Lunes, 12 Noviembre 2018 00:00

Lo bueno, lo malo y lo feo de Macri

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El año que vivimos en peligro comienza a finalizar con una precarísima y relativísima calma, pero calma al fin. Si Dios y diciembre así lo quieren, claro. Y entonces, si bien no parece ser aún el momento en que se pueda pensar el país del futuro (si es que aún lo tenemos, cosa que ya nadie sabe a ciencia cierta), al menos parece ser el de ir haciendo balance de daños sufridos y costos que se deberán pagar para su reparación... y para que no se repitan.

 

Mientras gobierna, el gobierno empieza a pensar en estas cosas, pero quienes más piensan son sus críticos internos, radicales, carriotistas y los del Pro que no forman parte de la primera línea presidencial. Todos los que intentaron en el momento crucial de la crisis cambiar el gabinete y el modo de gobernar de Macri, pero se fueron con una mano atrás y otra adelante. Hoy ellos en general coinciden en lo que sigue acerca del diagnóstico de este gobierno al que defienden y critican más o menos por igual. A saber, dos puntos:

Creen que el debate sobre el Presupuesto podría haber sido peor, pero lo que terminará saliendo -quizá esta semana- no refleja la necesidad oficial. En el medio se perdió mucho a raíz de las exigencias provinciales peronistas. Exigencias que fueron creciendo en 60 días, proporcionalmente a los errores y debilidades del gobierno.

En lo relacionado con las encuestas electorales, todas, inclusive las de Jaime Durán Barba, reflejan una caída estrepitosa en la imagen de Macri. Jamás en doce años que está gobernando -primero la Capital y luego la Nación- cayó tan bajo en la consideración popular. Marcos Peña reparte su día mitad en el gobierno y mitad en el búnker del Pro analizando focus y encuestas, tratando de encontrar la salida. Y hoy por hoy, los únicos consuelos que tiene son dos.

El primero, que el peronismo no se cansa de hacer macanas, en particular esa nueva rama surgida de la alianza Cristina Moyano que en apenas un par de meses no dejaron tropelía por cometer: quisieron tomar otra vez a las pedradas el Congreso, forzaron la peor misa de la historia de la Iglesia argentina y esta semana impusieron una huelga salvaje y antipopular a través de los privilegiados de la subsidiada Aerolíneas Argentinas.

Segundo, además de esos piantavotos, la otra esperanza que les queda a los duranbarba-marcospeñistas es la alternativa de una segunda vuelta donde se pueda ganar a través del voto "resignación y no cambio", por temor a ese pasado tremebundo.

Los días que pasan están poniendo a prueba la coalición Cambiemos como hasta ahora nunca había ocurrido. Ya nadie esconde las diferencias, aunque hay una cuota de responsabilidad que permite avanzar. La disciplina de los bloques en el Presupuesto es una muestra. Pero los problemas se arrastran y no se solucionan. No hay debate interno y cuando lo hay, al presidente no le gustan las críticas ni las propuestas que lo sacan de libreto.

Elisa Carrió está convencida que Cambiemos vive una bisagra, que Macri está siendo tironeado entre los que le piden que compre paz social a cualquier precio y ella que le pide que sea el constructor de la República que acabe con el populismo atacando su principal combustible, la corrupción. Pero hoy Lilita piensa que está perdiendo, que Macri no la atacará porque ella simbólicamente representa mucho, pero que cada vez la escucha menos. Sin embargo, pese a sus dudas, cree que terminará optando por el futuro antes que por el pasado. Cree, sólo cree.

A nivel de política más terrenal, el papel de contradictor silencioso (a veces no tan silencioso) de Macri hoy le corresponde a Alfredo Cornejo, quien le adicionó últimamente, a efectos de meter más presión a ver si reacciona, la amenaza de ir a las Paso con candidato propio (Lousteau o incluso él mismo). Pero la respuesta de Macri no fue un llamado a conversar, sino un latigazo: Patricia Bullrich y Gabriela Michetti viajando en la misma semana a Mendoza para levantar la mano de Omar De Marchi y decir que es el mejor candidato a Gobernador. Y esto para los radicales es cosa de Macri.

