Viernes, 26 Octubre 2018 00:00

El presupuesto 2019 y los que­ apuestan a `cuanto peor, mejor'

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Tanto en las filas de la oposición como en el oficialismo hay miradas -si se quiere, complementarias- que prefieren que al país le vaya mal así los votantes aprenden. La misa en Luján y los incidentes en la Plaza del Congreso.

 

La batalla del miércoles 24 por la ley de Presupuesto en la Cámara de Diputados tuvo varios triunfadores. Ganó el gobierno de Mauricio Macri, que consiguió la media sanción del proyecto: sin ese paso (y el complementario, que se espera de los senadores) el acuerdo con el FMI ingresaría en riesgo de desmoronamiento. Y ya se sabe que ciertos derrumbes tienen efectos extendidos.

Ganó también el peronismo federal, que siempre anticipó que no dejaría al gobierno sin presupuesto, pero reclamó cambios en las propuestas originales del oficialismo y los ha ido consiguiendo (seguramente el paso del proyecto por el Senado le permitirá perfeccionar ese objetivo).

Como resultado de una táctica negociadora que combina dureza y flexibilidad para apretar sin ahorcar, consiguió que el mayor peso del ajuste que el gobierno central pactó con el Fondo recaiga sobre las principales jurisdicciones que administra el PRO (Nación, Capital y provincia de Buenos Aires) mientras las provincias recibirán distintas compensaciones tributarias que superarán la pérdida del llamado fondo sojero y el traspaso de costos de servicios subsidiados.

LA LETRA CHICA Y LOS ALBOROTADORES

Hay, con todo, un pedido del peronismo alternativo no tuvo satisfacción todavía: el reclamo de que el gobierno dé a conocer el texto completo del acuerdo con el Fondo, incluida la llamada letra chica.

Algunos economistas temen que haya cláusulas que comprometan recursos patrimoniales del país (¿Vaca Muerta?) y se preguntan por qué el Congreso no ha sido plenamente informado en la materia.

Las sospechas, las asperezas y las denuncias no impidieron que el gobierno tuviera el acompañamiento indispensable para conseguir la aprobación, pero permitieron al peronismo alternativo desplegar un frente amplio que, si en uno de sus bordes mostraba un rostro contemporizador, en el otro competía con los sectores más radicalizados (kirchnerismo, izquierda) mostrando que se puede ser oposición dura en el recinto sin apelar, como aquellos, al alboroto y la violencia callejera.

Justamente estos sectores (y esos métodos) fueron los derrotados en esta batalla por el presupuesto.

Su objetivo (impedir la aprobación de la ley) excedía su fuerza política y así quedaron expuestos su aislamiento y su impotencia: fracasó el intento de conectar desborde callejero con desorden en el recinto, la operación se redujo a una pantomima agresiva que terminó sumando puntos al gobierno.

DISPAREN SOBRE LA IGLESIA

La misa por paz, pan y trabajo que se celebró el domingo anterior en Luján exhibió otro perfil de las resistencias al programa económico. Un perfil de masividad tranquila (hubo decenas de miles de personas, no hubo incidentes), donde las plegarias ocuparon el lugar que otros quieren darle a los incidentes y donde inclusive algunos que en distintas circunstancias se vuelcan a excesos o arrebatos, allí estuvieron contenidos y encuadrados.

La comparación entre la misa de Luján y los incidentes del último miércoles en las inmediaciones del Congreso permite observar dos desarrollos posibles (y­ alternativos) de una lógica divergente con la del oficialismo: una que se inclina por la oposición extrema y desemboca en el uso de la fuerza, otra que procura hacerse ver y escuchar y busca puentes vinculados a la palabra, a la negociación.

El gobierno no parece observar esta distinción, probablemente desde su óptica se trata de diferencias irrelevantes. Eso se deduce del hecho de que su maquinaria discreta de difusión (voceros informales, recursos mediáticos y afines) ha preferido apuntar contra Luján. Y hacer foco especialmente en la Iglesia, hurgando o alentado divergencias entre los obispos y en las feligresías, y hasta rebuscando munición antipapista en los viejos arsenales acumulados en su momento por la inteligencia K. ¿Incomprensión o voluntad de quemar naves?

DUROS Y BLANDOS, CRUDOS Y COCIDOS

Tanto en la oposición como en el oficialismo hay miradas (si se quiere, complementarias) que se inclinan por el clásico "cuanto peor, mejor". Que prefieren que al país le vaya mal "así los votantes aprenden" o que, del otro lado, alientan una oposición impresentable, se regocijan si se pinta la cara y se expresa a cascotazos porque temen más a la eventual eficacia de un competidor sensato, razonable y representativo.

A ambos lados de la grieta política se empiezan a observar diferencias internas­ entre quienes propugnan más dureza, sea en la forma de afrontar las protestas (por ejemplo, se considera que Horacio Rodríguez Larreta es "muy blandito" con las manifestaciones), en los criterios para canalizar la asistencia social (se dice que la ministra Carolina Stanley es demasiado receptiva ante los movimientos sociales), así como en el campo opositor se imputa a algunos gobernadores (Schiaretti, Urtubey) o al pleno cuarteto orientador del peronismo alternativo ser "títeres del oficialismo".

En ese paisaje naturalmente tensado por la crisis económica, las estrategias­ electorales y también la pequeña especulación política, el cuadro de victoriosos y perdedores en la batalla del presupuesto tiene cierta significación: el rechazo radicalizado quedó en soledad; el rechazo dialoguista consiguió reformar el proyecto original y, junto al oficialismo, permitió la media sanción.

Los negociadores del gobierno consiguieron sortear los riesgos de derrumbe, aunque otros se dediquen a sabotear el apuntalamiento.

Jorge Raventos

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