Jueves, 14 Febrero 2019 00:00

Si no nos votan a nosotros…

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Nicolás Dujovne es optimista respecto de la recuperación, a partir de marzo, del degradado poder adquisitivo de los jubilados y asalariados.

 

Eso, por lo menos, quedó reflejado en las conversaciones que sostuvo en las últimas semanas no sólo con el presidente de la Nación sino también con Marcos Peña, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, entre otros.

En el mismo sentido que el actual titular de la cartera de Hacienda formula sus pronósticos Gustavo Lopetegui. Ninguno de ellos se anima, en privado, a anticipar un triunfo seguro en octubre, pero, sin excepciones, todos los miembros del gobierno coinciden en que corren con una ventaja sobre Cristina Fernández.

Contra lo que podría pensarse, la mencionada ventaja no tiene tanto que ver con la supuesta recuperación económica sino con un fenómeno ajeno por completo al salario real, la inflación o el desempleo.

Cualquiera que haya tenido oportunidad de discutir con los funcionarios más relevantes de Cambiemos habrá notado que, en última instancia, su razonamiento es calcado: “…Y, si no nos votan a nosotros, ¿a quién van a votar?” La línea argumental puede parecer caprichosa pero no deja de tener asidero en la realidad. Analizada desde el ángulo de la gestión gubernamental revela una impotencia notable. Es algo así como reconocer que, a pesar de su incapacidad y lo magro de los resultados, luego de ocupar la Casa Rosada por espacio de tres años, de todas maneras, el oficialismo que ellos representan constituye un mal menor. En cambio, vista la cuestión desde la óptica pura y exclusivamente electoral, la convicción del macrismo no resulta un ser de razón imaginario o una compadrada.

Con base en tres datos Mauricio Macri y sus laderos suponen que el razonamiento “si no nos votan a nosotros, ¿entonces a quién?”, debe ser tomado en serio: la naturaleza del kirchnerismo, la casi segura presencia de Cristina Fernández al frente de la boleta partidaria, y las limitaciones del peronismo ortodoxo. La gente de Cambiemos carecería de espacio y su estrategia no tendría sentido alguno si intentase levantar contra un candidato del estilo de Carlos Menem -por ejemplo- un argumento de esa índole.

En el fondo de la especulación que hacen en Balcarce 50 no hay, larvado, un antiperonismo visceral. A quien no se puede votar -según su criterio- es al movimiento que -en el inconsciente colectivo de muchos- si consiguiese triunfar en las próximas elecciones convertiría a la Argentina en un gemelo de Venezuela o poco menos. Por lo tanto, el mal que es menester exorcizar a través del voto ciudadano no es el justicialismo clásico -con el cual resulta posible acordar leyes y consensuar políticas- sino el kirchnerismo.

El “Vamos por todo” que, en su momento, enarboló Cristina Fernández como leit motiv de su presidencia, es justamente lo que le permite a Cambiemos plantear la disyuntiva de “Nosotros o el abismo”. Unido a otro hecho que, de momento, reflejan la totalidad de las encuestas conocidas: el polo federal liderado por Sergio Massa, Miguel Ángel Pichetto y Juan Manuel Urtubey no levanta cabeza y -en consecuencia, de seguir este rumbo- sus chances de terciar en la disputa resultarían nulas.

El teorema oficialista -por llamarle de alguna manera- reza así: en la medida que la amenaza K no pueda ser disuelta con éxito por la ortodoxia justicialista, los dos contendientes que quedarán entonces en pie, dispuestos a dirimir supremacías por la presidencia, serán Mauricio Macri y Cristina Fernández. Si tal fuese la alternativa, la conclusión -frente a quienes premiaron con su voto, en la segunda vuelta del año 2015 a Cambiemos, y ahora se hallan ganados por el descontento- no admitiría, a juicio de los estrategas de Balcarce 50, medias tintas: por mucho que resulte el desgano o la desazón merced a las promesas incumplidas, Macri siempre será previsible. Elegir a Cristina, en cambio, supondría dar un salto al vacío.

Aun cuando, por elementales motivos de concesión política, no puedan en público aceptar el análisis precedente, tanto Massa como Pichetto y Urtubey reconocen, en petit comité, que en tanto y en cuanto la ex–presidente no dé un paso al costado y decida quedarse en su casa, su destino será pelear el tercer puesto en los comicios de octubre.

Por muchas vueltas que den en torno del problema, no tienen forma de desentenderse de Cristina Fernández que les lleva, en punto a la intención de voto, una ventaja considerable. En el fondo, su plan de ruta está condicionado por cuanto suceda a finales de junio, cuando venza el plazo legal para acreditar las candidaturas.

Roberto Lavagna, mucho más cauto y poco dispuesto a arriesgar el prestigio del cual goza, no sólo no aceptaría competir en las PASO con los arriba nombrados, sino que -aún si éstos estuviesen dispuestos a dar de lado sus aspiraciones y proclamar candidato único del peronismo federal al ex–ministro de Economía de Duhalde y de Néstor Kirchner- tampoco accedería si Cristina fuese de la partida.

En la medida, pues, que la Señora no opte por permanecer en cuarteles de invierno por unas razones que sería difícil entender, la idea de “Nosotros o el caos” posee un ascendiente importante sobre una parte -al menos- de los indecisos en el más que probable balotaje de noviembre. No representa una carta que le asegure el triunfo a Macri, pero según sus partidarios podría ayudar.

Es cierto que si la ex–presidente brillase por su ausencia en las contiendas electorales por venir, la premisa mayor de todo el andamiaje de campaña de Cambiemos, pergeñado por Marcos Peña y Jaime Durán Barba, se desmoronaría como un castillo de naipes. Un simple soplido lo echaría por tierra.

Sin embargo, el énfasis puesto en que la contendiente a vencer en noviembre será Cristina Fernández no es antojadizo. Al día de hoy, nueve de los once relevamientos hechos a nivel país en el último mes le dan ganadora en la primera vuelta, a expensas de Macri, por una diferencia de entre 0,7 % y 6 %, según de qué encuestador se trate. Con semejantes números, ¿quién preferiría tejer calcetines para sus nietos en Calafate, si acaso tuviese chances de volver a la Quinta de Olivos?

Vicente Massot

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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