por la indecencia de su comportamiento vil y enfermizo, sin que a nadie se le tenga que mover un pelo.

Así es que el dólar puede ser hoy de 38, o 40 o más pesos por unidad y las reservas podrán subir o bajar de su nivel actual, pero ello no es más que una consecuencia colateral de la más grande exacción que sufrió el Estado argentino en toda su historia contemporánea.

Quienes levantan las cejas con sorpresa fingida, tratan de soslayar que HUBO MUCHOS RESPONSABLES. Unos por tener la “cola sucia” sabiendo que no habían sido lo suficientemente solidarios con los pobres a través de los años; otros, porque sumados a la troika gobernante K sacaron su provecho “en efectivo”.

¿Hay grieta? Pues sí. En buena hora que exista. Es la misma que separó y separará siempre en una sociedad a los sinvergüenzas de la buena gente.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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