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Jueves, 27 Diciembre 2018 00:00

“Argentum”, un sustantivo latino que irrumpe en la campaña

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La reunión del G20 informó que ha cesado la caída y que ahora Cambiemos lleva ventajas rumbo a las elecciones de 2019.

 

Fue no más que una palabra en latín, argentum, que cualquier buen alumno de secundaria/universitaria sabe que significa “plata”, aquí en el doble sentido del metal y del dinero, y que nos envía hacia el origen del nombre de nuestro país, la República Argentina, que tantas veces (más bien en el pasado) ha hecho honor a esta designación, mientras otras tantas (más bien en el presente) las ha descuidado y, literalmente, devaluado.

Se trata, por supuesto, del nombre del extraordinario espectáculo representado el viernes 30 de noviembre en el Teatro Colón de Buenos Aires, a modo de cierre de la conferencia de jefes de Estado del denominado G-20. No vamos a analizar aquí los resultados de esta importante reunión internacional, en la que, como en otras semejantes, no se pudo escapar a la rutina ni a la previsibilidad. ¿Por qué nos conmovió tanto el espectáculo del Colón, lograda mezcla de ballet folklórico y comedia musical moderna?

Su nombre lo indica. Donde dice “Argentum” debe leerse, como es obvio, “la Argentina”. Y todo lo que ocurre en el escenario, apenas en tres cuartos de hora divididos en cinco cuadros que reflejan las cinco regiones argentinas, sostenidas por una meditación simbólica acerca del futuro, del país que viene en busca de una sociedad menos violenta y más democrática y creativa. Hay canciones, danzas y una fiesta rítmica que golpea armoniosamente los oídos.

Después de varios temblores internos (que no se han aquietado), podría ocurrir que este éxito del oficialismo sirviera como una división de aguas entre la precampaña y la campaña, más allá, se entiende, de los plazos legales para estas actividades. La irrupción de la palabra latina no fue un salto definitivo a favor del gobierno y de Cambiemos, pero nos informó que ha cesado la caída, y que ahora lleva ventajas, si bien frágiles, en la carrera hacia octubre de 2019.

Quizá haya que empezar con lo que constituye, por ahora, el déficit más severo de la oposición: la nómina algo lánguida de candidatos y precandidatos al Ejecutivo y sus cabezas de lista para los cargos legislativos. A lo mejor hasta sin necesidades de acudir a las PASO, la oposición peronista (peronismo federal + kirchnerismo) encontrará serias dificultades para hacer lo mismo. Aún las más negativas encuestas, incluso las que requieren del oficialismo el paso por el ballottage para imponerse, y hasta las que miden los peores momentos del gobierno, difícilmente resulten victoriosas. Esto se ha dicho hasta el cansancio, y vale para los tres principales cargos políticos del país.

Los tres se presentarán, con seguridad, a la reelección: Mauricio Macri, a la presidencia de la República; María Eugenia Vidal, a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, y Horacio Rodríguez Larreta, a la jefatura de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

No puede desecharse, durante los próximos meses, una declinación total de la economía, con una inflación explosiva. No creemos que suceda nada de eso. Por el contrario, consideramos mucho más probable una lenta recuperación, aún mediocre el primer año, pero que se hará sentir en 2020.

Se trata entonces de mantener, para el oficialismo, su principal apoyo electoral, es decir, las clases medias y medias bajas –en ambos casos preferentemente urbanas-, y confiar en que este sector de la sociedad tenga paciencia y no se pase al bando opuesto. En frente de los tres dignatarios/candidatos inamovibles con los que cuenta el gobierno, no aparece, por ahora, más que una sola figura: la de la señora de Kirchner, cuya salida a la palestra lejos de inspirar temor, parece estimulada por sus adversarios. La expresidenta conserva cerca del 25 % de los votos, pero con ello bloquea a otros candidatos opositores, y pierde en cualquier ballottage. Sus causas judiciales, téngase el juicio que se tenga sobre ellas, la perjudicarán inevitablemente.

La batalla de los discursos, que suele convertirse en lo más interesante y apasionante de las campañas políticas, no ha cumplido con esta promesa en la precampaña, y ha eludido toda reflexión original. Más que debate, hemos tenido un cruce de acusaciones en que los oficialistas han acusado a los opositores de corruptos y antidemocráticos, y fueron a la vez acusados por sus rivales de oligarcas y explotadores.

Llegados a este punto, la dirigencia de Cambiemos podría cometer un grosero error, y dar por suficiente la estrategia de campaña adoptada. Se sabe bien cuál es el pensamiento de Jaime Durán Barba, cercano al presidente Macri, e innegablemente el artesano de las sucesivas victorias electorales del PRO y, en forma menos personalizada, de Cambiemos.

EI inteligente uso que Durán Barba ha hecho de las modernas tecnologías de la comunicación, podría ser discutido en la construcción del mensaje presidencial, que no siempre llega, a la ciudadanía, con la fuerza y claridad necesarias. Sin embargo, no debe descartarse la posibilidad de que sea precisamente ese el estilo adecuado hoy para un presidente argentino, cuyo auditorio está cansado de tanta imposición y autoritarismo.

¿Cuáles son las palabras que le gustaría escuchar a un argentino de mediana edad, que siempre se ha interesado en la política pero que nunca ha deseado, ni necesitado, convertirla en su actividad principal? Seguramente, aparte de la palabra latina, de la Argentina que nos acompaña y protege, existen otras palabras significativas. Me tomé el trabajo de buscar, entre las notas de opinión que yo mismo publiqué, en diversos medios, los últimos 15 ó 20 años, y volvían, como una obsesión: “consenso”, “pacto”, “acuerdo”, “Moncloa”.

Estoy seguro de que, a otros colegas, si repitieran el experimento, les pasaría lo mismo. El ideal de una república democrática, con división de poderes, sigue siendo el mejor, o si se quiere el menos malo de los caminos.

En consecuencia, admitiré que se necesita mucha buena voluntad para dejar de lado los agravios de los que piensan diferente, sin aceptar que a otros les ocurre lo mismo, y que las palabras que van aquí entrecomilladas solo pretenden reunir a todos los moderados. Los extremistas, que se queden solos.

Luis Gregorich

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Luis Gregorich

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