Jueves, 01 Noviembre 2018 00:00

Piedras contra la democracia

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El día de la sesión especial de la Cámara de Diputados que aprobó el proyecto de presupuesto hubo incidentes fuera y dentro del Congreso.

 

En verdad, ambos fueron coordinados y parte de un plan destinado a impedir que la Cámara pudiera sesionar normalmente. Se trató del mismo esquema que en diciembre intentó que el Congreso no pudiera sancionar una reforma previsional.

El modus operandi es el siguiente:

  • 1. Se provocan disturbios en las inmediaciones del Congreso, con daños al patrimonio público y agresiones con piedras y otros elementos a las fuerzas de seguridad.

  • 2. Las fuerzas de seguridad actúan para hacer cesar la violencia.

  • 3. En la Cámara, legisladores kirchneristas y troskistas exigen la suspensión de la sesión porque "se está reprimiendo al pueblo".

Pero vale recordar lo prescrito por el artículo 22 de la Constitución Nacional: "El pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de este comete delito de sedición". Es decir, el pueblo estaba adentro del Congreso, no afuera. El puñado de personas que se reunió en la Plaza del Congreso tiene el más amplio derecho de manifestarse, pero debe hacerlo en el marco de la ley y jamás puede admitirse que provoque daños a edificios o personas con el propósito de impedir que los representantes del pueblo puedan sesionar y sancionar leyes.

Esto último nada tiene que ver con la democracia. Es más bien su contracara. El supuesto "pueblo" en realidad estaba actuando abiertamente contra la democracia. Para colmo, hubo diputados que salieron del recinto para unirse a los revoltosos y ayudarlos a quitar las vallas que la policía había colocado en protección del Congreso y de los legisladores, así como del sistema democrático que ellos representan.

Quienes lo hicieron cometieron un delito y podían perfectamente ser contenidos por la fuerza pública y aun detenidos. La inmunidad de arresto no cubre los delitos cometidos in fraganti (artículo 69 de la Constitución Nacional). Es inmunidad, no impunidad.

Por cierto, tanto a ellos como a los que dentro del recinto promovieron desórdenes la Cámara les puede aplicar sanciones disciplinarias y hasta excluirlos de su seno por inhabilidad moral sobreviniente (artículo 66 de la Constitución Nacional).

Al obrar de esta forma, el kirchnerismo se ubica en los márgenes de la democracia. No se repuso todavía de las derrotas electorales de 2015 y 2017, y sigue creyendo que es la encarnación del pueblo.

En democracia, nadie lo es. Quienes gobiernan tienen tan solo un poder circunstancial otorgado por las urnas.

En este contexto es especialmente penosa la actuación del diputado Leopoldo Moreau. Fue un dirigente destacado de la Unión Cívica Radical que hace poco tiempo, a la senectud, "vio la luz" y descubrió que lo suyo era el kirchnerismo. Como todo converso, practica con entusiasmo la sobreactuación.

Curiosa parábola la de este pseudo-revolucionario tardío que durante la última dictadura militar ejerció el periodismo en un medio de propaganda de ese régimen.

Jorge Enríquez
Diputado nacional por CABA (Cambiemos-PRO)

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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