Martes, 05 Febrero 2019 00:00

El “ombliguismo”

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Algunos artistas “famosos” del cine, la TV y el teatro, han comenzado a juzgar las causas de una realidad que dicen no poder soportar mirándose el ombligo y quejándose amargamente de los “desaciertos” del gobierno de Cambiemos y de qué modo éstos inciden en su economía personal.

 

Contribuyen así al empobrecimiento de la comprensión social de la mini crisis actual, SIN PROPOSICIÓN ALGUNA, ni aclarar las previsiones que ellos mismos deberían haber hecho para encauzar sus finanzas personales.

Parecen olvidar que sus contratos de trabajo suelen ser bastante más suculentos que los haberes que percibe un modesto jubilado, a pesar de lo cual pretenden instalar una valoración subjetiva de lo que sería políticamente posible, proponiendo un conjunto de reglas sobre lo que NO debería hacer el Ingeniero Macri, al que culpan de sus desventuras personales.

Dichas voces se presentan como alternativas para forzar un debate sobre lo que LES ocurre, sin que nadie tenga mayor información acerca de las razones que los han llevado a condolerse por un escenario donde –según sus propias manifestaciones-, no logran “hacer pie”.

Deberían tener presente que la única forma de preservar el funcionamiento correcto de una democracia es desterrar el eventual valor supremo de algunos conflictos individuales, para concentrarse en los problemas de la comunidad, sin “comprar” el lamento de quienes, eventualmente, no hayan sido capaces de tomar las precauciones necesarias para vivir de acuerdo con sus ingresos.

Es muy curioso observar cómo estas voces, digamos “disonantes”, intentan impartir lecciones públicas sobre moralidad e inmoralidad, adoptando un criterio casi medieval para sumar voces opositoras al gobierno, insistiendo en destacar sus aspectos menos admirables.

Las expresiones públicas de estos supuestos “notables”, pretenden contribuir a los debates sobre Venezuela, la corrupción, los roles del Estado y la inflación vernácula, mezclando todo con una gran liviandad, contándonos cómo los tratan A ELLOS las medidas de Cambiemos y de qué “otra manera” podían afrontar sus obligaciones en otro tiempo.

¿Será aquel en el que se los contrataba desde el Estado para espectáculos financiados con dinero público sin rendir cuentas a nadie?

Hay en ellos una intención de igualar dos mundos que son en general irreconciliables: lo que LES pasa y lo que pasa en la realidad. No hay un solo párrafo de sus lamentos que no contenga dolores autorreferenciales – que extienden al resto de los ciudadanos-, mientras dejan entrever muchas inhabilidades domésticas para conducir su vida personal.

En las últimas semanas, hemos sufrido una nueva “cruzada” de quienes gozaron de las mieles kirchneristas y no desean aceptar que la competencia, el asignar un precio justo a los servicios que se consumen (aunque duela) y gobernar con honradez y transparencia, es la única manera de introducir a una sociedad herida en un período de desarrollo, mejorando con el tiempo TODOS los niveles de vida.

La mayoría de los países desarrollados constituyen un buen ejemplo al respecto.

Todo esto ocurre mientras Cambiemos hace razonablemente bien las cosas en algunos aspectos de la “transición” (no es otra la característica del gobierno actual a nuestro criterio), subvencionando paulatinamente a los grupos familiares de más bajos ingresos EN LUGAR DE HACERLO CON LAS EMPRESAS.

Si queremos desarmar de a poco el cráter volcánico que dejó el kirchnerismo luego de su derrota, deberíamos aceptar de buen grado que el “despegue” será muy lento y estará plagado de escollos.

Cambiemos comprendió, -tardíamente es cierto-, que no había tenido la ventaja proporcionada por ciertos “carniceros” políticos, como ocurrió con Duhalde, Remes Lenicov y compañía, que le “limpiaron” el terreno al kirchnerismo con la abrupta pesificación asimétrica.

Si los descontentos se sentaran a charlar un rato con Mario Blejer; comprenderían mejor por qué la Argentina no es un país rico ni por pienso, y quienes la gobiernen –hoy o mañana-, no pueden darle a cada uno lo que “cree” merecer, si no es a cambio de una productividad creciente DE TODA LA SOCIEDAD, de la cual los plañideros también forman parte.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero  
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