Miércoles, 05 Diciembre 2018 00:00

Los ruidos disonantes de river, boca y el G 20

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“La política es un tema

de ignorantes y de sabios;

unos mienten con sus labios,

otros creen en su lema”

-José Luis Calderón, poeta dominicano

 

Como maná del cielo les han caído a muchos periodistas, observadores y políticos -que suelen empujarse unos a otros para encontrar un lugar en primera fila y obtener la consideración popular-, los asuntos concernientes a si nos convenía y/o era justo que un partido de fútbol entre River y Boca se jugase aquí o acullá, y si no sería una imprudencia confirmar la venida de los líderes mundiales integrantes del G 20 a Buenos Aires.

Como náufrago que se aferra a un tablón salvador, la sociedad cambió por algunas horas -¡enhorabuena!-, sus reiteradas letanías sobre los pobres, los ricos, los piquetes, el peronismo “bueno” y el macrismo “malo”, tratando de reubicar nuestra irrelevancia en un mundo que no termina de entendernos, pero a pesar de todo no se resigna a soltarnos la mano.

Repasemos.

Todos sabemos que los barrabravas, los dirigentes de clubes de fútbol en general y muchos políticos comparten intereses espurios. Se han hallado testimonios escritos, han hablado testigos directos y se han reunido pruebas concretas sobre este contubernio.

A pesar de ello, y alimentados por nuestro espíritu obsesivo y “macrobiótico”, solo hemos insistido en poner el microscopio sobre la realidad más violenta y corrupta de un ambiente putrefacto, para competir en el análisis y la divulgación de sus instancias más escabrosas, a fin de llenar las primeras planas de periódicos y pantallas de TV.

Finalmente, la novela futbolera, triste parodia del cuento del Gran Bonete (“¿Yo señor? No, señor. Pues entonces…?”), llena de enredos, cascotes, dimes y diretes, terminó “reubicando” el escenario final de la Copa Libertadores de América, muy lejos de nuestro continente.

¿Quién tuvo razón? No se sabe bien, PORQUE LOS REGLAMENTOS DE LA MENEADA “CONMEBOL” SON MÁS CONFUSOS QUE QUIENES DEBEN HACERLOS CUMPLIR. Pero a medida que el griterío se volvió ensordecedor, hubo quienes se taparon los oídos y con el poder de la jerarquía institucional que ejercen reglamentariamente (mala o buena, tanto da), decidieron poner en penitencia a los revoltosos a como diera lugar, sentando una nueva jurisprudencia “pro quo” para sacar las papas del fuego.

A pesar de esta resolución, los clubes castigados insisten hasta ahora con sus apelaciones, cuyo destino luce más bien incierto.

Mientras tanto, y en simultáneo, en un escenario poblado por las opiniones sin mayor contenido de los quejosos de siempre, nuestra diplomacia - vacilante y destruida prolijamente durante los años del kirchnerismo-, hizo lo mejor que pudo (y fue bastante), para cumplir con el protocolo de un foro político que se celebra rotativamente en distintos países, con la participación de líderes de gobiernos que representan aproximadamente el 80% del PBI mundial, y al cual accedimos durante la presidencia de Carlos Menem. Un foro bastardeado hasta hoy por una dirigencia política enferma de ideología.

El punto visual culminante del evento fue el concierto “Argentum” en la función de gala del Teatro Colón, de una belleza y creatividad poco común, que engarzó con exquisitez las distintas expresiones de nuestra cultura, en las antípodas de los  vulgares escenarios montados por el kirchnerismo “ad nauseam”.

Como lamentable contra cara, lo más granado del oscurantismo político, encabezado por la senadora Fernández de Kirchner, empapada en una vaporosa blusa de hilo verde confeccionada por sus “fans” (“yo también transpiro”, Cristina dixit), propició junto a muchos de sus conmilitones “debates incorpóreos totalmente alejados de la realidad” (Jim Yong Kim, surcoreano, doctor en medicina, Presidente del Banco Mundial, dixit), con el concurso de una izquierda que jamás ha obtenido más del 2% de los votos en tiempos de elecciones.

¿El objetivo? Mantener vigente una arenga política con olor a naftalina, respecto de un mundo donde los acuerdos, como los de Trump y Xi Jinping, –por dar un solo ejemplo-, evidencian que la ideología ha cedido paso a los intereses económicos y comerciales.

No compartimos los conceptos de quienes han manifestado públicamente que estos foros “han quedado desactualizados”, ni tampoco que deban “rediseñar” su agenda, o que, finalmente, no se logró nada significativo para Argentina, como señaló alguna voz kirchnerista trasnochada cultivando un perfil intelectual de pacotilla similar a la de su “jefa espiritual”.

Nos parece más bien que lo que subyace en ellos primordialmente es la intención de robustecer, HASTA DONDE SEA POSIBLE, las relaciones de cordialidad y “afecto societatis” de algunos países que procuran distender las eventuales tiranteces habidas entre ellos en cuestiones que los dividen o los enfrentan.

¿Quién puede creer que de una cumbre tan breve como las de este tipo pueda esperarse algo más que MANTENER LATENTE EL SÍMBOLO DE UNA CONCORDIA POLÍTICA que parece no haber desaparecido aún en nuestra civilización?

¿No es más sensato aceptar que se trata fundamentalmente de reuniones de buena voluntad mantenidas en un mundo convulsionado y agresivo que amenaza con explotar a cada instante?

¿No es sabido que algunas concesiones que se hacen entre sí los países concurrentes se documentan con posterioridad “en los escritorios”, donde expertos redactan la letra chica y el alcance de las mismas?

En nuestra opinión, estos foros mundiales deberían ser analizados con términos semejantes a los que usaba el filósofo catalán Jaime Balmes cuando se refería a las imposibilidades y sus distintos grados: “esto es muy posible, pues nada se opone a ello”, decía, o “es posible, pues no se ve en ello ninguna repugnancia”; concluyendo que “comoquiera, en sabiendo lo que es imposibilidad, se sabe lo que es posibilidad y viceversa” (sic).

Cuando la naturaleza de ciertos acontecimientos políticos habla con voz tan clara como aquellas que se expresan en pos de la armonía global, ES NECEDAD NO ESCUCHARLA.

A nuestro juicio pues, el resultado final de una semana que vivió hechos de trascendencia para la Nación, ha sido positivo: a barrabravas y dirigentes de River y Boca los han enviado “al rincón” a hacer “palotes” y a quienes vinieron para seguir sosteniendo argumentos para un mundo “posible”, el gobierno pudo demostrarles que no hay aquí ninguna grieta al respecto, sino solo algunos idiotas que seguirán buscándole siempre la quinta pata al gato.

“Hasta los países que son comunistas como China y Vietnam, entienden que para hacer crecer la economía, sacar a la gente de la pobreza y crear empleos, tienen que encontrar la manera de insertarse en el sistema global de mercado capitalista de la manera más efectiva” (siempre Jim Yong Kim, al resumir sus continuos viajes por los países más desamparadas del planeta).

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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