En un tema donde las cosas están mal pero parecen ir bien es en la relación con los empresarios, los sindicalistas y la Justicia. Las tres se siguen mostrando tal como son: grandes corporaciones alejadas del bien común que sólo defienden el bien sectorial. Y si bien el gobierno acá la tiene fea, sus críticos internos reconocen que se le nota ganas de pelear contra todos ellos. Lo de los laboratorios medicinales es novedoso ya que nadie se les había animado antes. Lo de enfrentarse a Moyano también va por allí. Dos peleas que si se ganan pueden ser la puerta de entrada al nuevo país aunque son más que difíciles porque allí está batiéndose a muerte casi todo el país viejo.

Con respecto a la Justicia, hasta ahora lo que los jueces vienen haciendo contra la corrupción es más por presión social que por convicciones, pero de a poco se van renovando. Es importante seguir lo que pasa en el Consejo de la Magistratura porque allí el gobierno silenciosamente construyó una mayoría que le permitirá, si es inteligente, reformar en serio la Justicia.

Con el peronismo el gobierno no tiene mucho a favor excepto sus torpezas, pero algunos pocos, sobre todo Miguel Pichetto, poseen una actitud más constructiva que nada tiene con ver con el cristi-moyanismo de desestabilizar como se pueda, el felipesolanismo de juntar todo como en un cambalache, o el massismo de jugar al camaleonismo permanente. Pichetto, al revés de todos esos inimputables, le pide con desesperación al macrismo que "pegue una" para que no renazca el monstruo del gobierno anterior y de esa manera los “peronistas racionales” puedan encarar con tiempo y sin urgencias la construcción de un PJ aggiornado, "de centro", como Pichetto dice.

Lamentablemente otros inimputables, pero esta vez de Cambiemos y de su primera línea, no ven eso de ayudar a construir un peronismo racional o al menos diferente y entonces prefieren que Cristina siga existiendo para alimentar la grieta y su sucedáneo, que es la polarizacion electoral. Un oportunismo más que peligroso.

Los que conocen al verdadero Macri, creen que dentro de su cabeza circulan una serie de criterios -buenos, malos y feos- que son los principales responsables de lo que está pasando en la conformación del poder oficial. En el cerebro de Macri se mezclan conceptos que tiene fuertemente arraigados y de cómo se resuelva la síntesis entre ellos, dependerá en gran medida el destino de su gobierno.

En lo bueno, creen que Macri está convencido que llegó al poder para salir de la decadencia cultural. Eso es, recuperar reglas de juego, valor de los contratos, competitividad laboral y empresarial. Ello lo tiene inculcado desde su formación política juvenil en los años 80 cuando fue influenciado por radicales como el propio Alfonsín y por renovadores peronistas como Grosso y Bordón, a los cuales aún hoy escucha.

Lo malo, según los radicales, es que Macri ideológicamente cree en "el derrame". Sin llegar a ser Menem abraza estas ideas ortodoxas con fervor y convicción y eso para ellos es un error.

Lo feo de Macri es que como choca a cada minuto con una realidad que no acepta estos cambios culturales, fácilmente se descoloca, enfurece y pierde claridad. Entonces aparecen los errores, las contramarchas, los mensajes que confunden. Hasta ahora la instrumentación de sus ideas ha sido un gran caos, como esos ministros adorados que se van vapuleados y se sienten heridos y humillados innecesariamente (Melconian, Aranguren, Prat Gay, Sturzenegger, Caputo, Quintana). En definitiva, le critican seguir poniéndole imprevisión a un escenario que lo que más necesita es previsibilidad.

En síntesis -dicen los que están o estuvieron cerca de él pero nunca es su círculo aúlico-, no hay que buscar explicaciones de su desparejo accionar en el manual tradicional. Eso de "el entorno" o "la metodología para tomar decisiones" o "la falta de reglas en Cambiemos", son tonterías. La explicación es mucho más sencilla: el problema (y paradójicamente quizá la solución) están en un solo lado: en Macri y su cabeza y su manera de lidiar con la realidad. Allí dentro se encuentra todo mezclado, lo bueno, lo malo y lo feo del presidente, quien hasta ahora ha expresado por igual todas estas tendencias, pero que más temprano que tarde deberá comenzar a separar la paja del trigo en su matriz cerebral si quiere salir airoso de tan difícil trance.

Carlos Salvador La Rosa
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