Miércoles, 13 Febrero 2019 00:00

La atención más alerta que nunca

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La mafia no va a cesar así nomás frente al avance de la verdad. Pese a la noble frase de Stornelli, “la verdad lo soporta todo”, lo cierto es que, en el mundo en general y particularísimamente en la Argentina, la mentira, el embarre de la cancha, la confusión, el elefante dentro de una manda de elefantes, han sido parte de la táctica histórica de los totalitarismos y de los regímenes que esclavizan a las sociedades.

 

Por cierto, detrás de cada uno de ellos existe una confabulación de ideologías y de lisas y llanas delincuencias que se ocultan detrás de alambicadas construcciones “sociales” para alcanzar los únicos objetivos que persiguen: robar, dominar, ejercer un poder absoluto sobre los demás y vivir como reyes sin trabajar.

Ese es, básicamente el desiderátum de los totalitarismos de izquierda que el mundo ha conocido en el último siglo y de los populismos fascistas sin mayor sofisticación ideológica, más allá de un maquillaje trucho que no resiste el menor análisis.

La Argentina ha sido víctima, por supuesto, de esta última de las variantes: un cachivache confuso de “ideas” estrafalarias que se construyeron al solo efecto de engañar a estúpidos y alcanzar el poder para robar.

Alcanzado ese objetivo no van a rendirse así nomás. Por supuesto que estas hidras de siete cabezas cuentas en la Argentina con el invalorable apoyo de un sistema judicial lento, esquizofrénico y muchas veces también corrupto que le entrega un valor intangible pero muy apreciado que es el tiempo: pasan las semanas, los meses y los años, las pruebas son abrumadoras y los castigos ejemplares no aparecen.

Un sistema enmarañado como el argentino se presta como un guante para que se armen causas, se ensucien personas y se ralenticen los procesos de por sí insoportablemente largos.

La Argentina ya lo vivió cuando personas honorables fueron enchastradas por denuncias truchas que jueces amañados le dieron curso porque formaban parte del mecanismo de saqueo. Así ocurrió, recuerdan ustedes, con Enrique Olivera a quien Néstor Kirchner le inventó una causa por cuentas ilegales en el exterior que hicieron que, el a la postre asesino preterintencional, Aníbal Ibarra llegara al gobierno y produjera entre otras cosas el desastre de Cromañón.

Otro caso fue el de Francisco De Narváez a quien el kirchnerismo le fabricó una causa por tráfico de efedrina que no hizo que perdiera las elecciones de ese año 2009, pero que fue llenando el vaso de su paciencia hasta retirarlo de la política.

Ahora obviamente la víctima es Stornelli, el fiscal de la causa de los cuadernos, quizás el proceso de corrupción -medido en dinero- más grande de la historia humana. Y los engranajes de la mentira y la multiplicación del barro son siempre los mismos: Verbtisky, Pagina 12, el juez Ramos Padilla, de reconocida filiación con Justicia Legítima, la orga política que el kirchnerismo incrustó en la Justicia, C5N. Crónica, el Gato Sylvestre y todos los que añoran los tiempos del desfalco.

La sociedad debe estar atenta a estos movimientos porque no tienen otro Norte que no sea volverla a estafar. No debe permitir que su resentimiento, su bronca, su furia y su rencor sean usufructuados por esta manga de ladrones que lo único que busca es seguir robando el Tesoro Público.

Es verdad que en las penurias económicas pueden encontrarse aliados circunstanciales que, obrando como los idiotas útiles, le presten los oídos a los ladrones y a los embusteros. Pero aun en esos casos en donde la conclusión fácil es la queja por la economía que no termina de arreglarse, la gente debería estar muy atenta a lo que no son otra cosa que operaciones destinadas a dilatar los castigos y el alumbramiento de la verdad.

Si la Argentina pierde esta oportunidad para desenmascarar a quienes no son otra cosa que delincuentes comunes disfrazados de políticos e intelectuales, habrá visto pasar un tren quizás irrepetible.

Ojalá que las quejas justificadas porque la plata no alcanza no nos nuble el pensamiento para saber que del otro lado no hay más que una banda de ladrones.

Carlos Mira

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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