Viernes, 26 Octubre 2018 00:00

El año político 2019

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A un año de las elecciones presidenciales de 2019, el supuesto sobre el cual conviene conjeturar, es que será un año económicamente difícil. Tanto para el Banco Mundial como para el FMI, la economía argentina caerá 2,6% este año y 1,6% el próximo.

 

La CEPAL ha hecho público un pronóstico levemente peor: caídas de 2,8% y 1,8% para 2018 y 2019. Con este supuesto económico, la situación social será peor que ahora, en las variables claves, como son el desempleo y a la pobreza.

Hay quienes piensan que si bien el año económico será mal en promedio y lo mismo sucederá con la situación social, comenzará con una caída del 6% en el primer trimestre e iría mejorando, hasta un crecimiento positivo en el último. Ello permitiría que la elección se realice en una situación económica mejor. Ello puede ser cierto,- o no,- pero aunque lo fuera, el leve crecimiento no llegaría todavía al campo social. La capacidad ociosa de la estructura productiva todavía sería importante y la creación de trabajo no habría empezado.

Como en todo el mundo, la economía suele ser relevante para definir las elecciones. Cuando crece y el desempleo baja, quien está en el gobierno gana. Al mismo tiempo, cuando cae y se pierden puestos de trabajo, es la oposición la que se ve favorecida. Pero este modelo tiene excepciones. La Argentina ha tenido dieciocho elecciones nacionales desde el restablecimiento de la democracia,-generales, parciales y de constituyentes,- y cuatro de ellas fueron excepciones a la regla. Ello implica que una cada cuatro y media, fueron definidas por la economía.

Asumiendo que es difícil pero no imposible ganar con una economía negativa, cabe recordar el cronograma electoral. En junio, se formalizan alianzas y candidaturas. Ello implica que un mes antes, en mayo, se definirán los espacios y quienes serán los candidatos, comenzando por las fórmulas presidenciales. En agosto serán las PASO, que hasta ahora han resultado un antecedente relevante, aunque no decisivo de las elecciones nacionales. Dos meses más tarde, a fin de octubre, ellas tendrán lugar y en noviembre la segura vuelta, si la hubiera. Es así como un año antes de las elecciones, restan solo siete meses para las definiciones de alternativas y candidaturas. Ellas tendrán lugar inmediatamente después de un semestre, que probablemente habrá sido el más duro en términos económicos y sociales.

En principio, la elección parece encaminarse a la competencia entre tres espacios. Uno es el oficialismo, con la alianza Cambiemos. Por ahora su candidato es el Presidente Mauricio Macri. En política no hay nada inexorable y si en mayo, otra figura del espacio, como podría ser la Gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, cabría la posibilidad que la candidata fuera ella. Aunque algunos sectores del Radicalismo sostienen que el candidato debería salir de las PASO, ello parece improbable. Si para mayo Carrió sigue formando parte de la coalición oficialista, es algo hoy difícil de anticipar hoy.

El otro es el Kirchnerismo, que ha logrado reconocimiento en el ámbito nacional con Unidad Nacional, el partido con el cual Cristina Kirchner compitió por la gobernación de Buenos Aires en 2017. Ella es la candidata a Presidente probable de este espacio y aún si el Senado decidiera quitarle el fuero por pedido de la justicia, igualmente podría serlo. Otra figura del espacio podría suplantarla, pero ello parece improbable.

Por último se encuentra el Peronismo anti-K, que fue presentado por cuatro de sus dirigentes (Pichetto, Schiaretti, Urtubey y Massa), con la denominación de "Alternativa Argentina", en lugar de "Peronismo Federal" como se denomina en el Congreso. Este sector se encuentra dividido, carente de liderazgo y sin un candidato definido para la Presidencia.

Un grueso de gobernadores, cuyo referente es el de Tucumán (Manzur), es otra línea, que disputa el espacio a la primera. Mientras en ella el Gobernador de Salta es un candidato con aspiraciones, en la segunda el de San Juan (Uñac), es una figura emergente. Hay quien piensa en este espacio, que Roberto Lavagna podría ser el candidato, al estar por encima de sus sectores y ser valorado por su rol en la economía.

Todos los sondeos, muestran en octubre de 2018, la existencia de cierta polarización entre Macri y Cristina, algo que podría modificarse si el PJ anti-K logra organizarse como alternativa competitiva. Ello que no será fácil, aunque hay espacio en la sociedad para ello. Si una eventual segunda vuelta es entre Macri y Cristina, el voto del PJ anti-K seguramente se dividirá entre ambos. Si en cambio fuera entre el Presidente y un candidato peronista no K, todo el voto del Kirchnerismo iría a la segunda alternativa, dado que no habría transferencia del esta fuerza hacia Cambiemos.

La polarización con Cristina, puede ser una estrategia electoral conveniente para el oficialismo, como lo fue en 2015 y 2017. Pero con una economía difícil como será la del año próximo, que al ex Presidente sea "posibilidad", la va a deteriorar más y ello será negativo electoralmente para el oficialismo. Cambiemos se encuentra así en un dilema frente a la candidatura de Cristina, ya que si bien puede favorecerlo electoralmente, puede complicarlo económicamente. Si la elección se plantea entre Cambiemos y el Peronismo, Cristina se verá favorecida por la polarización y el Peronismo anti-K perderá espacio paran quebrar la polarización. Si se plantea entre Kirchnerismo y anti-Kirchnerismo, el PJ anti-K contará con más espacio para quebrar la polarización, siendo una tercera opción competitiva y se abre la posibilidad para un acuerdo en la segunda vuelta entre Cambiemos y el PJ anti-K.

Rosendo Fraga

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