Miércoles, 19 Diciembre 2018 00:00

El protocolo de Francisco y el de Bullrich

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En su cumpleaños 82, el Papa aprovechó para advertir sobre el uso de armas de fuego por parte de la Policía.

 

Era previsible que Francisco metiera su cuchara papal en el tema de la inseguridad. Mejor dicho, en el protocolo que impulsa la ministra Bullrich. También era previsible que usara la fórmula de hablar en general cuando todo el mundo sabe que habla en particular y que ese particular es Macri.

Aprovechó su cumpleaños 82 para advertir que un abuso policial con las armas puede convertirse en un “crimen de Estado”. Dejó picando una vecindad con los delitos de lesa humanidad de la dictadura, aunque no se puede decir que lo haya dicho con toda claridad.

Es una cosa rara, que por repetida no tendría que serlo, que entre los extremos de una policía abusiva y una policía de madera no haya nada nunca en el medio. Un caso poco comentado y bien explicativo pasó este sábado, a metros de la comisaría de Nueva Pompeya. Dos policías de la Ciudad se negaron a ayudar a otros dos policías que de civil habían detenido a un asaltante armado con un cuchillo. Como unos vecinos filmaban, temieron meterse en líos. El jefe de Policía los pasó a disponibilidad en el acto.

Uno de los invitados al festejo del Papa fue Juan Grabois, candidato cantado de Cristina. Pasó una semana entera en Roma y dijo que no habló nada de la Argentina con Francisco. ¿Ni un minuto le dedicaron a la Argentina? ¿De qué hablaron, de San Lorenzo? Grabois visitó al Papa, volvió y visitó a Cristina y piqueteó en Canal 13. Inevitable asociación con los 200 inspectores de la AFIP que Cristina y Echegaray había mandado a Clarín en 2009. Y todo dicho, menos que lo hizo con cierta bendición vaticana, porque para eso ya dijo que no habló nada de la Argentina con Francisco.

Juan Grabois visitó al Papa, que cumplió 82 años. Volvió y visitó a Cristina y piqueteó en Canal 13.

En todo caso, marketing como también lo es el ruido oficialista con el protocolo de Bullrich. El Gobierno intenta generar un debate y un posicionamiento electoral: las encuestas dicen que la gente está harta de la policía contemplativa. Muchos policías habían hecho uso y abuso de atribuciones que les sacó la democracia. Pero pasamos de una policía autoritaria a una policía que casi no es policía. Mira para otro lado o mira sin actuar.

La democracia se recuperó hace 35 años y esos policías no son más los policías de la dictadura. El protocolo Bullrich reproduce reglamentaciones de las fuerzas de seguridad. Con una sola y clave modificación: habilita a los policías a usar el arma contra quien se presume cometió un delito grave y se fuga. Ahora sólo pueden emplearla si en la fuga el nivel de agresividad llega a los disparos.

¿Los policías van a empezar a hacer eso? Nadie lo espera. El protocolo importa por otra razón: será tenido en cuenta por el nuevo Código Penal. Los policías pueden usar sus armas “de acuerdo a los reglamentos vigentes”. Que es lo mismo que decir el protocolo vigente. El Código está listo después de año y medio de análisis, pero su tratamiento legislativo se ha postergado dos veces. La nueva fecha es marzo, en el Senado.

El Papa con su protocolo, la ministra con el suyo y mientras tanto lo observable sin esfuerzo es que el amplio abanico progre pone el grito en el cielo (no es metáfora) anticipando el gatillo fácil por todos lados, pero apenas si se da cuenta del gatillo fácil al que está sometida la gente que pretende poner bajo su protección retórica.

La costumbre nacional que manda es simplificar lo complicado a unas pocas palabras en declaraciones y muchísimas en las discusiones, cosa de que todo quede más o menos igual, que siempre es igual a ir para atrás.

Ricardo Roa

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