Domingo, 02 Diciembre 2018 00:00

Presunto culpable

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La ONG internacional Human Right Watch (HRW), a través de su director para las Américas, José Vivanco, denunció al príncipe Mohamed Bin Salman (MBS) de 33 años, heredero del trono de Arabia Saudita y hombre fuerte de su país, por delitos contra los DDHH en Yemen, por la muerte de Jamal Khashoggi y le pidió a la justicia argentina que se hiciera cargo.

 

¿Qué tiene que ver Argentina con la guerra del Yemen o con el asesinato del periodista del Washington Post, ocurrida en el consulado de Estambul (2/10/2018)? Nada. HRW, apela al artículo 118 de la Constitución nunca usado, el 118 que dice:”…(el delito) pero cuando este se cometiera fuera de los límites de la Nación en contra del derecho de gentes, el congreso definirá por una ley especial el lugar en que haya que seguirse el juicio”.

Muy rebuscado. El vice canciller Daniel Raimondi dice que el príncipe MBS está amparado por el acuerdo de Inmunidad especial de 1969, que suscribió Argentina, ya que MBS está acá en representación de su país. Macri sostuvo lo mismo. El fiscal Ramiro Gonzáles elevó la denuncia al juez federal Ariel Lijo y éste la pasó a cancillería para que esta averiguara.

Por ahora no se sabe si hay denuncias ante la Corte de La Haya. Pero si las hubiera, con pruebas, Interpol habría impuesto alertas rojas, y no las hay. Por lo menos que se sepa. Mientras, se supone que cancillería argentina debería mandar a Yemen un pedido de informes sobres las denuncias, de las supuestas violaciones a los DDHH durante la guerra.

Yemen tiene una extensa frontera con Arabia Saudita. Su capital es Saná. Hasta finales de 2014, su presidente era Abdrabbo Manzur Hadi, cuando los Huthi tomaron el poder. El rey de Arabia Saudita, Salman, acudió en apoyo de su amigo yemení. Se formó una coalición con los Emiratos Árabes Unidos y casi todo el mundo árabe para recuperar Yemen. MBS era y es, el ministro de defensa de su país.

Recién ahora, los Huthi declaran que dejarán de enviar misiles sobre Arabia Saudita; la coalición está dispuesta a negociar y la ONU será la veedora de este posible acuerdo que daría fin a una guerra cruenta, como todas las guerras y que dura desde el 2015.

¿Quién es Mohamed Bin Salman? Designado heredero por su padre, dicen que trabaja 16 horas diarias. Acumuló poder y lo hizo sentir. En un país detenido en el tiempo, fue “un reformador revolucionario” que deslumbró a occidente el año pasado cuando creó una comisión anticorrupción, que presidió. Y en pocos días destituyó la cúpula militar.

Apresó a los 11 príncipes más poderosos del país y les expropió parte de sus empresas. Encarceló decenas de religiosos, prometiendo “un Islam abierto y tolerante”. Intentó diversificar la economía para que no dependiera sólo del petróleo. Está construyendo una enorme planta de energía solar. Hasta se metió con la constructora de los Bin Laden.

Permitió que las mujeres pudieran conducir autos y que festejaran junto a hombres en un estadio, algo insólito en Arabia Saudita. El año que viene abrirán sus puertas las salas de cine, prohibidas por el Islam wahabita*. En un país con 31 millones de habitantes, la mitad es menor de 25 años, algo muy a favor de MBS. Pero ¿cuántos heridos ha dejado atrás?

Todos los apresados, los que se quedaron sin poder, los dejados de lado, ¿no querrán vengarse? Todavía tienen mucho dinero y amigos en todas partes. Más los “intereses creados” de los que hablaba Benavente*. ¿Por qué no pensar que entre todos ellos pudieran haber urdido una feroz venganza que le sacara del camino a este “loco reformista”?

El asesinato de Jamal Khashoggi en el consulado saudí en Estambul, es obra de un alienado. Si MBS lo quería muerto, ¿no era más simple contratar a través de terceros un sicario en EEUU y matarlo de un tiro en un callejón? ¿Para qué el morbo de descuartizarlo? De la guerra en Yemen todos son culpables. La guerra en sí es un ataque a los DDHH.

Por ahora, sin pruebas, está condenado por los medios políticamente correctos que quieren mantener el status quo del atraso en el reino saudí. Mohamed Bin Salman, heredero del trono de Arabia Saudita es sólo un presunto culpable. ¿O es en verdad culpable? La duda está permitida.

*Jacinto Benavente (1866/1954) dramaturgo y guionista español, premio Nobel de Literatura, 1922.

*Muhammad Ibn Al Wahhab (1703/1792), clérigo, quería volver al “Islam puro” del “salef”, los predecesores al tiempo de Mahoma (571/632).  

Malú Kikuchi
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Gentileza de www.lacajadepandoraonline.com para 

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