Lunes, 15 Octubre 2018 00:00

La coalición Cambiemos al desnudo

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Distintas circunstancias golpean con un gran martillo la puerta de entrada de Cambiemos, coalición gobernante.

 

Lilita Carrió, valorada por muchos como una fiscal de la República, que mira con lupa cada movimiento del presidente Mauricio Macri y de su equipo, desató una tormenta con el aumento de la tarifa de gas, y otras cuestiones que guardaba en la cartera. Junto con ello dijo que si no la escuchaban se retiraba de Cambiemos. Y no sólo se contentó con pedir la renuncia del hombre de Energía, Javier Iguacel. Desde hace rato viene cayendo en la volteada Daniel Angelici, presidente de Boca, íntimo amigo del presidente de la República y de otros funcionarios de distintos organismos. No lo quiere a Angelici, como no lo quiso a Ricardo Lorenzetti, ex líder de la Corte Suprema.

Aparentemente Carrió se pelea con todos, a diestra y a siniestra, pero en su verbo apunta a figuras que son polémicas desde hace un buen tiempo.

Cambiemos congregó al PRO, a los seguidores de Lilita y al radicalismo a trabajar juntos en espantar, en las elecciones del 2015, el autoritarismo y la inmoralidad del cristinismo.

Ganaron la elección a costa de una fractura dentro del radicalismo que aún se siente y que todavía sigue en el prólogo de un proceso que será más profundo. Carrió quería correr el telón y que se viera a los responsables del desastre y encarcelarlos, los radicales concretaron un apoyo no crítico, casi inhibido, de ninguna manera vehemente y el PRO se consideró el único ganador, excluyendo a sus aliados desde diciembre del 2015. Por supuesto, con el correr de los meses, los radicales comenzaron a pedir mayor participación en el gobierno, advirtieron de varios peligros que el PRO no percibía y fustigó a los asesores directos de Macri que se contentan con comunicar sólo logros a través de las redes sociales.

Esos participantes del círculo más estrecho -Jaime Durán Barba, Marcos Peña- desecharon la comunicación en el sentido más amplio de la palabra, ocultado la realidad. Imponiendo además el paradigma de que con optimismo -no con hechos o reformas profundas- se podría arremeter contra los perjuicios de la herencia recibida. Crearon el término "círculo rojo" como denominación de los distintos factores de poder a los cuales debían domar o convencer, con escasos logros: los empresarios, los distintos dirigentes políticos, el periodismo. El entorno de Macri cree que con el apoyo rotundo de los Estados Unidos y del Fondo Monetario Internacional tienen resueltos los problemas. Pero no es así. A muchos inversores en el exterior todo lo que opine el FMI les interesa poco. Sólo les interesa que se consagre la confianza en un gobierno que salta, por ahora, de trinchera en trinchera.

Después de algunas semanas de tensión Elisa Carrió integró la mesa en el programa de Mirtha Legrand con la intención de llegar al gran público, hablando con un lenguaje llano y concretando las cuestiones que le preocupaban. Dijo, yendo al grano: "No voy a romper Cambiemos: al contrario, lo estoy salvando". Para luego agregar: "A mí la gente no me votó para que esconda los hechos, para que se complique y no luche contra la corrupción. Yo lo quiero al Presidente, pero quiero actos. Estoy pensando de acá a seis meses. Hay oportunidad de componer".

A lo largo de su carrera política a Lilita le han puesto mil apelativos. Es cierto que a veces se deja llevar por drásticos hechos emocionales, sus vaivenes, pero durante el kirchnerismo y el cristinismo fue una luchadora empecinada. Afectado por sus palabras una vez el ex-ministro Aníbal Fernández dijo que tenía en la cabeza "los patitos en fila". Burdo el hombre, en un intento de defensa ineficiente. Apoyada por un grupo de investigadores no llevó consigo "los patitos" al realizar últimamente 200 denuncias en el conurbano contra las mafias, sumando luego cargos sobre delitos de contrabando y narcotráfico.

Lilita como los radicales, se dijo, cuestionan y con razón la falta de comunicación de las obras, movidas y entrega de ayuda a los movimientos sociales. Pero son las declaraciones públicas de algunos funcionarios las que provocan su furia, como les pasó a varios. Iguacel llegó a decir que quienes se oponían al aumento del gas eran militantes K. Fue una torpeza de grandes dimensiones. Más o menos como la su antecesor Juan José Aranguren, quien en marzo de 2016, a los pocos meses o semanas de arrancar, dijo, muy suelto de cuerpo que entre sus proyectos figuraba un incremento del 500% de la electricidad. Por otra parte Iguacel fue desprolijo. En un encuentro a solas con Macri, sin consultar a nadie, el presidente había aprobado el incremento, pero cuando se lanzó la noticia Dujovne, ante quien reporta Iguacel, y algunos que habitan la Casa Rosada no estaban enterados.

Los radicales se quejan y se opusieron a la venta de las acciones del Estado en la transportadora de energía Transener el año pasado. Más: adelantándose a los acontecimientos los radicales propusieron que la mitad del costo del aumento del gas lo asumiese el Gobierno y que la otra mitad estuviera a cargo de las empresas productoras. El consumidor no tiene por qué hacerse cargo de los vaivenes del dólar. En la misma línea al radicalismo le inquietan los aumentos previstos en distintos servicios. Para ellos, que tienen mucho más que un centenar de años haciendo política, es una piedra en el camino para las elecciones presidenciales del año próximo.

Mientras tanto la economía real, cotidiana, es muy peligrosa. Todo cae: desde el Producto Bruto Interno hasta el consumo de productos, muchos de ellos elementales y de necesidad cotidiana. Con precios en la montaña rusa y salarios atrasados, el Producto Bruto Interno clausaría este año con una caída del 6% y el consumo en un 4 por ciento.

Coaliciones hubo casi siempre en la Argentina. Los conservadores de 1880 en adelante la tuvieron, se impusieron en la Década del '30 y en los tiempos previos al retorno de Perón. Son difíciles porque no pueden contentar a cada uno de los aportantes. La experiencia europea es igual. En este momento, por ejemplo Italia y Alemania, gobernando en coalición, muestran fisuras en todas partes.

Es aquí donde deberá probarse la habilidad o la inhabilidad presidencial en conservar la unidad y los buenos vínculos en Cambiemos. Concediendo, dialogando, cediendo o convenciendo.

Daniel Muchnik
Twitter:@dmuchnik

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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