Lunes, 19 Noviembre 2018 00:00

Preguntas sin respuestas

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El fenómeno no se da solamente entre nosotros. No es -que se sepa- uno de esos caprichos criollos raro de hallar en otras latitudes. Por el contrario, resulta dable encontrarlo, sin necesidad de mucha búsqueda, en todo el mundo. Los seres humanos, aun cuando protestemos ser objetivos, llevamos cargas ideológicas a cuestas que resultan difíciles de obviar.

 

Por eso, a la hora de razonar y extraer conclusiones respecto de un determinado tema -cualquiera que esté sea- de ordinario nos dejamos llevar por nuestras preferencias. El Pepe Mujica, preguntado que fue hace escasos días sobre el triunfo en Brasil de Jaír Bolsonaro, dijo algo que aquí ha repetido -con mayor o menor énfasis según los casos- la eterna legión de los biempensantes: “los pueblos a veces se equivocan al votar”. Fernando Henrique Cardozo expresó cosa similar sin que nadie se escandalizara.

El comentario viene a cuento de algo que sucede en nuestro país de manera recurrente. Toda vez que se conocen los números de una nueva encuesta que no se compadecen con lo que a uno le gustaría que suceda, se los niega con base en un argumento de fe. Si se trata de macristas, convictos y confesos, sostienen como si fuese un dogma que Cristina Fernández “no puede ganar nunca”. No muy distinto es lo que suele escucharse entre los simpatizantes de la ex–presidente: “Está crisis económica lo barrerá de la escena a Macri”.

Aun en el supuesto de que descalificáramos a los relevamientos electorales en general y a los encuestadores en particular -en razón de las pifias notables en las cuales han incurrido, no sólo en estas playas sino en todas partes- negarse a considerar la probabilidad de que el curso ulterior de los acontecimientos tenga una deriva que case mal con nuestros pronósticos, o la posibilidad de que el candidato que nos resulta más odioso se alce vencedor en los próximos comicios, supone una conducta absurda. Porque todavía nadie ha sido capaz de develar el futuro, de suyo incierto.

Nótese la dificultad de adelantar opinión acerca de unas elecciones que habrán de substanciarse entre agosto y octubre del año que viene, en una situación inestable. Cualquiera sabía que Carlos Menem sería reelecto en l995. Hasta un chico estaba en condiciones de predecir la victoria del kirchnerismo en 2007. Hoy –inversamente- sostener en forma canónica que este o aquel contendiente se halla imposibilitado de ganar, no resiste el análisis. Imaginar que Mauricio Macri podría retener el cargo que ostenta es tan legítimo como suponer que la viuda de Kirchner podría regresar a Balcarce 50. Que a algunos el solo pensarlo los escandalice tiene que ver con las expresiones de deseo. Nada más.

Esto es así -entre distintas razones que cabría traer a comento- porque hay abiertas dos incógnitas básicas, relacionadas con los principales candidatos. Una: ¿Qué sucederá en materia económica de aquí al momento en que tengan lugar las PASO y, más tarde, la primera vuelta? La otra: ¿Cómo evolucionarán los índices determinantes del voto -el de desempleo, el del salario real y el de la inflación? De aceptar lo que dice el gobierno deberemos soportar los padecimientos de la recesión hasta marzo. Después las cosas comenzarán a mejorar. ¿Será verdad? De creérsele a las distintas capillas opositoras, en 2019 no se notará una mejora substancial de la economía. Por su lado, no hay acuerdo entre los analistas y consultores especializados. Esta es la primera incógnita, que desvela al macrismo.

La segunda le quita el sueño al kirchnerismo. ¿Y si Cristina fuese desaforada y terminase presa, cuál sería su reacción? ¿Y si en algún momento antes del cierre de las candidaturas, sobre finales de junio, la jefa de Unidad Ciudadana considerase pertinente negociar un paso suyo al costado en aras de forjar la unidad del peronismo? Semejantes preguntas deben ser planteadas, a condición de tener en claro que todavía no hay respuestas.

Si bien las mencionadas más arriba son las principales incertidumbres, no son las únicas. A resultas del recambio obrado en la presidencia de la Corte Suprema, la mayoría automática que existió durante la gestión de Ricardo Lorenzetti ha cesado. Con lo cual, la previsibilidad que podía descontarse -salvo en casos excepcionales- en lo que hacía a las acordadas del cuerpo, es cosa del pasado. En su seno se recorta actualmente una grieta que será difícil de cerrar mientras los enconos, celos y diferencias entre sus miembros estén a la orden del día.

Sin ir más lejos, el máximo tribunal de justicia deberá decidir en el curso de los próximos días o semanas una causa de naturaleza previsional que, según como termine, puede poner en peligro la política de Déficit Cero acordada por el gobierno con el Fondo Monetario Internacional. Todo hace prever que los ministros que dictaran un veredicto sobre tema de tamaña importancia tendrán en cuenta tanto los derechos del presunto damnificado por la forma en que ANSES determinó el monto de su jubilación, como las razones de estado. Pero lo que es conveniente entender, en un país tan volátil e impredecible como el nuestro, es que un fallo adverso de la Corte pondría en jaque a la administración de Cambiemos en cuestión de segundos.

El martes de la semana anterior, en esta misma newsletter, alertábamos acerca de los riesgos anejos a la reunión del Grupo de los 20 que tendrá lugar la última semana del presente mes en Buenos Aires. Un día después, el gobierno conservador ingles nos puso sobre aviso acerca de esos mismos peligros. Sería deseable que nada anormal sucediese. Solo que si algo gravísimo ocurriese -la pérdida de vidas, por ejemplo- las consecuencias que se seguirán bien podrían modificar, de un día para otro, todas las proyecciones respecto de unos comicios que están aún demasiado lejos. Las incertidumbres son más y de mayor volumen que las certezas. Mucha agua puede correr todavía bajo los puentes antes de que se desempolven las urnas.

Vicente Massot

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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