Miércoles, 26 Diciembre 2018 00:00

Cristina, Grabois y los delirios de la izquierda “champagne”

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Nuestra insigne “arquitecta egipcia” (Cristina dixit), se ha ido sumando poco a poco -y con total desparpajo-, a la izquierda radicalizada, envuelta como siempre en sus blusas de seda natural, alhajas costosas, uñas cultivadas, extensiones capilares y alguno que otro “toquecito” estético que logre borrar la malignidad de un rostro que, aunque sonría, mantiene los ojos en llamas frente a sus interlocutores.

 

Uno de sus nuevos “fetiches” es Juan Grabois, el “amigo” de Bergoglio Papa, numen inspirador de uno de los tantos movimientos de supuestos “desplazados del sistema” (arreados para que desfilen como ganado, con carpas, cochecitos portando bebes y sachet de leche por la avenida 9 de Julio y otras vías públicas) ó “planeros” como los denomina la gente de clase media, harta de no poder llegar a sus tareas laborales en tiempo y forma por los permanentes bloqueos de calles y avenidas. ¿El discurso? Hemos recogido algunos conceptos del joven aprendiz de “redentor”, tomados de una reciente entrevista textual publicada, que hablan por sí solos:

  • 1) Su tarea (según él) consiste en “organizarlos y darles herramientas para presionar a esa egoísta clase ultrapoderosa y mil millonarias que perdura, a fin de obligarla a ceder privilegios” (por lo que se ha visto: ¿qué tipo de herramientas? ¿palos? ¿hondas? ¿trozos de baldosas de vereda?).

  • 2) “A la corta o a la larga”, sigue diciendo, “el reconocimiento de todos los trabajadores de la economía popular (¿) como parte del sistema laboral en la Argentina se va a producir” (lenguaje más propio de un pronosticador del servicio meteorológico, esos que a veces aciertan y otras no, pero en todos los casos hablan siempre con solemnidad).

  • 3) “Les pregunto a los investigadores del Conicet si lo que reciben no es un subsidio” (curioso concepto del salario); “porque con los excluidos lo que hay es una valorización diferenciada en ese aspecto” (cómo no la va a haber si reciben las “ayudas” del gobierno sin contraprestación alguna).

  • 4) “Le pediría a Cristina” (en caso de ser elegida presidente) “que haga un área de transparencia de calidad y control social de todas las instituciones” (¿el zorro a cuidar el gallinero? ¿la justicia debería pasar también por el control de las “milicias” populares?).

  • 5) “¿Por qué los jueces están en tribunales y no en los barrios donde tienen jurisdicción?” (¿a qué se refiere? ¿pretende acaso que como están las cosas deban concurrir a sus despachos con casco, chalecos antibalas y armados con Itakas?).

  • 6) “Patricia Bullrich y Macri instrumentaron la angustia de la gente (¿) para tapar toda la problemática socioeconómica” (marxismo en estado puro).

  • 7) “Creo que Cristina cambió” (¿aserto proveniente de algún poder “sobrenatural” concedido por Bergoglio en alguna audiencia privada mantenida con él en la Residencia de Santa Marta?).

Todo esto y MUCHO MÁS en la entrevista que le hicieron en un diario digital hace pocos días, usando parecidos eufemismos sobre carencias que deberían “movilizar” a la gente contra el “sistema” (¿aún más?).

Parece un joven avispado y decidido. Habla de cosas que todos sabemos que no andan bien y nos duelen, pero LAS RETUERCE IDEOLÓGICAMENTE, evidenciando que le importa poco cómo llegar al poder: por las buenas, por las malas, o por el mero transcurso del tiempo, manteniendo “la calle activa”. Ese mismo tiempo que dilapidó durante 12 años la “ex” a quien ve “cambiada” (¿se referirá al peinado o al modelo de calzado que usa hoy?).

Los conceptos de estos nuevos “hippies de sala” son expresados siempre en forma enfática y solemne, afirmando que salen de la voz “del pueblo”.

Generalmente son jóvenes de clase media, bien alimentados y muchas veces frustrados por la imposibilidad de ascender al Olimpo sin más, que tratan de ganarse un lugar en la historia a cualquier costo, denunciando injusticias que todos sabemos existen, para proponer soluciones deletéreas. Que incluyen, como hace unos pocos días, ENTRAR POR LA FUERZA EN UNA PRODUCTORA DE TELEVISIÓN COMO SI NADA y proclamar sus consignas en el hall central del mismo con bombos y platillos.

Las imágenes que tratan de proyectar públicamente son ambiguas e inconsistentes, o, peor aún, se desvanecen al entrar en colisión con una realidad que intentan retorcer hasta el hartazgo, ignorando ciertos cambios que les pasan rugiendo por encima de la cabeza y ensanchan cada día más la brecha entre lo que creen y lo que realmente es.

Cada tanto, aparecen revolucionando el espíritu de muchos pobres que creen en ellos y comprueban, tardíamente, que han sido usados para organizar una “oligarquía” de distinto signo a la que denuestan -pero de iguales características-, donde los fundadores del nuevo credo y sus adláteres “copan la banca” y mantienen a los demás calladitos en un rincón atados de pies y manos.

Ejemplo actual: La Cámpora. Una turbamulta de “seudo” intelectuales bien comidos como Grabois, que ahora se viene a descubrir que han sido unos formidables acosadores -con intento de violación-, de algunas adolescentes que suelen marchar embelesadas creyendo las paparruchas que les soplan en los oídos.

A todos ellos sería bueno pagarles una quincena de vacaciones en la Venezuela de Maduro o la Cuba de los Castro, o la Nicaragua del violador Ortega, para que pudiesen comprobar cómo estas supuestas “revoluciones” terminan obligando finalmente a todos a reemplazar el papel higiénico por hojas de diario, o papel madera, o maxiplantas silvestres (entre otras lindezas por el estilo).

No comprenden que la manera de salir de la miseria tiene el siguiente orden: a) educar mejor; b) producir más; c) aumentar el empleo genuino; d) fortalecer la competencia; para que todos sientan el estímulo de luchar para imponer “calidad”, “inventiva” y sacrificio personal que les permita lograr una vida mejor.

Es doloroso que haya pobres. Pero eso no se debe solo a los “mil millonarios” descriptos por Grabois, sino a muchos otros factores -bastante complejos de resumir en pocas líneas-, entre los que se cuentan muchas veces la indolencia popular alimentada por el discurso “disolvente” de los dirigentes sociales, con sus pretensiones de que “papá Estado” se haga cargo de todos, aunque se fundan las arcas públicas.

Al respecto de cuestiones de esta índole, U Thant, ex Secretario de las Naciones Unidas, solía decir en su tiempo que: “ya no son solo los recursos los que limitan las decisiones. ES LA DECISIÓN LO QUE LIMITA LOS RECURSOS. Este es el cambio revolucionario fundamental, tal vez el más revolucionario que el hombre haya conocido” (sic).

En efecto, en un mundo cada vez más transitorio, el valor de ciertas rigideces conceptuales ha quedado absolutamente desactualizado y sería bueno que los enfáticos Grabois y Cristina (y muchos otros como ellos) se dieran por enterados.

Los países que se desarrollaron bien lo comprendieron a tiempo, ignorando los apotegmas mesiánicos de algunos aspirantes al liderazgo político que suelen fumar bolitas de naftalina, mientras procuran edificar su propio pedestal.

A buen entendedor, pocas palabras,

Carlos Berro Madero
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